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Hoy la vida me habló!!

Hoy hice algo que hacía mucho tiempo no hacía: hace un año, vivi una experiencia maravillosa aqui, hoy visite esos lugares tan hermosos en mi historia, que hice de especial?? Pues nada simplemente  me senté al rayo del sol y cerré los ojos, deje que el viento me hablara y el sol me acariciara, escuché el sonido de los pájaros, observé el cielo y las nubes, no pensé en nada y no resolví nada, ni mi vida ni la de nadie más. El silencio habla. ¡Qué curioso que algo que no contiene palabras, ni sonidos, pueda hablar! Estamos acostumbrados a utilizar nuestros sentidos físicos para expresarnos, el lenguaje para comunicarnos y el oído para escuchar.  Entonces… en ese momento sentí soledad pero no la soledad de la que todos huyen y que a todos asusta sino una soledad diferente, una soledad de estar conmigo, de sentirme, de hablarme, de observarme, de pensarme, una soledad acompañada, una soledad compartida que me recordó algún tiempo atrás cuando me alejaba un dia de todo mi mundo para adentrarme en bosque  escucharme a mi misma, recordé cuando iba al campo en mis vacaciones tenía tiempo para descansar y alejarme  alla en el campo y  cerrar los ojos y dejar que el viento hablara y el sol acariciara mi rostro.

Hoy sentí esto mismo pero ahora no estaba en le sierra, era yo sola y fue extraño pues disfruté estar yo sola, fue como si me conectara conmigo misma y sólo pensara en mí y no sé si me habré encontrado o no y quizá siga tan perdida como antes pero de lo que estoy segura es que fue un momento que me recordó que es lo sencillo de la vida lo que nos enriquece y nos hace felices. Es el silencio quien alberga los más grandes misterios pero también las más acertadas respuestas, el silencio te devuelve tu propia voz, sin voz, es el viento quien susurra que hay más vida detrás de toda apariencia, es el sol quien nos toca y nos enseña que hay esperanza y que hay amor, es el cielo quien nos enseña lo pequeños que somos y lo maravillosos que podemos llegar a ser. En el silencio me he escuchado, he escuchado aquello que verdaderamente Soy. No a través de sonidos sino de sensaciones que puedo traducir en palabras. Las palabras que utilice no podrán reflejar la belleza de lo que he escuchado pero su eco llevará el susurro de aquello que está por detrás, de la misma forma que la caracola no nos trae el sonido del mar pero nos lo recuerda. El silencio habla y en él nos encontramos.

Hoy fui a esos lugares despues de casi un año para olvidarme de la vida por un rato y parece que fue la vida quien se olvidó de mí y es que a veces estamos tan preocupados por la vida que se nos olvida que es ella quien se preocupa por nosotros, dejemos pues que sea ella quien nos vaya llevando y quien nos ayude a encontrar nuestro propio camino…en la tarde me sente al borde del lago y puse mi alma en silencio. El silencio  te recuerda lo que ya sabes. Te lo recuerda. No es algo nuevo, es un eco, un sentir de algo que siempre estuvo ahí a lo que ahora estás prestando atención. Hoy recordé que hubo un tiempo en que quería encontrar afuera lo que había perdido dentro, quería encontrar aquello que no era mi esencia pero en mi terquedad de pensar que eso era yo perdí la brújula de mi vida y me inflé de cosas superficiales y descuidé mi vida interior hasta que me di cuenta de que me estaba quedando vacía, de que ya no tenia nada más que dar por que no le he echado agua a mi plantita desde hace un algun tiempo  y aquella pequeña semilla que un día se plantó (o plantaron) en mí y que podía crecer como un árbol frondoso y dar muchos frutos hoy no es más que una semilla “dañada y descuidada”; quizá por eso intento regresar a lo que era antes y recuperar el agua que hacía crecer mi semilla, quizá por eso busco la soledad y me busco a mí misma, quizá por eso busco la vida que no está ni en mi celular ni en mi correo electrónico, ni en el facebook, la vida que no está adentro de un salón de clases ni en una cafetería, la vida que sólo se esconde detrás de lo que pasa desapercibido ante nuestros ojos, la vida que se descubre cuando nos conectamos con la naturaleza y cuando dejamos atrás nuestros deseos y nuestras ilusiones para dejar la mente en blanco y dejar hablar al silencio. Entonces te encuentras no solo contigo si no con Él –DIOS- en ese instante. Y descubres que siempre estuvo ahí para ti. Tú lo habías escondido pero Él nunca se escondió de ti.

Decidiste jugar al escondite, como un niño travieso, y luego te olvidaste de que estabas jugando, y te creíste que lo habías perdido. Pero Él seguía ahí donde tú lo habías ocultado, esperando a que fueses a buscarlo. Tranquilo, sosegado, sabiéndo que al final recordarías e irías a su encuentro.

Hoy la vida me habló y no sé qué me dijo pero sé que fue algo bello, algo que me dio fuerzas y que me hizo respirar de nuevo, hoy fue la vida quien marcó la pauta y no yo, fue ella quien me llevó y me cargó, yo no hice nada más que permitirle ponerse a mi lado y compartirme sus secretos y lo extraordinario de su ser. Hoy el silenció habló y cuando habló me dijo que existe la vida…a veces tenemos miedo hacer silencio y sin embargo, el silencio habla, aunque sus palabras tienen una tonalidad diferente, un ritmo pausado, una alegría inherente.

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La felicidad existe…!!

“Conviértete en actor, director y productor de tu vida y con ello estarás más cerca de encontrar la felicidad”.

Quería hablaros de la felicidad pero en realidad sólo puedo decir que la encuentra quien busca en su interior porque la vida demasiadas veces se presenta ingrata ante nosotros. El entorno se torna hostil y esa hostilidad daña nuestra capacidad de razonamiento.

Nos dejamos llevar por las emociones, no siempre buenas amigas, que tiñen de odio nuestras relaciones. ¿Porqué el ser humano es tan adicto a la infelicidad con lo fácil que sería jugar a ser feliz?. Continuamente intentamos pensar en positivo, gozar de nuestra existencia pero algún pequeño imprevisto nos entorpece el entendimiento.

La vida sin las relaciones no tendría demasiado sentido; nos necesitamos los unos a los otros pero a la vez parece que queremos hacernos daño. Nuestra negatividad traspasa cualquier señal de esperanza y para cuando nos damos cuenta ya es demasiado tarde para tirar atrás y enmendar lo acontecido. Vivir ya es difícil de por sí pero nosotros con nuestras limitaciones mentales la llenamos de dificultad. Y repito, ¿tan difícil es ser feliz?

Soñamos con imposibles que jamás llegan a hacerse realidad porque siempre esperamos demasiado de la vida. Vivimos en un mundo de continua necesidad, dependiendo por completo del entorno para conseguir la tan anhelada felicidad, cuando si nos paráramos a pensar descubriríamos que no necesitamos nada más que nuestro propio equilibrio con nosotros mismos para ser felices. Nadie puede dañarnos si nosotros no se lo permitimos, ninguna situación por difícil que sea tendría que enturbiar nuestro juicio positivo, porque cada uno de nosotros posee la capacidad de elección y el ser humano inteligente elige vivir felizmente. Incluso el pobre viviendo en la misma miseria puede creerse el rey porque ha escogido la felicidad como manera de vivir. Todo depende de la forma en que vivas en tu interior tu propia existencia.

Recuerda que son tus pensamientos los que dirigen tus emociones y unos pensamientos positivos conducirán siempre a emociones gentiles.

Muchos diréis que esta canción ya la conocéis pero es que es la única que conduce de veras a la felicidad, el resto solo es una simple ensoñación. El problema del ser humano es que padece de insatisfacción desde que nace y pretende compensar ese déficit con las relaciones que establece con su entorno y he ahí donde se equivoca.

Las relaciones nos proporcionan estabilidad al tiempo que conocimiento, autoestima al tiempo que convivencia, pero nuestro propio equilibrio tiene su base en nuestro interior, en nuestro propio yo.

La felicidad existe en cada uno de nosotros, en cada parte de nuestro ser, pero hay que atreverse a saborearla, a sentirla, sin miedo a ser tachados de egoístas.

La felicidad está en cada pensamiento, en cada palabra expresada, en cada átomo de nuestra existencia, sólo tenemos que abrir nuestro corazón para poder encontrarla.

Gloria Marsellach Umbert – Psicóloga

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HOMILÍA DE SU SANTIDAD: FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

“la Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de pecadores que se deben reconocer necesitados del amor de Dios” y que “ la apertura a la acción de Dios” transforma la debilidad de los hombres”.

Estamos reunidos alrededor del altar para celebrar la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia de Roma. Están aquí presentes los arzobispos metropolitanos nombrados durante este último año, que acaban de recibir el palio, y a quienes va mi especial y afectuoso saludo. También está presente, enviada por Su Santidad Bartolomé I, una eminente delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, que acojo con reconocimiento fraterno y cordial. Con espíritu ecuménico me alegra saludar y dar las gracias a “The Choir of Westminster Abbey”, que anima la liturgia junto con la Capilla Sixtina. Saludo además a los señores embajadores y a las autoridades civiles: a todos les agradezco su presencia y oración.

Como todos saben, delante de la Basílica de San Pedro, están colocadas dos imponentes estatuas de los apóstoles Pedro y Pablo, fácilmente reconocibles por sus enseñas: las llaves en las manos de Pedro y la espada entre las de Pablo. También sobre el portal mayor de la Basílica de San Pablo Extramuros están representadas juntas escenas de la vida y del martirio de estas dos columnas de la Iglesia. La tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a san Pedro y a san Pablo: juntos, en efecto, representan todo el Evangelio de Cristo. En Roma, además, su vinculación como hermanos en la fe ha adquirido un significado particular. En efecto, la comunidad cristiana de esta ciudad los consideró una especie de contrapunto de los míticos Rómulo y Remo, la pareja de hermanos a los que se hace remontar la fundación de Roma. Se puede pensar también en otro paralelismo opuesto, siempre a propósito del tema de la hermandad: es decir, mientras que la primera pareja bíblica de hermanos nos muestra el efecto del pecado, por el cual Caín mata a Abel, Pedro y Pablo, aunque humanamente muy diferentes el uno del otro, y a pesar de que no faltaron conflictos en su relación, han constituido un modo nuevo de ser hermanos, vivido según el Evangelio, un modo auténtico hecho posible por la gracia del Evangelio de Cristo que actuaba en ellos. Sólo el seguimiento de Jesús conduce a la nueva fraternidad: aquí se encuentra el primer mensaje fundamental que la solemnidad de hoy nos ofrece a cada uno de nosotros, y cuya importancia se refleja también en la búsqueda de aquella plena comunión, que anhelan el Patriarca ecuménico y el Obispo de Roma, como también todos los cristianos.

En el pasaje del Evangelio de san Mateo que hemos escuchado hace poco, Pedro hace la propia confesión de fe a Jesús reconociéndolo como Mesías e Hijo de Dios; la hace también en nombre de los otros apóstoles. Como respuesta, el Señor le revela la misión que desea confiarle, la de ser la «piedra», la «roca», el fundamento visible sobre el que está construido todo el edificio espiritual de la Iglesia (cf. Mt 16, 16-19). Pero ¿de qué manera Pedro es la roca? ¿Cómo debe cumplir esta prerrogativa, que naturalmente no ha recibido para sí mismo? El relato del evangelista Mateo nos dice en primer lugar que el reconocimiento de la identidad de Jesús pronunciado por Simón en nombre de los Doce no proviene «de la carne y de la sangre», es decir, de su capacidad humana, sino de una particular revelación de Dios Padre. En cambio, inmediatamente después, cuando Jesús anuncia su pasión, muerte y resurrección, Simón Pedro reacciona precisamente a partir de la «carne y sangre»: Él «se puso a increparlo: … [Señor] eso no puede pasarte» (16, 22). Y Jesús, a su vez, le replicó: «Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo…» (v. 23). El discípulo que, por un don de Dios, puede llegar a ser roca firme, se manifiesta en su debilidad humana como lo que es: una piedra en el camino, una piedra con la que se puede tropezar – en griego skandalon. Así se manifiesta la tensión que existe entre el don que proviene del Señor y la capacidad humana; y en esta escena entre Jesús y Simón Pedro vemos de alguna manera anticipado el drama de la historia del mismo papado, que se caracteriza por la coexistencia de estos dos elementos: por una parte, gracias a la luz y la fuerza que viene de lo alto, el papado constituye el fundamento de la Iglesia peregrina en el tiempo; por otra, emergen también, a lo largo de los siglos, la debilidad de los hombres, que sólo la apertura a la acción de Dios puede transformar.

En el Evangelio de hoy emerge con fuerza la clara promesa de Jesús: «el poder del infierno», es decir las fuerzas del mal, no prevalecerán, «non prevalebunt». Viene a la memoria el relato de la vocación del profeta Jeremías, cuando el Señor, al confiarle la misión, le dice: «Yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo; lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte» (Jr 1, 18-19). En verdad, la promesa que Jesús hace a Pedro es ahora mucho más grande que las hechas a los antiguos profetas: Éstos, en efecto, fueron amenazados sólo por enemigos humanos, mientras Pedro ha de ser protegido de las «puertas del infierno», del poder destructor del mal. Jeremías recibe una promesa que tiene que ver con él como persona y con su ministerio profético; Pedro es confortado con respecto al futuro de la Iglesia, de la nueva comunidad fundada por Jesucristo y que se extiende a todas las épocas, más allá de la existencia personal del mismo Pedro.

Pasemos ahora al símbolo de las llaves, que hemos escuchado en el Evangelio. Nos recuerdan el oráculo del profeta Isaías sobre el funcionario Eliaquín, del que se dice: «Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá» (Is 22,22). La llave representa la autoridad sobre la casa de David. Y en el Evangelio hay otra palabra de Jesús dirigida a los escribas y fariseos, a los cuales el Señor les reprocha de cerrar el reino de los cielos a los hombres (cf. Mt 23,13). Estas palabras también nos ayudan a comprender la promesa hecha a Pedro: a él, en cuanto fiel administrador del mensaje de Cristo, le corresponde abrir la puerta del reino de los cielos, y juzgar si aceptar o excluir (cf. Ap 3,7). Las dos imágenes – la de las llaves y la de atar y desatar – expresan por tanto significados similares y se refuerzan mutuamente. La expresión «atar y desatar» forma parte del lenguaje rabínico y alude por un lado a las decisiones doctrinales, por otro al poder disciplinar, es decir a la facultad de aplicar y de levantar la excomunión. El paralelismo «en la tierra… en los cielos» garantiza que las decisiones de Pedro en el ejercicio de su función eclesial también son válidas ante Dios.

En el capítulo 18 del Evangelio según Mateo, dedicado a la vida de la comunidad eclesial, encontramos otras palabras de Jesús dirigidas a los discípulos: «En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 18,18). Y san Juan, en el relato de las apariciones de Cristo resucitado a los Apóstoles, en la tarde de Pascua, refiere estas palabras del Señor: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,22-23). A la luz de estos paralelismos, aparece claramente que la autoridad de atar y desatar consiste en el poder de perdonar los pecados. Y esta gracia, que debilita la fuerza del caos y del mal, está en el corazón del ministerio de la Iglesia. Ella no es una comunidad de perfectos, sino de pecadores que se deben reconocer necesitados del amor de Dios, necesitados de ser purificados por medio de la Cruz de Jesucristo. Las palabras de Jesús sobre la autoridad de Pedro y de los Apóstoles revelan que el poder de Dios es el amor, amor que irradia su luz desde el Calvario. Así, podemos también comprender porqué, en el relato del evangelio, tras la confesión de fe de Pedro, sigue inmediatamente el primer anuncio de la pasión: en efecto, Jesús con su muerte ha vencido el poder del infierno, con su sangre ha derramado sobre el mundo un río inmenso de misericordia, que irriga con su agua sanadora la humanidad entera.

Queridos hermanos, como recordaba al principio, la tradición iconográfica representa a san Pablo con la espada, y sabemos que ésta significa el instrumento con el que fue asesinado. Pero, leyendo los escritos del apóstol de los gentiles, descubrimos que la imagen de la espada se refiere a su misión de evangelizador. Él, por ejemplo, sintiendo cercana la muerte, escribe a Timoteo: «He luchado el noble combate» (2 Tm 4,7). No es ciertamente la batalla de un caudillo, sino la de quien anuncia la Palabra de Dios, fiel a Cristo y a su Iglesia, por quien se ha entregado totalmente. Y por eso el Señor le ha dado la corona de la gloria y lo ha puesto, al igual que a Pedro, como columna del edificio espiritual de la Iglesia.

Queridos Metropolitanos: el palio que os he impuesto, os recordará siempre que habéis sido constituidos en y para el gran misterio de comunión que es la Iglesia, edificio espiritual construido sobre Cristo piedra angular y, en su dimensión terrena e histórica, sobre la roca de Pedro. Animados por esta certeza, sintámonos juntos cooperadores de la verdad, la cual –sabemos– es una y «sinfónica», y reclama de cada uno de nosotros y de nuestra comunidad el empeño constante de conversión al único Señor en la gracia del único Espíritu. Que la Santa Madre de Dios nos guíe y nos acompañe siempre en el camino de la fe y de la caridad. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amén.

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SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y PABLO

Cada 29 de junio, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles, recordamos a estos grandes testigos de Jesucristo y, a la vez, hacemos una solemne confesión de fe en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Ante todo es una fiesta de la catolicidad.

Pedro, el amigo frágil y apasionado de Jesús, es el hombre elegido por Cristo para ser “la roca” de la Iglesia: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” ( Mt 16,16). Aceptó con humildad su misión hasta el final, hasta su muerte como mártir. Su tumba en la Basílica de San Pedro en el Vaticano es meta de millones de peregrinos que llegan de todo el mundo.

Pablo, el perseguidor de Cristianos que se convirtió en Apóstol de los gentiles, es un modelo de ardoroso eevangelizador para todos los católicos porque después de encontrarse con Jesús en su camino, se entregó sin reservas a la causa del Evangelio.

¡Oh santos apóstoles Pedro y Pablo! Yo os elijo hoy y para siempre por mis especiales protectores y abogados; y me alegro humildemente tanto con Vos, san Pedro, príncipe de los Apóstoles, porque sois la piedra sobre la cual edificó Dios su Iglesia; como con Vos, san Pablo, escogido por Dios para vaso de elección y predicador de la verdad en todo el mundo. Alcanzadme, os suplico, una fe viva, una esperanza firme y una caridad perfecta; atención en el orar, pureza de corazón, recta intención en las obras, diligencia en el cumplimiento de las obligaciones de mi estado, constancia en los propósitos, resignación a la voluntad de Dios y perseverancia en la divina gracia hasta la muerte; para que mediante vuestra intercesión y vuestros méritos gloriosos, pueda vencer las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne, me haga digno de presentarme ante el supremo y eterno pastor de almas Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos, para gozarle y amarle eternamente. Amén.