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AMAR ES SONREIR…!!

Y sonreír es amar. La sonrisa es uno de los mejores medios para demostrar nuestro amor a los demás y una de las más bellas expresiones del amor. La sonrisa es como un rayo de sol, que enviamos a los demás ¡Cuánta alegría puede producir la sonrisa pura y sincera! La sonrisa es un don, que Dios te da para los demás, y no puedes guardártela para ti solo. La sonrisa es una bendición de Dios para los demás. No niegues nunca tu sonrisa. Si alguien te rechaza y no te quiere, sonríele; si alguien se ríe de ti maliciosamente, sonríe; si alguien te insulta, sonríe. La sonrisa lima asperezas, da confianza, acorta distancias. La sonrisa es la distancia más corta entre dos personas.
Muchas personas perciben intuitivamente que en la vida las cosas más sencillas son las más importantes, o, si lo prefiere, que las cosas más importantes en la vida resulta que son las más simples. Ese es un descubrimiento muy profundo. ¿Qué es más importante para nosotros, por ejemplo, que respirar? Sin embargo, rara vez nos detenemos a pensar en eso. El aire fresco no cuesta un centavo, pero si nos falta, morimos en unos minutos. Otra cosa sencilla pero de gran importancia es una sonrisa. Una sonrisa no cuesta dinero, ni tiempo, ni esfuerzo, pero literalmente es cierto que puede ser de importancia capital en la vida. Una sonrisa ejerce un efecto sobre todo el cuerpo, desde la piel hasta el esqueleto abarcando todos los vasos sanguíneos, los nervios y los músculos. Afecta el funcionamiento de cada órgano. Ejerce una influencia sobre toda glándula. Repito – y esto es literalmente cierto – no se puede sonreír sin que todo el organismo se afecte favorablemente. Es más: una sonrisa relaja a menudo una gran cantidad de músculos y cuando sonreír se convierte en un hábito, se puede ver fácilmente cómo se incrementa el efecto. Las sonrisas del año pasado le rinden hoy buenos dividendos. El efecto de una sonrisa en otras personas no es menos notable. Desarma las sospechas, esfume el miedo y la ira, y saca a la luz las mejores cualidades de la otra persona , cualidades que inmediatamente influyen en usted. Una sonrisa es al contacto personal lo que el aceite a la maquinaria y ningún ingeniero inteligente descuida la lubricación.
Sonríe con agradecimiento al cartero, al panadero, al sacerdote, al policía o a cualquiera que te haga un favor. ¡Se puede hacer tanto bien con una sonrisa! Recuerdo un día que paseaba por la ciudad y vi a un pobre hombre, desconocido, sentado al borde de la acera. Lo vi con una cara muy triste y, al pasar, le sonreí y le dije: “Que Dios te bendiga, hermano”. Aquel hombre pareció salir de su ensimismamiento y me respondió: “Gracias, Padre”. Me sentí contento. Durante todo el día pensé en él y recé por él. Estoy seguro de que Dios lo bendijo y le dio un poco de paz a través de mi sonrisa, de mi bendición y de mi oración. ¡ Se puede con tan poco hacer felices a los demás! La sonrisa allana el camino, cuando tenemos que corregir sin humillar, y ayuda a perdonar. Por eso, debemos practicar constantemente la caridad de la sonrisa. Si Dios nos sonríe a través de las flores y de las estrellas, de los niños y de la naturaleza entera, ¿por qué nosotros no podemos también sonreírle y sonreír a los demás?
 Yo soy muy amigo de los niños y, con frecuencia, les regalo caramelos. Muchas veces, les digo con una sonrisa: “Hola, yo te quiero mucho, toma un caramelo con mucho cariño”. Y los niños me sonríen y me hacen feliz. Si queremos que nos sonrían los otros, debemos nosotros sonreír sin esperar nada a cambio. La gente es como un espejo, si le sonreímos, nos sonríe; pero si le ponemos mala cara, nos pondrá mala cara. Y cuando nos cueste sonreír, porque estamos enfermos o muy preocupados, sigamos sonriendo, aunque sea con el corazón, porque la vida continúa y hay que seguir amando a los demás. El mundo necesita de tus sonrisas y de tu amor. ¿Por qué no comienzas hoy mismo? No importa, si algunos te critican o no te comprenden. El amor de Dios suplirá lo que tú no puedes hacer. El Pbro. José Luis Martín Descalzo cuenta en uno de sus libros que, un día, hizo la experiencia de sonreír a todas las personas que veía por la calle, diciéndoles: “Buenos días” o “Buenas tardes”. Algunos le contestaban mecánicamente, sin interés. Otros muchos no decían nada y se extrañaban de que un desconocido se atreviera a sonreírles y saludarles. Y es que el mundo está falto de sonrisas y falto de amor. Comienza tú por poner cada día tu granito de arena en la construcción de un mundo más feliz, siembra de sonrisas las vidas de los que te rodean y ellos te responderán también con sus sonrisas y te harán también más feliz. Un domingo, un amigo mío fue a un parque para ver jugar a los niños y distraerse. Había unos niños, jugando a la pelota. En un cierto momento, la pelota llegó a donde estaba mi amigo y él se la devolvió a uno de los niños con una sonrisa. Y el niño le dijo a su compañero, todo feliz:  “Ese hombre me conoce “. Así interpretó él la sonrisa de mi amigo. La sonrisa lanza cables de amistad entre los hombres y hace más fácil la convivencia.
La sonrisa hace bello hasta el rostro de la mujer fea. La sonrisa transforma nuestro interior y nos da alegría. La sonrisa sincera es un regalo de Dios, que nos sonríe desde nuestro corazón. Cada mañana, al despertar, El te sigue bendiciendo y sonriendo. ¿No podrías hacer tú lo mismo con los demás?
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LA FUGACIDAD DE LA VIDA!!

Muchos hombres actuales no quieren pensar en la muerte ni en “más allá” y solamente viven para esta vida, buscando el dinero y el placer a toda costa. Para muchos de ellos, lo único que vale la pena es gozar y divertirse. De esta manera, arruinan sus vidas y sus almas con la droga, alcohol, el sexo… Y se meten en un callejón sin salida, del que, probablemente, no podrán salir jamás. ¡Vidas perdidas y sin esperanza! Vidas vacías y sin alegría! ¡Qué pena!  Por eso, es bueno meditar en el verdadero valor de todo lo de este  mundo pasajero. Todo acabará un día. La tierra desaparecerá. En el  mundo, de nada servirá el dinero ni la fama ni las dignidades ni los honores. Todo es vanidad de vanidades. Es necesario, por tanto, tomar en serio  la muerte para tomar en serio la vida. La muerte no será el final de todo  sino el comienzo de una nueva vida. Para los buenos, la muerte será la  puerta de entrada al cielo.  Decían los antiguos “memento mori “, acuérdate que vas a morir”. Dios te dice: “Acuérdate de tus postrimerías y nunca jamás pecarás” (Eclo 7,39). Acuérdate de que “eres polvo y en polvo te vas a convertir  (Gen 3,l9).

Recuerdo que cuando era niño, alguna vez, iba al cementerio de pueblo con ocasión de algún entierro. Al ver aquellas grandes cruces de los panteones y los soberbios cipreses, que se elevaban hacia “el cielo”, pensaba en Dios y en la eternidad. Cuando tú vayas a un cementerio y recuerdes a tantos que “se fueron” y ya no están, incluso más jóvenes que tú, piensa en la eternidad que te espera, feliz o infeliz; de ti depende.¡Como quisiera zarandearte y gritarte hasta que despiertes de tu sueño y de tu vacío existencial! ¡Piensa en la eternidad! ¡No vivas para los cuatro días de esta tierra! ¡Vive para la eternidad! Vive de verdad. Vive de amor. Vive para los demás. No seas egoísta, sal de ti mismo y abre tu corazón a los que te rodean. La vida es corta, el tiempo pasa inexorable. La muerte puede llamar a tu puerta en cualquier momento. Estás en lista de espera. ¡Despierta! “Despierta tú que duermes y levántate de entre los muertos y  te iluminará Cristo” (Ef 5,14).  Cualquier día puede ser el último. No tienes tiempo que perder. Sólo tienes tiempo para amar. Haz bien lo que haces. No dejes para mañana lo que tienes que hacer hoy. Vive el presente en plenitud. Toma este momento en tus manos y vívelo con cariño y amor. El pasado ya no existe, no te lamentes de lo que ya pasó. El futuro tampoco existe, no te preocupes demasiado. Vive el “aquí y ahora” lo mejor posible y tu vida cambiará. Haz de tu vida algo que valga la pena. Y, si es necesario, rectifica el rumbo. Después podría ser demasiado tarde.

Aprende de la historia de aquel príncipe, que era muy feliz en su palacio, pero un amigo lo convenció para darse una vuelta por el mundo y así disfrutar de los placeres de la vida. Un día, él solo, se escapó de su castillo y empezó a divertirse sin freno para experimentar todo aquello que le estaba prohibido en su palacio. Pero, poco a poco, se fue quedando sin dinero y tuvo que pedir limosna. Al fin, cayó gravemente enfermo de una enfermedad contagiosa y nadie lo quería atender y lo tiraron sin piedad en un estercolero para que muriera. Allí estaba, esperando la muerte y sin ganas de vivir, cuando una viejecita lo vio y se compadeció de él y lo llevó a su casa sin miedo a contagiarse. Lo atendió como a un hijo y ella misma, que era muy pobre, pedía limosna para darle de comer.  Después de intensos cuidados y mucho amor, se fue recuperando y, arrepentido de su mala vida, regresó a su palacio. Su padre lo seguía esperando y celebró una gran fiesta en su honor, a la cual invitaron a la viejecita, a quien llevaron a vivir con ellos para siempre. El príncipe estaba feliz, había renacido de nuevo. La experiencia del mal y el haberse visto al borde del abismo, le había hecho madurar y tomar en serio su vida. Había aprendido una gran lección: Se puede morir en cualquier momento y hay que estar preparados. Hay que vivir para los demás, amando y respetando a los otros como a uno mismo. La vida no es un juego, hay que tomarla en serio, pues el vicio y el placer llevan a la ruina. Solamente en amar y hacer el bien se encuentra la verdadera felicidad. Vale pena vivir para amar y amar en plenitud, pues sólo se vive una sola vez.

Aquí me tienes, Cristo,

con todas mis miserias,

con todas mis caídas…

por meterme en el fango

se enlodaron mis días,

por acercarme al fuego

se quemaron mis sueños,

y por dejar de verte

perdí mis alegrías.

Mi alma ya no se estremecía

al contacto divino de tu Cuerpo,

ni al sentirse bañada por tu Sangre,

era, en fin, la costumbre,

la tibieza… el olvido… la nada…,

la saciedad de todo, y la sed apagada.

Pero había algo en el fondo,

allá, muy en el fondo,

una presencia tuya, un esperarme quieto,

un gritarme en silencio, y un suspirar muy hondo.

Aquí me tienes, Cristo, escuché tu llamada,

me partió en dos la entraña

como filo de espada,

y ante Ti me pregunto:

¿puedo empezar de nuevo?,

mi vida cristiana, siento que se quedó muy lejos,

ahora, tan desnudo de méritos.., de fuego…,

¿ qué quieres que yo haga? ¿amarte?

Y tu voz me estremece hasta lo más profundo:

“Amame, hijo mío, tú siempre fuiste mío.

Te esperaba y has vuelto.

Y ahora necesito tus manos

para seguir bendiciendo.

Necesito tus labios para seguir hablando.

Necesito tu cuerpo para seguir sufriendo.

Necesito tu corazón para seguir amando.

Ámame, hijo mío, y ama a tus hermanos.

Sigue siendo Yo Mismo, sigue siendo otro Cristo.

Sé luz que ilumine al mundo “.

Nunca te des por vencido en el camino del amor. Y cuando parezca que no puedes avanzar más o que no puedes superar los obstáculos del Camino, recuerda lo que dice S. Agustín: “Tú, pon de tu parte lo que puedas, pide lo que no puedas y Dios te dará para que puedas” ( extracto del libro Siempre triunfa el Amor. P. Angel. P.)

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VIDA!!

“YA PERDONÉ ERRORES CASI IMPERDONABLES.

TRATÉ DE SUSTITUIR PERSONAS INSUSTITUIBLES

Y OLVIDAR PERSONAS INOLVIDABLES…

 

YA HICE COSAS POR IMPULSO,

YA ME DECEPCIONÉ CON PERSONAS

CUANDO NUNCA PENSÉ DECEPCIONARME,

MAS TAMBIEN DECEPCIONE A ALGUIEN…

 

YA ABRACÉ PARA PROTEGER,

YA ME REÍ CUANDO NO PODÍA,

YA HICE AMIGOS ETERNOS,

YA AME Y FUI AMADO,

PERO TAMBIÉN…FUI RECHAZADO,

YA FUI AMADO Y NO SUPE AMAR.

 

YA GRITÉ Y SALTÉ DE TANTA FELICIDAD,

YA VIVÍ DE AMOR E HICE JURAMENTOS ETERNOS,

PERO TAMBIÉN “ROMPÍ LA CARA” MUCHAS VECES !!!

 

YA LLORÉ ESCUCHANDO MÚSICA Y VIENDO FOTOS,

YA LLAMÉ SÓLO PARA ESCUCHAR UNA VOZ,

YA ME ENAMORÉ POR UNA SONRISA,

YA PENSÉ QUE IBA A MORIR DE TANTA NOSTALGIA

Y…TUVE MIEDO DE PERDER A ALGUIEN ESPECIAL

(Y TERMINÉ PERDIÉNDOLO) ¡PERO SOBREVIVÍ!

 

Y TODAVÍA VIVO !!!

 

NO PASO POR LA VIDA…Y VOS TAMPOCO DEBERÍAS SOLO PASAR… ¡¡¡ VIVÍ !!!

 

BUENO ES IR A LA LUCHA CON DETERMINACIÓN…

ABRAZAR LA VIDA Y VIVIR CON PASIÓN,

PERDER CON CLASE Y VENCER CON OSADÍA,

PORQUE EL MUNDO PERTENECE A QUIEN SE ATREVE

Y…¡¡¡ LA VIDA ES MUCHO !!!…

PARA SER INSIGNIFICANTE ” (CHARLES CHAPLIN)

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ABRIR LA MENTE Y GENERAR UN CORAZÓN BONDADOSO

Cuando llegue el momento de ayudar a los demás no deberíamos conformarnos con poner cara de devoción, sino que deberíamos ser lo más realistas posible tanto en pensamiento como en obra. Aunque quizá no estemos en situación de renunciar a nuestros propios intereses, deberíamos defenderlos de una manera lo más modesta y considerada posible.

Todos somos responsables del bien común, por lo que cuando es preciso hacer algo no deberíamos limitarnos a poner cara de beatos y tendríamos que dedicar sinceramente todas nuestras energías a alcanzar esa meta. Como he dicho antes, es difícil sacrificar las propias metas, pero aunque cada uno de nosotros necesita ganarse la vida, si los medios empleados para ello hacen una contribución honesta al bien común, entonces tanto mejor. Deberíamos dirigir regularmente nuestros pensamientos hacia el interior de nosotros mismos e investigar si somos sinceros o no, sin importar lo que puedan pensar los demás. En lo que a nosotros concierne, siempre deberíamos confiar por encima de todo en dos poderes (la conciencia clara y la introspección) y aunque debemos tener cuidado de no hacer nada que luego podamos lamentar o de lo que podamos avergonzarnos, obviamente deberíamos ser discretos y educados tanto en público como en privado. Si actuamos de esta forma, la felicidad vendrá a nosotros de manera natural. Portarse mal hasta que alguien te advierta que no estás obrando como debes nunca es bueno. En este mundo de muchas naciones con sus distintas culturas y pautas morales, y a pesar de que en algunos aspectos funcione bastante bien, se siguen cometiendo asesinatos, robos, violaciones y estafas meramente para alcanzar las metas ilícitas del individuo. Ciertamente está muy claro, y por lo tanto es de la máxima importancia que los seres humanos nos comportemos de manera decente y considerada, tanto si hay alguien para advertirnos como si no; y en particular nosotros los tibetanos, que hemos perdido nuestra tierra natal y nos encontramos dispersos por muchos países extranjeros. Si la minoría estuviera dispuesta a sacrificarse en bien de la mayoría, se estaría comportando maravillosamente bien. Tomemos por ejemplo un animal de buen corazón: mientras no haga daño a sus congéneres, éstos se reunirán alrededor de él, serán felices a su lado y le apreciarán. Similarmente, si un hombre es menos egoísta y procura pensar todo lo posible en los demás, entonces todos verán en él a una persona consagrada al bienestar de su prójimo y lo amarán y respetarán. Esto es un ejemplo obvio tomado de nuestras propias vidas. No obstante, normalmente intentamos ser felices y eliminar nuestros sufrimientos, pero si estuviéramos dispuestos a asumir esa responsabilidad con respecto a los demás igual que lo hacemos con respecto a nosotros mismos, seríamos inapreciablemente valiosos y todos nos considerarían dignos de respeto. El mahatma Gandhi es un ejemplo de ello: como se sacrificaba por los demás, todos lo amaban. Si tienes corazón bondadoso, te ganarás el respeto de los demás. Pero si actúas impulsado por motivos egoístas, y aunque los demás te traten con respeto cuando te tengan delante, después se preguntarán de qué sirve que seas un lama o un gurú. Cuando puedan hablar libremente eso es lo que dirán de ti, y seguramente lo tendrás merecido. De manera similar, cuando un líder se deja llevar por el egoísmo, y aunque en público sea tratado con respeto y cubierto de elogios, después todos se alegrarán en cuanto tenga problemas, lo cual es totalmente natural. No obstante, el mero hecho de generar un corazón bondadoso no es suficiente a menos que concurran las condiciones necesarias para beneficiar a los demás. Por eso deberías buscar la guía de maestros cualificados puesto que sólo así podrás alcanzar ese estado fundamental en el que harás el bien a los demás, porque si no sabes cómo emplear esos métodos entonces no serás capaz de ayudarlos. Si uno se encuentra en situación de guiar a otros mediante su propia experiencia, entonces debe actualizar caminos de realización correctos dentro de sí mismo y familiarizarse con ellos llevándolos a la práctica.

Fuente// las leyes de la vida Dalai Lama