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Fiesta de todos los Santos!!

Hoy, queridos hermanos y hermanas, la Iglesia celebra en una sola fiesta a todos aquellos hombres y mujeres, de toda nación, raza, pueblo y lengua (cf. Ap 7, 9), que ya disfrutan del reino de Jesucristo y, por tanto, de la visión de Dios. Todos han compartido, al menos al término de sus vidas, la condición fundamental para llegar a disfrutar de este reino. Lo hemos oído en el evangelio de las bienaventuranzas, cuando Jesús dice: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Tener el corazón limpio es lo que hermana a todos los bienaventurados que hoy veneramos. Con esta expresión de la limpieza de corazón, el Señor designa la pureza interior; aquella actitud que hace que el centro de la persona sea desinteresado, disponible para vivir con fidelidad a Dios. Aquella actitud, por tanto, que mueve a vivir con rectitud en el pensar y en el obrar. Al decir dichosos los limpios de corazón, Jesús, no pone tanto el acento en la perfección moral como en la simplicidad de corazón que lleva a vivir centrado en Dios y a hacer su voluntad.

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La pureza de corazón sólo es posible, sin embargo, acogiendo la gracia de Jesucristo. Por ello, la solemnidad de hoy es, en primer lugar, alabanza a Cristo que con su Misterio pascual nos ofrece a la humanidad entera la posibilidad de ver a Dios y de encontrar la plenitud y la felicidad en él. Y, en segundo lugar, la solemnidad de hoy manifiesta nuestra alabanza a los santos por su respuesta al don de Jesucristo. Y, además, en tercer lugar, la celebración de hoy nos invitados a pedir la oración de todos los santos para que nos ayuden a seguir el camino que lleva a la pureza de corazón y a la plenitud de nuestra realidad personal.
Nos alienta saber que los santos no necesariamente vivieron durante toda la vida la pureza de corazón. En algunos fue una opción tardía porque descubrieron su valor cuando su edad era avanzada, lo que cuenta es el proceso final de conversión y de amor abnegado. También nos ayuda a tener una visión amplia del plan salvador de Dios pensar que, entre los que contemplan a Dios y que hoy veneramos bajo la expresión de “todos los santos”, también los hay que no descubrieron la fe en esta vida, pero vivieron con rectitud y con sinceridad de corazón, haciendo el bien según la propia conciencia. Fue un vez traspasado el umbral de este mundo que encontraron el rostro de Jesucristo como término de lo que ellos, sin saberlo, habían buscado con su vida buena. Los cristianos sabemos que la luz del Espíritu Santo y la semilla del Evangelio de Cristo también actúan más allá de los que hemos recibido el don de la fe (cf. Nostra aetate, 2). Y esto nos anima a dar a conocer, a los hombres y mujeres de buena voluntad que no comparten nuestra fe, el amor de Dios Padre y la entrega personal de Jesucristo, el Señor, porque los conozcan ya en esta vida como fuerza para su vivir y su actuar.
Estos hombres y mujeres que son felices por haber sido de los limpios de corazón y que ahora ven a Dios, eran también los que tenían hambre y sed de justicia y ahora son saciados con la contemplación de Dios que satisface sus deseos más profundos. Son, como dice el libro del Apocalipsis, una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar. Con una gran diversidad de temperamentos y sensibilidades, vividos en circunstancias históricas y sociales muy diferentes las de unos y otros. Con vocaciones variadas dentro de la Iglesia y en el seno de la sociedad. Pero movidos todos por la pureza de corazón, por la rectitud en el obrar, por la adhesión o la proximidad a la palabra de Jesucristo, que les posibilitaron superar los peligros de la vida y vencer el mal con el bien. Y, ahora, están hermanados en la alabanza al Dios Uno y Trino y en el servicio de la intercesión en favor de la humanidad.
Son, como decía, un estímulo para nosotros. Vemos cómo en la Iglesia de hoy también hay diversidad de temperamentos y sensibilidades, y también que hay diversidad de lecturas respecto de las urgencias de nuestro tiempo y de la manera de atenderlas. Pero esta diversidad la debemos vivir desde la comunión fraterna, desde la convicción de que la unidad en la fe y en el amor es compatible con un pluralismo de formas y de expresiones, según aquel principio tan lleno de sabiduría eclesial formulado por San Agustín: en las cosas necesarias debe haber unidad, en las opinables, libertad, y en todo y siempre tiene que haber el amor abnegado.

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En este sentido, la solemnidad de hoy nos ofrece una orientación para vivir nuestra fe cristiana en el tiempo presente y una perspectiva de horizonte para la eternidad. Porque nos habla de cómo Jesucristo nos muestra el camino de la pureza de corazón para indicarnos cuál es el sentido de la vida; de cómo Jesucristo nos salva de la indignidad moral a causa del pecado que poco o mucho nos contamina y nos dice que la muerte corporal no es el final de la persona. Porque veneramos una multitud de hombres y mujeres que ya han muerto pero que sabemos por la palabra de Jesucristo que viven en Dios para siempre.
Estos días conmemoramos el cincuenta aniversario del inicio del Concilio Vaticano II. En la base de la renovación de la Iglesia, situó la santidad de vida de los bautizados. “En la Iglesia -dice- todos están llamado a la santidad” porque “todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad -dice todavía- suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena” (Lumen Gentium, 39). La llamada universal a la santidad, pues, no supone una evasión ante los demás ni sustraernos a los problemas de la sociedad y del país. Al contrario. Debemos ser servidores, tal como nos recuerdan los obispos de Cataluña ante las próximas elecciones, en un momento particularmente importante para nuestro país y en el contexto de la crisis económica y de valores que invade la sociedad. El camino hacia la santidad, pasa tanto por la vivencia de las fe y de la oración, como también pasa por la solidaridad y “por respeto a la dignidad inalienable de las personas y de los pueblos” (cf. Nota del 05 de octubre 2012 ).
Que la gracia transformadora de la Eucaristía nos haga crecer en la santidad y nos impulse a ser testigos del Evangelio de la paz, de la justicia, del amor fraterno y de la felicidad sin fin. ( SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS P. Abad Josep M. Soler)

 

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Siempre hay esperanza y oportunidad para cambiar!!!

Recuerda “Siempre hay esperanza y oportunidad para cambiar porque siempre hay oportunidad para aprender”–(Virginia Satir).
– Hoy, voy a vivir el día a la plenitud, sin preocuparme por como voy a solucionar todos mis problemas en un día.
– Hoy, voy a cuidar mi apariencia fisica. Yo voy a comer sanamente y hacer ejercicios.
– Hoy, voy a ser generosa/o y gentil con la gente a mi alrededor.

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– Hoy, voy a tratar no ser mejor que nadie, voy a ser solo lo mejor de mi misma/o.
– Hoy, voy a ser feliz.- Hoy, voy a adaptarme a lo que voy a hacer y a concentrarme en ese objectivo de hoy, no voy a esperar que las cosas se adapten a mi. Voy a tomar las inicitiavas.
– Hoy voy a dedicar 20 minutos de mi tiempo a leer un buen libro o algo constructivo. Leer es saludable para mi salud mental.
– Hoy, voy a hacer una obra de caridad, sin decirle a nadie.
– Hoy, voy a planear lo que debo hacer y voy a jerarquizar las actividades mas importantes.
– Hoy, voy a seguir mi plan cuidadosamente.
– Hoy, no me voy a sentir miedosa/o.

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– Hoy, voy a ser capaz de disfrutar la vida y creer en la generosidad de la gente.
– Hoy, me voy a rodear de personas, lugares y situaciones que me van a ayudar a sentirme bien conmigo misma y con los demas. Si no puedo cambiar una situación para sentirme valorada/o, yo dejare esa situación, porque la vida es muy corta para perderla de esa manera.
– Hoy, Yo no voy a participar en eventos que me hagan sentir menor que nadie, Yo voy a tomar tiempo para relajarme, escucharme a mi misma/o y disfrutar de estar conmigo misma/o.
– Hoy, voy a disfrutar de las actividades que que a mi me gusta hacer sola/solo. Esto me puede ayudar a estar en intimo contacto conmigo misma/o.
– Yo voy a ser capaz de enfrentar los retos que la vida me presenta.
– Yo no voy a aceptar tratamiento injusto y no igualitario.
– Yo voy a felicitarme por mis logros.
– Yo voy a ser capaz de perdonarme si cometo un error. Yo voy a ser capaz de continuar.
– Yo voy a hacer lo mejor en cada cosa que me comprometo a realizar.

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– Yo tengo la responsabilidad de las cosas que pasan en mi vida.
– Yo soy unica/o y no tengo que hacer las cosas de la manera que otros quieren solo para complacer a los demas.
– Yo se que necisito saber cual es mi lugar y respetar las jerarquias en la relacion con la gente.
– Yo se que puedo hablar con otros cuando no me siento bien con las tareas que me ponen y mejorar la situacion.
– Yo no necesito ponerme brava/o todo el tiempo y gastar mi energia juzgando a los demas injustamente.
– Yo soy unica/o, pero eso no me da el derecho de maltratar a otros.
Yo se que hay cosas de mi que no puedo explicar, y cosas que no entiendo y no se que hacer, pero mientras yo me quiera a mi misma/o y sea amigable conmigo yo puedo buscar las soluciones a esos misterios de mi que a veces tengo y puedo asi conocerme mejor. No importa como yo parezca y luzca a otros, lo que haga y siento, todo esto me pertenece. Esto es autentico y representa lo que yo soy en ese momento de mi vida. Cuando evaluo lo que hago o dije, algunas veces puede ser que no sea apropiado, pero yo puedo mejorar y mantener las conductas que son positivas y que me permiten progresar. Yo puedo pensar, ver, sentir, hacer, crear y escuchar. Yo tengo todas las herramientas para sobrevivir y darle sentido a mi vida. Yo puedo poner orden en mis cosas y en mi vida cotidiana. Yo me pertenezco y en consecuencia yo puedo construirme a mi misma/o. Yo soy yo y yo estoy bien.   (Adaptación de la declaración de estima de si mismo deVirginia Satir).
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Voy a querer a las personas hoy y todos los días!!

Cuando realmente tomas la decisión de querer a las personas, se hace más fácil hacerlo. Querer a las personas y hacer que ellas te quieran a ti, no sólo es importante para tu felicidad, sino también para tu bienestar y para tener éxito en la vida. Vivimos en un mundo de seres humanos, y lo que ellos piensan de nosotros influye en lo bien que nos va en la vida. Así que empecemos a practicar el querer a la gente. ¿Cómo? Sigue estos pasos:
imagesEmpieza el día con una oración de agradecimiento por todas tus relaciones humanas. Mientras te vistes, repite: “Hoy voy a querer a las personas y voy a disfrutar cada contacto personal. Voy a quererlos a él y a ella, y a esta persona y a esta otra”, y sigue nombrando a la gente con la que trates. Piensa en las personas que más amas. Visualiza sus caras, recuerda experiencias felices con ellas, y dale gracias a Dios por ellas.
Ahora piensa en uno o dos individuos que son difíciles de querer. Entonces practica quererlos intencionalmente. El hecho de que esto pueda ser un reto difícil no significa que no se deba hacer. Las disciplinas duras son buenas para el alma. Desarrollan “músculos espirituales”. Mientras más victorias tengas en querer a las personas, más fuerte y más feliz serás hoy y todos los días.
En el proceso de aprender a querer a alguien, después de dar el primer paso –decidir que la persona te va a agradar–, haz una lista de las cualidades agradables que puedes ver en él o ella. Date cuenta cuántas son. Esto te predispondrá a que te agrade la persona, igual que sumar lo negativo te ha predispuesto en el pasado en su contra. A medida que avances en esta base positiva, te asombrarás de las cualidades atractivas que la otra persona posee de las que antes no te habías dado cuenta. A su tiempo, podrías lograr la actitud del fallecido Will Rogers que dijo: “Nunca conocí a una persona que no me gustara”.
El próximo paso es decir algo bueno de la persona que estás tratando de “querer”, y decirlo tan a menudo y a tantas personas como puedas. Pero asegúrate de hacerlo honestamente, y no simplemente como una estrategia para ganar algún beneficio personal.
Si es posible, trata de hacer que la persona problemática te haga un favor. Si no te gusta una persona, ni tú a ella, y tú haces algo por ella, esto puede incluso aumentar su desagrado ya que esto la pone en posición de obligación hacia ti. Además, es posible que considere tu acción como condescendiente. Pero si la animas a que haga algo por ti, se sentirá halagada, y su buena opinión de ti aumentará por lo menos un poco, ya que tú has demostrado respeto por su capacidad. Has mostrado respeto por su ego, y solemos querer a cualquiera que haga eso por nosotros.
Practica enviar intencionalmente pensamientos de buena voluntad, amor y estima, a la persona que no te gustaba o que no te quería. Hay una fuerza de transmisión poderosa en los pensamientos dirigidos de esta manera, ya sea que la persona esté o no esté presente. No es necesario decir ninguna palabra en voz alta. Esta buena voluntad se comunica por sí sola y estimula respuestas recíprocas de buena voluntad por parte de la otra persona. Haz esto todos los días. También, imagina que tu pensamiento amistoso “alcanza” a la otra persona.
Nunca aceptes la tendencia a no querer a alguien. Desarrolla una genuina aversión por la antipatía para evitar caer en un estado de hostilidad. Echa afuera constantemente toda la aversión acumulada. Haz esto con regularidad hasta que se vaya completamente y no regrese jamás.

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Practica la gran técnica espiritual y útil de la Biblia: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44). La oración constante, sincera y bondadosa disuelve el odio y el rencor. Uno de los hombres más agradables que he conocido es un ejecutivo de una gran compañía de la zona norte central de Estados Unidos. A él le gusta todo el mundo y parece que todo el mundo lo quiere. Le pregunté cómo había desarrollado esta actitud de agrado. “Bueno, pues”, me contestó, “yo estoy consciente de que todos somos hijos de Dios y tenemos un gran valor. Y siempre trato de poner la mejor connotación posible en todo lo que la gente hace o dice. Como resultado, a mí me gustan las personas y supongo que yo también les gusto a ellas”. Estoy seguro de que no te sorprenderá saber que este hombre tiene un buen día todos los días.
Tomado del libro “Cómo tener un buen día todos los días” por Norman Vincent Peale.