Publicado en AMOR, CONFIANZA, CORAZÓN, DIOS, ESPERANZA, FAMILIA, PERDON, PSICOLOGIA, SANACION, SOLEDAD, TERNURA, TRISTEZA, VIDA

¡Todos los días! Cada mañana hay que dar la vida.

Lucas 9,22-25. ¡Cuando la muerte conduce a la Vida! Jesús ha comunicado a los hombres la voluntad salvífica de Dios, pero sólo ha encontrado escepticismo y odio. Un Mesías sufriente… no era lo que Israel esperaba, ni tampoco lo que esperaba Jesús. Y, sin embargo, llegado el momento, «tomará decididamente el camino de Jerusalén». Las circunstancias impondrán este camino, y la salvación pasará por el fracaso y el sufrimiento. ¡Todos los días! Cada mañana hay que dar la vida. Cada mañana se presentan ante el hombre los dos caminos que conducen, uno a la nada, el otro a la transfiguración. Cada día hay que entrar en el juego del amor, con una fidelidad incondicional a la voluntad de Dios.

Fotolia_17477297_Subscription_XLCada mañana es una gracia nueva, una invitación de Dios a llegar más lejos en el camino. Y, sin embargo, ¡cuántas mañanas oscuras en las que todo parece volvernos la espalda! En esos momentos el hombre experimenta la tentación de proteger su vida, de ganarla parándose obstinadamente en el pasado. En apariencia, el camino de la mañana parece que conduce a la muerte. Anuncia la cruz que se perfila en el horizonte, y quizá más valdría darse la vuelta. Pero hay que avanzar en la fe y en la esperanza, ya que la gracia del nuevo día es una gracia progresiva y paradójica. «El que quiere salvar su vida la perderá». Nuestra vida no existe sino en las manos de Dios, dentro de una alianza en la que el Señor exige una preferencia absoluta. Sin embargo, los caminos de Dios no son forzosamente nuestros caminos. Dios no revela el futuro, se compromete en él y garantiza que la subida, dura e incierta, desemboca en una vida más plena. Pero esto ocurre en la fe.

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¡Camino de cruz! No forzosamente camino constante de sufrimiento, pero sí camino siempre de absoluto y de renovación. El discípulo no puede detenerse. Siempre está en camino. Marcha resueltamente con Jesús. Y si le viene la tentación de detenerse, sabe muy bien que esa aparente seguridad sólo puede hundirle en la muerte. La vida está siempre en el futuro. Como Dios.

Dios de vida,

mañana que renace sin cesar,

no nos dejes ceder

a la facilidad del camino de la muerte.

Que con tu Hijo Jesús

vayamos decididamente siempre más lejos,

en la esperanza que nunca se desilusiona.

Pues sabemos ya

que toda cruz es la señal

de una resurrección inesperada

en Jesucristo, tu Amado.

   Te pedimos por los que pierden su vida

acumulando lo inútil:

¡hazles descubrir la gracia de la pobreza!

También te pedimos por los que no tienen nada,

por aquellos a quienes la vida les ha quitado lo necesario:

¡tiende hacia ellos una mano fraterna!

Te pedimos por nosotros mismos:

¡que caminemos sin dudar

y llevemos juntos el yugo de tu amor!

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40 frases del Papa Francisco para la Cuaresma!!

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1.Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza.
2. La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama.
3. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias.
4. La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice San Pablo— «…para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación.
5. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica.
6. ¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss).
7. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios.
8. La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre.
9. Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.
10. Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los  Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres.
11. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.
12. A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas.
13. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria mora y la miseria espiritual.
14. Frente a la miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad.
15. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo.
16. No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado.
17. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía!
18. ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud.
19. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso.
20. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.
21. El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual
22. Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza!
23. Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío.
24. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre.
25. Este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico.
26. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza.
27. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.
28. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal.
29. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas.
30. La miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente.
31. Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad.
32. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias.
33. Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados.
34. Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros.
35. La riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria.
36. Cuando Jesús nos invita a tomar su “yugo llevadero”, nos invita a enriquecernos con esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano.
37. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.
38. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria  moral  y la miseria espiritual.
39. El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de San Pablo?
40. ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una  vida pobre en sentido evangélico?

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