Publicado en CORAZÓN

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo!!!!

Juan el Bautista, cuyo nacimiento hoy celebramos, es un ejemplo, entre tantos, de correspondencia a las gracias de Dios, fiel a su vocación: a lo que, incluso antes de nacer, esperaba de él la Trinidad Beatísima. Recordemos, como afirma san Pablo, que Dios nos ha escogido, antes que la constitución del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia.

         jun-24 San Juan -  Nacimiento 1 El designio divino de la Redención del hombre preveía un precursor que anunciase la llegada del Hijo de Dios encarnado. El evangelista San Marcos recoge la profecía: conforme está escrito en Isaías el profeta: “Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino”.”Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”.

      La aparición de Juan, el “Precursor”, era señal inequívoca de la inminente llegada del Mesías. Tenían, en efecto, razón los paisanos de Zacarías e Isabel, padres de Juan: de ese niño cabía esperar algo grande. Y es que nuestro Dios siempre asiste con su Gracia poderosa a sus elegidos, para que puedan cumplir lo que de ellos espera. Su nacimiento había sido anunciado proféticamente desde antiguo y al propio Zacarías, su padre, un ángel le advirtió de su nacimiento. A pesar de su incredulidad, pues no era razonable -pensaba Zacarías- que tuvieran un hijo a edad tan avanzada, será para ti gozo  -le dijo el ángel-; y muchos se alegrarán con su nacimiento, porque será grande ante el Señor. No beberá vino ni licor, estará lleno del Espíritu Santo ya desde el vientre de su madre y convertirá a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios; e irá delante de Él con el espíritu y el poder de Elías para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes a la prudencia de los justos, a fin de preparar al Señor un pueblo perfecto.

No le faltaría a Juan la luz ni la energía necesaria para cumplir su misión. Dios mismo se hacían garante de su capacidad: quedaría lleno del Espíritu Santo desde antes de nacer, lo que lo haría poderoso e infalible como Elías, que -bien lo sabían todos los judíos-, unido Dios, había salido siempre victorioso y de modo espectacular, frente a los poderes que en su tiempo se oponían al único verdadero Dios.

       En su Providencia, Dios había cubierto de gracias muy singulares, a quien habría de cumplir una misión única y decisiva en orden a la Redención humana. Incluso su nacimiento fue acompañado de fenómenos del todo extraordinarios. Pero, guardando la debida proporción, así actúa siempre Dios con todos los hombres. Lo que espera de cada uno depende de las circunstancias personales, de la capacidad nuestra, que tenemos, como todo lo demás, recibido de Dios. No es injusto Dios ni arbitrario, y el amor con obras que le debemos debe ser desarrollo en los talentos que nos ha concedido. Esas parábolas del señor de la casa que se marcha y distribuye sus bienes entre unos criados y reclama a su regreso el fruto correspondiente, deben estar habitualmente presentes en nuestra mente.

          No se trata, sin embargo, de vivir como atemorizados, con el pensamiento de que nos pedirán cuentas y que hay que exigirse, no nos vayan a castigar. Nos pedirán cuentas, por supuesto. Pero no es Dios, Nuestro Padre, una autoridad amenazante, como si sólo le importara el resultado fáctico de nuestra conducta. Imaginémonos, más bien, a un Padre que, con toda ilusión, concede a su hijo lo necesario para el trabajo que le encomienda. El padre espera ponerse contento viendo el progreso del hijo; que logra las metas que se propone y se propone lo que es su verdadero bien, lo que el padre le ha sugerido, de acuerdo con su capacidad, pensando sólo en su bien y conociendo sus gustos, sus aficiones, su carácter y lo que en definitiva le producirá más alegría.

       al16xlContemplando a Juan el Bautista, resalta de inmediato la idea de vocación: la llamada de Dios a cada persona, que cada uno debemos responder. No ha surgido entre el los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista, declaró Jesús. Son las palabras que, aparte de poder resaltar las cualidades objetivas concedidas al “Precursor”, ponen de manifiesto sin duda, su libre y fiel correspondencia al designio divino. No parece que Jesús pudiera alabar, y menos de modo tan solemne, a quien únicamente hubiera recibido muchos talentos, sin mérito de su parte -fue lleno del Espíritu Santo en el vientre de su madre-, a menos que hubiera respondido a ellos libre generosamente. ¿Cómo podemos leer hoy la buena noticia del nacimiento de Juan? Os invito a examinar las diversas reacciones que este hecho produce en los distintos personajes:
Los vecinos y parientes de Isabel, al conocer la noticia, la felicitaban.
Los que asisten a la circuncisión, al enterarse de que se va a llamar Juan, se quedaron extrañados.
Zacarías, vencida su mudez, empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos.

                Felicidad, extrañeza, bendición, sobrecogimiento. He aquí cuatro actitudes que siempre están ligadas a la acción sorprendente de Dios. Si observamos bien, descubrimos una mezcla de alegría y de temor, de exultación y de asombro. Juan provoca anticipadamente las mismas reacciones que provocará Jesús. Pero, por encima de todo, la mano de Dios estaba con él. Esta convicción es la que nos permite también a nosotros afrontar los riesgos de toda vida sin abandonarnos al pesimismo. Siempre, y en toda circunstancia, la mano de Dios está con nosotros.

Encomendemos nuestros buenos deseos de correspondencia a lo que el Señor nos pide en nuestra vida y cada mañana y cada tarde, a la Madre de Dios, Madre nuestra. Responder a la vocación es entrega, servicio, docilidad y, como es respuesta a Dios, grandeza, plenitud de vida. Así, María es la esclava del Señor y la Reina del mundo.

Anuncios
Publicado en CORAZÓN

He Aprendido…!!

16· He aprendido que no puedo hacer que alguien me ame, solo convertirme en alguien a quien se pueda amar; el resto ya depende de los otros.

· He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, muchos de ellos no se preocuparan por mí.

· He aprendido que puede requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla.

· He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida, no son las cosas que tengo alrededor sino las personas que tengo alrededor.

· He aprendido que puedo encantar a la gente por unos 15 minutos; después de eso necesito poder hacer más.

· He aprendido que no debo compararme con lo mejor de lo que hacen los demás, sino con lo mejor que puedo hacer yo.

· He aprendido que lo más importante no es lo que me sucede sino lo que hago al respecto.

· He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante que ocasionan dolor durante toda la vida.

· He aprendido que es importante practicar para convertirme en la persona que yo quiero ser.

· He aprendido que es muchísimo más fácil reaccionar que pensar y más satisfactorio pensar que reaccionar.

· He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que amo con palabras amorosas; podría ser la última vez que los veo.

· He aprendido que puedo llegar mucho más lejos de lo que pensé posible.

· He aprendido que soy responsable de lo que hago, cualquiera que sea el sentimiento que tenga.

· He aprendido que o controlo mis actitudes o ellas me controlan a mi.

· He aprendido que por tan apasionada que sea la relación en un principio, la pasión se desvanece y algo más debe tomar su lugar.

· He aprendido que los héroes son las personas que hacen aquello de lo que están convencidos, a pesar de las consecuencias.

1· He aprendido que aprender a perdonar requiere mucha práctica.

· He aprendido que el dinero es un pésimo indicador de valor de algo o alguien.

· He aprendido que con los amigos podemos hacer cualquier cosa o no hacer nada y tener el mejor de los momentos.

· He aprendido que a veces las personas que creo que me van a patear cuando estoy caído, son aquellas que me ayudan a levantar.

· He aprendido que en muchos momentos tengo el derecho de estar enojado, más no, el derecho de ser cruel.

· He aprendido que la verdadera amistad y el verdadero amor continúan creciendo a pesar de las distancias.

· He aprendido que simplemente porque alguien no me ama de la manera en que yo quisiera, no significa que no me ama a su manera.

· He aprendido que la madurez tiene más que ver con las experiencias que he tenido y aquello que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos.

· He aprendido que nunca debo decirle a un niño que sus sueños son tontos; pocas cosas son más humillantes y que tragedia sería si él lo creyera.

· He aprendido que por bueno que sea el buen amigo, tarde o temprano me voy a sentir lastimado por él y debo saber perdonarlo por ello.

· He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonado por los otros; a veces tengo que perdonarme a mí mismo.

· He aprendido que por más fuerte que sea mi duelo, el mundo no se detiene por mi dolor.

· He aprendido que mientras mis antecedentes y circunstancias pueden haber influenciado en lo que soy, yo soy responsable de lo que llego a ser.

· He aprendido que a veces cuando mis amigos pelean, estoy obligado a tomar partido aun cuando no lo deseo.

· He aprendido que simplemente porque dos personas pelean, no significa que no se aman la una a la otra; y simplemente porque dos personas no discuten, no significa que si se aman

· He aprendido que no tengo que cambiar de amigos si comprendo que los amigos cambian.

· He aprendido que no debo ufanarme de averiguar un secreto; podría cambiar mi vida para siempre.

636· He aprendido que dos personas pueden mirar a la misma cosa y ver algo totalmente diferente.

· He aprendido que por más que trato de proteger a mis hijos, ellos a la larga se lastiman y con eso me lastimo en el proceso.

· He aprendido que hay muchas maneras de enamorarse y permanecer enamorado.

· He aprendido que sin importar las consecuencias, cuando soy honesto conmigo mismo llego más lejos en la vida.

· He aprendido que muchas cosas pueden ser generadas por la mente; el truco es el autodominio.

· He aprendido que por muchos amigos que tenga, si me convierto en su salvador, me sentiré solitario y perdido en los momentos en los que más los necesito.

· He aprendido que puedo cambiar mi vida en cuestión de horas ante la influencia de personas que ni siquiera me conocen.

· He aprendido que aun cuando pienso que no puedo dar más, cuando un amigo pide ayuda, logro encontrar la fortaleza para ayudarlo.

· He aprendido que tanto escribir como hablar puede aliviar los dolores emocionales.

hoy_he_aprendido2· He aprendido que el paradigma en el que vivo, no es la única opción que tengo.

· He aprendido que los títulos sobre la pared no nos convierten en seres humanos decentes.

· He aprendido que las personas se mueren demasiado pronto.

· He aprendido que aunque la palabra amor pueda tener diferentes significados, pierde su valor cuando se usa con ligereza.

· He aprendido que es muy difícil determinar donde fijar el límite entre no herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo. (Anónimo)

 

Publicado en CORAZÓN

La crisis existencial!!

Las frustraciones, cuando no han sido superadas con la fuerza de la esperanza, pueden desembocar en una situación de crisis existencial. La crisis, sin embargo, con no poca frecuencia es solo una toma de conciencia de la realidad, la base de una conversión a la verdad: una sospecha fundada de que la vida no está sólidamente cimentada, de que quizá sea necesario desmontar toda su estructura y edificarla sobre otras bases.

La sensación de vacío puede representar un boquete de claridad que permita mirar más allá del túnel evasivo. En un momento de depresión se piensa: ¡qué extraño me he sentido hoy, como si todo lo que me parecía importante hubiera dejado de serlo! Sí, es como si todo lo que estaba encima se hubiera puesto debajo… No se da uno cuenta, sin embargo, de que precisamente en ese momento ha sucedido algo muy significativo: por un momento se ha levantado el velo de la mentira cotidiana y se ha llegado a vislumbrar un retazo de la realidad de uno mismo y de Dios.

Después de haber escrito estas líneas, me ha impresionado mucho encontrar, narrada en una página de Thomas Mann -Nobel de Literatura- el sentimiento del personaje central de su libro Los Buddenbrook. Esta fuerte impresión se debe justamente a lo similar de esta experiencia con lo que acabo de escribir: Buddenbrook, empresario inteligente y culto, hombre de extraordinaria proyección social, millonario, se encuentra en su magnífica biblioteca… en un momento de sosiego y silencio, mirando los magníficos anaqueles de caoba, repletos de sabiduría, tuvo un momento de conmoción, de perplejidad: no entendía el significado de su vida. «Mi vida… mis posesiones… mi cultura… todo eso ante mi mirada opaca, sin brillo, no es nada. No era esto lo que buscaba. He comenzado a estar insatisfecho de mí mismo. Rico, prestigioso, con una mujer guapa y unos hijos inteligentes; podría decirse que tengo todo lo que un hombre sensato puede desear… y, sin embargo, me siento insatisfecho… como si un amor más alto… un sentimiento más profundo de la existencia me llamara… me he sentido como si estuviese hueco, vacío… he recordado entonces ese sentimiento que me conmovía en la cumbre de los más altos picos, o en la orilla del mar, o cuando mi madre me hablaba de Dios… ¿Estaré teniendo nostalgia de Dios? ¿Será que esta sensación que ahora tengo va a ser un simple paréntesis en mi vida o será que ahora empieza a disiparse la niebla de la superficialidad y comienzo a mirar con detenimiento la profunda realidad de mi existencia?».

tunelEstas sensaciones recogidas por Mann han estado, de alguna manera, presentes en muchos de nosotros a lo largo de nuestras vidas, coincidiendo con momentos especialmente sensibles… Por cualquier circunstancia, porque una melodía despertó nuestra sensibilidad; porque una fiesta familiar evocó en nosotros a nuestros padres o un día, visitando los lugares en que transcurrió nuestra infancia, nos hemos sentido niños otra vez; porque nos han conmovido las palabras y el ejemplo de un amigo, o un gesto de ternura; porque una enfermedad ha guiado nuestros pasos a la necesaria quietud de una cama; porque un dolor inesperado, una contrariedad, nos ha obligado a concentrarnos en nosotros mismos; porque sentimos la separación de un ser querido o por cualquier situación semejante, hemos venido a comprender que entre lo que somos y lo que queríamos ser mediaba un abismo; que entre nuestra alma y Dios -para el cual hemos sido creados y por el que, sin saberlo, suspirábamos se levantaban las paredes del túnel por las que nuestra existencia resbalaba oscuramente… Entonces es cuando pensamos: he entrado en crisis. Y pensamos que conviene ir al psiquiatra. Sin embargo, algo dentro de nosotros nos dice que lo que sentimos no es una enfermedad de la mente que exija un médico, sino una realidad bien diferente: como si comenzaran a desmoronarse los muros del túnel por el que nuestra vida se iba desviando… como si por primera vez nos preguntáramos en serio: ¿cuál es el sentido de mi vida? A este respecto escribe acertadamente Frankl: «preocuparse por averiguar cuál es el sentido de la vida no es… ni una enfermedad ni un fenómeno patológico; antes, al contrario, debemos cuidarnos mucho de pensar tal cosa… Preocuparse por averiguar el sentido de la vida es lo que caracteriza justamente al hombre en cuanto hombre -no se puede imaginar a un animal sometido a estas preocupaciones-, y no nos es lícito degradar esta realidad que vemos en el hombre (incluso siendo esto lo más humano del hombre) a algo excesivamente “humano”, a una especie de debilidad, de enfermedad… de complejo. Podríamos incluso decir que es todo lo contrario»

Seguidamente, el mismo autor nos dice que lo raro no es perder la paz preocupándose por el sentido trascendental de la vida, sino precisamente lo contrario: vivir como un «homúnculo», sin verticalidad, sin una explicación última de la propia existencia. Y habla de forma extremadamente significativa de enfermos psicóticos que solo en sus intervalos de normalidad tenían preocupaciones sobre el sentido de su vida.

Por eso decíamos antes que muchas veces se denomina crisis a lo que es un despertar, un abrir los ojos a la realidad y sentir esa tremenda nostalgia que lleva consigo la ausencia de Dios… una claridad que consigue traspasar las espesas paredes de un túnel. Existen hombres que viven en un mundo de claridad. Hay otros que, como hemos visto, súbitamente sienten una invasión de luz en el túnel de su vida; son momentos privilegiados que piden un despertar, un cambio de actitud, quizá incluso una conversión.

Las crisis existenciales son como los hilos con los que Dios nos ata al sentido verdadero de nuestra vida. La conversión está precedida, con mucha frecuencia, por una crisis. Y la crisis viene a ser como una luz que lleva a la conversión.

Tomado del Libro// EN BUSCA DEL SENTIDO DE LA VIDA de Rafael Llano Cifuentes

Publicado en CORAZÓN

PAPI QUE SIGNIFICA SER POBRE?

Un padre económicamente acomodado, queriendo que su hijo supiera lo que es ser pobre, lo llevó para que pasara un par de días en el monte con una familia campesina. Pasaron tres días y dos noches en su vivienda del campo.

En el automóvil, retornando a la ciudad, el padre preguntó a su hijo:

– ¿Qué te pareció la experiencia?..

 Buena – contestó el hijo con la mirada puesta a la distancia.

– Y… ¿qué aprendiste? – insistió el padre…

El hijo contestó:

– Que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro.

– Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos.

– Que nosotros importamos linternas del Oriente para alumbrar nuestro jardín…mientras que ellos se alumbran con las estrellas, la luna y velas sobre la mesa.

– Nuestro patio llega hasta la cerca.y el de ellos llega al horizonte.

– Que nosotros compramos nuestra comida;…ellos, siembran y cosechan la de ellos.

– Nosotros oímos CD’s… Ellos escuchan una perpetua sinfonía de golondrinas, pericos, ranas, sapos, chicharras y otros animalitos….todo esto a veces dominado por el sonoro canto de un vecino que trabaja su monte.

– Nosotros cocinamos en estufa eléctrica… Ellos, todo lo que comen tiene ese sabor del fogón de leña.

– Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas…. Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.

– Nosotros vivimos conectados al teléfono móvil, al ordenador, al televisor… Ellos, en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus siembras, a su familia.

El padre quedó impactado por la profundidad de su hijo…y entonces el hijo terminó:

– Gracias papá, por haberme enseñado lo pobres que somos!

Cada día estamos más pobres de espíritu y de apreciación por la naturaleza que son las grandes obras del Señor. Nos preocupamos por TENER, TENER, TENER y nos olvidamos del SER, SER, SER….

1342772290_0