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Mi corazón es pobre!!

Mi corazón es pobre, Señor, yo me siento de barro, soy como arcilla abandonada que espera las manos del alfarero. Pon tus manos, Señor, tu corazón, en mi miseria, llena el fondo de mi vida de tu misericordia. Protege mi vida. Sálvame. Confío en Ti.
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Yo sé que Tú eres bueno y me perdonas. Sé que eres misericordioso con quien abre su corazón a tu amor y lealtad. Escúchame, atiéndeme. Te llamo. Yo vengo a estar contigo y a quedarme junto a Ti.
Me callo ante tu presencia porque Tú conoces lo íntimo de mi vida. Aquí estoy, Señor, con mi corazón como es: que no oculte nada a tus ojos.
Tú eres grande. Tú haces maravillas. Tú, el único Dios. Enséñame, Señor, tu camino y que mis pasos sigan tus huellas con fidelidad.
Que mi corazón, sin dividirse, sea todo tuyo. Te doy gracias de todo corazón, señor, Dios mío, te diré siempre que Tú eres amigo fiel. ¡ Yo he experimentado tu misericordia!. Me has hecho revivir, volver al  camino.
Señor, yo me alegro, porque eres un Dios compasivo. Me alegro porque eres piadoso y paciente. Me alegro porque eres misericordioso y fiel. Señor, mírame. Ten compasión de mí. Dame fuerza.
Tú Señor, siempre estás pronto a ayudarme y animar mi corazón cuando decae. Tú, Señor, toma mi corazón de barro y moldéalo según la grandeza de tu misericordia.

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Me consideró digno de confianza?

Hay un texto de san Pablo que me encanta; es una confesión de fe, un himno de alabanza: «Doy gracias a aquel que me revistió de fortaleza, a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio» (1Tm 1,12)1.
Cuando alguien nos considera dignos de confianza, indirectamente nos está expresando su valoración por nuestra trayectoria y nos está haciendo un reconocimiento. Cuando alguien nos considera confiables, sin preocupación puede encargarnos algún trabajo o servicio, pedirnos cuidar algo valioso o importante, hacernos una confidencia… Por otra parte, el que alguien confíe en nosotros es un gran estímulo para hacernos más dignos de confianza.

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Pero, ¿en qué nos basamos para saber si podemos confiar en una persona? En primer lugar, en sus cualidades: como la sinceridad, la honradez, la prudencia, la discreción, la generosidad… En su inteligencia, que le permitirá discernir qué conviene hacer en cada momento y resolver creativamente los problemas. En su responsabilidad y eficacia para realizar lo que se le pide. En su creatividad e iniciativa para buscar la mejor manera de realizarlo. En sus capacidades, habilidades y conocimientos específicos para una tarea: para ser piloto un avión, director espiritual, secretaria, fisioterapeuta, guía alpino o mecánico.
¡Qué gracia de Dios es contar con la ayuda y amistad de personas en las que podamos confiar! ¡Qué bendición, poder confiar ciegamente en Dios! «Yo sé bien en quién he puesto mi confianza», decía san Pablo (2Tm 1,12).
Dichosos nosotros, si los demás –incluido, desde luego, Dios– nos consideran dignos de confianza. Más dichosos todavía, si, con la ayuda del Espíritu Santo, actuamos a la altura de la confianza que otros han depositado en nosotros.
Autor// Fernando Torre, msps.
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Señor Jesús, pido especialmente la gracia de perdonar!!

 Señor Jesucristo, hoy te pido la gracia de poder perdonar a todos los que me han ofendido en mi vida.
Sé que Tú me darás la fuerza para perdonar.
Te doy gracias porque Tú me amas y deseas mi felicidad más que yo mismo.
 “Señor Jesucristo, hoy quiero perdonarme por todos mis pecados, faltas y todo lo que es malo en mí y todo lo que pienso que es malo.
 Señor, me perdono por cualquier intromisión en ocultismo, usando tablas de uija, horóscopos, sesiones, adivinos, amuletos, tomado tu nombre en vano, no adorándote; por herir a mis padres, emborracharme, usando droga, por pecados contra la pureza, por adulterio, aborto, robar, mentir.
 Me perdono de verdad. Señor, quiero que me sanes de cualquier ira, amargura y resentimiento hacia Ti, por las veces que sentí que Tú mandaste la muerte a mi familia, enfermedad, dolor de corazón, dificultades financieras o lo que yo pensé que eran castigos. ¡Perdóname, Jesús, Sáname!
Señor, perdono a mi madre por las veces que me hirió, se resintió conmigo, estuvo furiosa conmigo, me castigó, prefirió a mis hermanos y hermanas a mí, me dijo que era tonto, feo, estúpido o que le había costado mucho dinero a la familia, o cuando me dijo que no era deseado, que fui un accidente, una equivocación o no era lo que quería.
Perdono a mi padre por cualquier falta de apoyo, falta de amor, o de afecto, falta de atención, de tiempo, o de compañía, por beber, por mal comportamiento, especialmente con mi madre y los otros hijos, por sus castigos severos, por desertar, por estar lejos de casa, por divorciarse de mi madre, por no serle fiel.
Señor, perdono a mis hermanos y hermanas que me rechazaron, dijeron mentiras de mí, me odiaron, estaban resentidos contra mí, competían conmigo por el amor de mis padres; me hirieron físicamente o me hicieron la vida desagradable de algún modo. Les perdono, Señor.
Señor, perdono a mi cónyuge por su falta de amor, de afecto, de consideración, de apoyo, por su falta de comunicación, por tensión, faltas, dolores o aquellos otros actos o palabras que me han herido o perturbado.
 Señor, perdono a mis hijos por su falta de respeto, obediencia, falta de amor, de atención, de apoyo, de comprensión, por sus malos hábitos, por cualquier mala acción que me puede perturbar.
Señor, perdono a mi abuela, abuelo, tíos, tías y primos, que hayan interferido en la familia y hayan causado confusión, o que hayan enfrentado a mis padres.
 Señor, perdono a mis parientes políticos, especialmente a mi suegra, mi suegro, perdono a mis cuñados y cuñadas.
Señor, hoy te pido especialmente la gracia de perdonar a mis yernos y nueras, y otros parientes por matrimonio, que tratan a mis hijos sin amor.
Jesús, ayúdame a perdonar a mis compañeros de trabajo que son desagradables o me hacen la vida imposible. Por aquellos que me cargan con su trabajo, cotillean de mí, no cooperan conmigo, intentan quitarme el trabajo. Les perdono hoy.
 También necesito perdonar a mis vecinos, Señor. Por el ruido que hacen, por molestar, por no tener sus perros atados y dejar que pasen a mi jardín, por no tener la basura bien recogida y tener el vecindario desordenado; les perdono.
 Ahora perdono a mi párroco y los sacerdotes, a mi congregación y mi iglesia por su falta de apoyo, mezquindad, falta de amistad, malos sermones, por no apoyarme como debieran, por no usarme en un puesto de responsabilidad, por no invitarme a ayudar en puestos mayores y por cualquier otra herida que me hayan hecho; les perdono hoy.
 Señor, perdono a todos los profesionales que me hayan herido en cualquier forma, médicos, enfermeras, abogados, policías, trabajadores de hospitales. Por cualquier cosa que me hicieron; les perdono sinceramente hoy.
 Señor, perdono a mi jefe por no pagarme lo suficiente, por no apreciarme, por no ser amable o razonable conmigo, por estar furioso o no ser dialogante, por no promocionarme, y por no alabarme por mi trabajo.
 Señor, perdono a mis profesores y formadores del pasado así como a los actuales; a los que me castigaron, humillaron, insultaron, me trataron injustamente, se rieron de mí, me llamaron tonto o estúpido, me hicieron quedar castigado después del colegio.
 Señor, perdono a mis amigos que me han decepcionado, han perdido contacto conmigo, no me apoyan, no estaban disponibles cuando necesitaba ayuda, les presté dinero y no me lo devolvieron, me criticaron.
 Señor Jesús, pido especialmente la gracia de perdonar a esa persona que más me ha herido en mi vida. Pido perdonar a mi peor enemigo, la persona que más me cuesta perdonar o la persona que haya dicho que nunca la perdonaría. “Gracias Jesús, porque me estás liberando del mal de no perdonar y pido perdón a todos aquellos a los que yo también he ofendido.
  Gracias, Señor, por el amor que llega a través de mí hasta ellos. Amén.
Autor// Padre ROBERT DEGRANDIS, S.S.J

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ORAR Y ESTUDIAR CON SANTO TOMÁS DE AQUINO!!

CONSEJOS DE SANTO TOMÁS A UN ESTUDIANTE
Son consejos prácticos y sensatos. Pudiera parecer que han perdido vigencia, pero si se explican detenidamente, tienen su “aquel”. En una ocasión un estudiante pidió consejo a Santo Tomás para conseguir la sabiduría. Sus consejos responden a lo que él realmente estaba practicando. Son los siguientes: Puesto que me preguntaste, carísimo en Cristo, Juan, cómo te debes comportar para lograr el tesoro de la ciencia, estos consejos te doy sobre el particular:
1. No quieras entrar inmediatamente en el mar, sino a través de los riachuelos, pues a lo difícil se debe llegar por lo fácil.
2. Te mando que seas taciturno (callado, observador…) y que vayas poco al locutorio.
3. Procura tener limpia la conciencia.
4. No dejes de dar tiempo a la oración.
5. Ama el retiro prolongado de la habitación si quieres entrar en la bodega de la sabiduría.
6. Muéstrate amable con todos.
7. No te preocupes de las cosas de los demás (de las habladurías y cosas sin importancia…)
8. No te muestres demasiado familiar con nadie, porque la excesiva familiaridad engendra desprecio y resta tiempo al estudio (de dar “ciertas confianzas” a personas con las que no hay amistad…)
9. No te entrometas en modo alguno en los dichos y hechos de los seglares.
10. No quieras tratar de todo a la vez.
11. Procura seguir los pasos de las personas buenas y santas.
12. Encomienda a la memoria todo lo bueno que oyes, venga de quien venga.
13. Procura entender lo que lees o escuchas.
14. Clarifícate en las dudas.
15. Esfuérzate en colmar la capacidad de tu mente, cual deseoso de llenar un vaso vacío.
16. No intentes hacer lo que supera tu capacidad. Si sigues este camino producirás durante tu vida en la viña del Señor hojas y frutos útiles. Si atiendes a mis consejos conseguirás lo que pretendes.
Esta oración tiene el estilo propio de su época, pero no ha perdido su valor. Puede tener un “sabor viejo”, pero hay que situarse en su momento y su espiritualidad. A los que ya somos viejos, nos sirve. Y a los jóvenes, con mente y corazón abiertos, les puede servir.
ORACIÓN DE SANTO TOMÁS PARA ANTES DEL ESTUDIO
Creador inefable,
que en los tesoros de tu
sabiduría has establecido tres
jerarquías de ángeles,
y las has colocado sobre el cielo
con orden admirable
y has dispuesto admirablemente
todas las partes del universo.
Tú que eres considerado
verdadera fuente de la luz,
y principio eminente de la
sabiduría, dígnate infundir un
rayo de tu claridad en las
tinieblas de mi inteligencia,
alejando de mí las dos clases de
tinieblas con las que he nacido:
la del pecado y la de la
ignorancia.
Tú, que sueltas las lenguas de
los niños, prepara mi lengua
e infunde la gracia de tu
bendición en mis labios.
Concédeme la agudeza para
entender, la capacidad para
asimilar, el modo y la facilidad
para aprender, la sutileza para
interpretar y la gracia abundante
para hablar.
Dame acierto al comenzar,
dirige el desarrollo,
completa la conclusión.
Tú que eres verdadero Dios
y verdadero hombre,
y que vives y reinas
por los siglos de los siglos.

s.Tommaso1

Amén.