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DIOS TE LLAMA A UNA VIDA PLENAMENTE FELIZ !!

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¿Te has preguntado alguna vez porqué tu vida frecuentemente es superficial, vacía, insignificante? ¿Has pensado que de algún modo andas como esclavizado y experimentas adentro de ti un ansia viva de amar y ser amado tal como eres? ¿Te has percatado ya de que tú no eres el quicio del universo y de que eres frágil, débil? ¿Sabes que todos tenemos que morirnos y que ninguno escoge el día o la hora? ¿Sabes ya que no estás en el mundo por casualidad? Si quieres experimentar un Amor que salva, sin juzgarte ni condenarte, un Amor que ama porque nos conoce sin tapujos ni máscaras porque sabe como somos realmente, escucha y acepta que:
1º.- Dios te ama y tiene un plan para tu vida. Su amor incluye a todo ser humano. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él” (Juan 3,16 s.)
2º.- Acepta que El pecado te separa de Dios. El pecado es la rebelión del hombre contra Dios, que resulta de la desobediencia a la voluntad de Dios. Todos hemos pecado “Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3,23). De ordinario el hombre trata de encontrar significado a los distintos sucesos y acontecimientos de su vida y busca la felicidad en las cosas, en el dinero, en el trabajo, en la filosofía, etc. Hasta que se percata de que sus propios esfuerzos no pueden salvar. Ignora que Dios se manifiesta en la historia porque Dios hace que la historia se convierta en salvación por su gracia: “Y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús” (Rom. 3, 24). “Porque habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros,sino que es don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2,8-9)
3º.- Acepta que Cristo Jesús murió por nuestros pecados. Él murió en nuestro lugar. “En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; – en verdad, apenas habrá quién muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir-; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Romanos 5,6-8)
4º.- Acepta que eres un pecador y pídele perdón a Dios. El arrepentimiento incluye:
  • reconocimiento de nuestros pecados,
  • dolor por nuestros pecados,
  • confesión de nuestros pecados,
  • estar dispuestos a abandonar nuestros pecados.
Dios ha prometido perdonarnos: “si confesamos nuestros pecados, Él fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1ª de Juan 1,9)
5º.- Recibe a Cristo como tu Salvador. Cristo está Vivo. ha resucitado de entre los muertos y te llama: “He aquí yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye hoy mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Apocalipsis 3,20) Recíbelo ahora mismo. “Mas a todos lo que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1,12). Y por tu parte,
  • Arrepiéntete de tus pecados.
  • Pídele a Dios que perdone tus pecados.
  • Recibe a Cristo como tu salvador personal. Puedes orar así:
Dios de amor, sé que soy un pecador y confieso que necesito que me perdones. Creo que Jesucristo murió por mis pecados. Acepto a Jesucristo resucitado como mi salvador personal. Padre, si Tú me ayudas, si Tú me concedes el Espíritu Santo, abandonaré mi vida de pecado. Sé que tu gracia y tu poder me capacitarán para vivir una vida que valga la pena. Amén. Gracias, Señor.
Esto te ayudará a vivir una vida que vale la pena .Asegúrate que tienes el perdón de Cristo. Busca un sacerdote y otros cristianos que se interesen en ti. Lee tu Biblia y reza todos los días. Comparte tu fe con otros. Establece una relación vital con la Iglesia Católica, que es el Cuerpo de Cristo.
Tomado de la página web de la parroquia de Santa María de Magdalena de Getafe (Madrid, España).
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¡OH DIOS MIO, YO TE AMO!

4 (3)Si me preguntaras cuál es la oración mejor y más corta que pudieras ofrecer a Dios en todo tiempo y en todo lugar, sin titubear yo te daría la respuesta en seis palabras: ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO!
Y entusiastamente te exhortaría para que repitieras estas palabras ardientes durante todas las horas que pases despierto. Nada puede ser más grato a Dios, ni tan edificante para ti que tales actos de amor frecuentes y fervorosos.
Al principio estas palabras pudieran parecerte mecánicas, o sonar artificiales en tus labios, pero a fuerza de repetición pronto llegarían a convertirse en tan significativas para ti, como en realidad lo son.
¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! No existe un pensamiento que valga la pena, sentimiento o aspiración que estas palabras no puedan comunicar hasta Dios, de ti. En tus labios y en tu corazón pueden convertirse en la fórmula y la expresión de toda virtud y de todo deseo. Precisamente porque significan lo que significan, estas palabras pueden expresar un sin número de otros significados que pueden cobrar para ustedes. ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO!… Es decir, creo en Ti, te adoro, espero en Ti, siento haberte ofendido… Te amo en esta alegría, en este dolor, en esta desilusión… Quiero amarte y hacer que Te amen más y más. Sí, esto y mucho más es lo que quieres decir cada vez que digas: ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO!.
¿Por qué es esta oración corta, o aspiración, tan rica en significados y bendiciones de toda naturaleza. ¿Por qué quisiera yo que tú siguieras repitiéndola innumerables veces? Porque es la expresión perfecta de la caridad, la mayor de las virtudes, y cada vez la estarías aprovechando en el corazón así en los labios, y estarías cumpliendo con el mayor de todos los Mandamientos. Recordarás que un día, cierto Doctor de la Ley, deseando someter a prueba a Jesús, se acercó a El preguntándole: ¿ Cuál Mandamiento de la Ley de Dios es el mayor?.
Citando palabra por palabra de Deuteronomio, uno de los Libros del Antiguo Testamento, Jesús dio la tan conocida respuesta: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Este es el mayor de los Mandamientos y el primero.
Sabrás, que el amar a Dios es la única finalidad adecuada de nuestra existencia.
Así como las aves fueron creadas para volar y los peces para nadar y las estrellas para iluminar el cielo, así nuestros corazones fueron creados para amar a Dios. Para poder alcanzar esta finalidad, recibimos en el Bautismo, junto con la gracia santificante, las virtudes teológicas de la fe, esperanza y caridad, así como todos los demás dones y las virtudes necesarias para vivir la vida sobrenatural. Las probabilidades son sin embargo, que todas estas virtudes infundidas en nosotros no se desarrollen ni crecerán en nuestras almas como debieran, si no tenemos el cuidado o la precaución de llevar a cabo actos correspondientes. De allí la importancia de multiplicar nuestros actos de fe, esperanza y caridad. Pero, como venía diciendo, un acto de amor puede incluirlo todo.
¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! Todos los santos han vivido y han muerto con estas palabras en sus corazones si no en los labios. San Agustín nunca pudo dejar de admirarse de que Dios infinito nos hubiera mandado a nosotros los pobres pecadores que le amásemos. “¿Quién soy, ¡Oh Dios mío!, para que Tú me mandes que te ame y amenazarme con tu ira si no Te amo?”.
San Juan de la Cruz solía decir que “el menor movimiento de amor puro es de mayor valor para la Iglesia que todas las obras juntas”. A punto de despachar a sus misioneras al Nuevo Mundo, Santa Magdalena Sofía Barat les dijo: “Si solamente lograran ir hasta donde pudieran establecer un solo Tabernáculo, y lograr de un solo pobre ser salvaje un único acto de amor, ¿no sería esto una felicidad tan grande que perduraría por el resto de sus vidas y conseguiría para ustedes el mérito abundante para toda la eternidad?”.
Santa Teresa del Niño Jesús que murió con este mismo acto de amor en sus labios ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! previamente había afirmado: “solamente existe una cosa única que debemos hacer durante este breve día, o mejor dicho, esta breve noche de nuestra existencia: es amar, amar a Jesús con toda la fuerza de nuestro corazón y salvar almas para El, para que El sea amado”. El Beato Eimardo había dicho en confianza “Me ha parecido que moriría feliz si mucho amara a la Eucaristía y a la Santísima Virgen.”
Si quieres vivir y morir como los Santos en amor y gozando de la amistad de Dios, también tu deberás adquirir y cultivar la costumbre de hacer fervientes actos de amor cada día de tu vida, recordando siempre que uno sólo de estos actos puede borrar no solamente tus pecados diarios y tus imperfecciones, sino todos los de una vida entera siempre y cuando naturalmente tengas la intención de hacer una buena confesión en cuanto te sea posible. Recuerda al buen ladrón en la cruz, él hizo un acto único de amor perfecto. Allí en ese momento el Cristo Moribundo lo canonizó. “Este día, El le aseguró, estarás conmigo en el Paraíso”.
¿Qué sería más fácil y más meritorio a la vez que decir: ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! cuando te levantes en la mañana o cuando te retiras por la noche, en tu alegría y en tu pena, en la salud y en la enfermedad, en la Iglesia o en el hogar, en el juego o en el trabajo, en la calle o en la tienda, en todas tus actividades durante las idas y venidas del día?.
Una vez que hayas adquirido el hábito de hacer actos frecuentes de amor, puedes implantar y alentar ese mismo hábito entre tus amigos, parientes y conocidos, principalmente los enfermos y moribundos, entre los niños en el hogar y en la escuela. Si a los niños en la escuela y en el hogar se les enseña por medio de la palabra, ejemplo y alentándoles, la costumbre de decir frecuentemente con fervor estas seis palabras: ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! Su educación en verdad se verá coronada de éxito perdurable y se multiplicarán las vocaciones.
¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! Piensa en la gloria que puedes dar a Dios, del bien que puedes hacer a las almas en la tierra y en el Purgatorio, si constantemente repites este acto de amor en todo tiempo y en todo lugar y animas a tantos como puedas para que hagan otro tanto. Piensa en las bendiciones que lloverían sobre tu parroquia y tu patria si de cientos de fieles y miles de ciudadanos, continuamente se elevaran actos de amor hacia Dios.
Déjame asegurarte una vez más que si sigues diciendo frecuentemente y de corazón estas seis palabras, ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! El en verdad te hará muy santo y feliz en el tiempo y la eternidad.
Rev. Jules V. Simoneau, S.S.S.
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NUEVA CREACIÓN..

Isaías 65,17-21. Escuchad la palabra del Señor, escuchad el juicio que pronuncia sobre su pueblo. «Mirad, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva». La vida prevalece sobre la muerte; el poder de la salvación, sobre las fuerzas caóticas. En Jerusalén, la alegría será para siempre. Ya no se escuchan llantos ni gritos en la ciudad, pues Yahvé habla al corazón de Israel: «Pueblo mío», y éste responde: «mi Dios». El capítulo 65, atribuido al Tercer Isaías, aparece como una declaración judicial dirigida por Yahvé a su pueblo. Contiene dos partes esenciales: una primera sección que habla de los rebeldes (vv. 1-12), y una segunda que los opone a los fieles del Señor (vv. 13-25).
1 (3)El salmo 29 es un salmo de acción de gracias individual. Sin embargo, su utilización con ocasión de la dedicación del Templo le dio un carácter «nacional». Expresaba el reconocimiento de Israel, a quien Yahvé hizo revivir cuando el pueblo iba a la muerte.
Juan 4,43-54. «Alprincipio ya existía la Palabra…, y la Palabra era la vida». El agua de las purificaciones transformada en vino, los antiguos sacrificios abolidos y reemplazados por el culto «en espíritu y en verdad», el agua viva… Jesús inaugura un nuevo orden de cosas; él es el camino que conduce a la verdadera vida, la vida eterna. Jesús da esta vida por medio de su palabra: «Anda, tu hijo está curado». El hombre, un funcionario de Herodes Antipas, cree en la palabra de Jesús y se va. Más tarde se entera, por sus servidores, de que su hijo moribundo había vuelto a la vida a la hora en que la palabra había sido pronunciada. «Quien escucha mi Palabra y cree en el que me envió, posee vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida» (5,24). Fue en Cana, donde Jesús había manifestado ya su gloria.
Sobre el salmo 30:
El enemigo me arrastraba y se reía de mí,
pero tú, Señor de los vivos,
me libraste de la fosa y del abismo.
Un velo negro entenebrecía la tierra,
y tú, Dios de toda esperanza,
cambiaste nuestra noche en luz de paz.
Estabas encolerizado, y todo se convertía en polvo,
pero tú levantaste a tu Hijo de entre los muertos.
¿Cómo, Señor, el corazón nuestro
podría dejar de cantarte?
Tres_muchachosJuan Bautista ha declarado que Jesús es el elegido de Dios. Algo nuevo ha aparecido en la historia de la salvación; el vino nuevo de la era mesiánica ha reemplazado al agua de las purificaciones. Con Jesús, el designio de Dios ha entrado en una última etapa, extraña por su novedad y llena de promesas. «En aquellos días, haré que brote agua sobre los montes pelados y transformaré el desierto en fuente». Darles agua viva ha consumado la espera de los más pequeños. Se han cumplido los tiempos; como en los primeros albores del universo, Dios ha elegido la vida. La palabra de Dios realiza lo que dice. «Como la lluvia no vuelve a la tierra sin haberla fecundado, así tampoco la palabra de Dios vuelve a él sin haber dado fruto». En los albores del universo, Dios habló, y se hizo la luz; habló de nuevo, y fue creada la tierra, con flores para adornarla y animales para poblarla. Dios habló, y el hombre salió del soplo de su boca.
Aparece Jesús, y el Creador recorre de nuevo la tierra. Su palabra lo renueva todo. El Espíritu, que se había callado con el último de los profetas, habla de nuevo y restaura la creación en su belleza primigenia. «Escuchad lo que os dice». «Sí, palabra del Señor, voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. Ya no se oirán gemidos ni llantos. Ya no serán arrebatados los lactantes ni habrá ancianos que no colmen sus días». ¿Cómo hemos leído el Evangelio para que la cuaresma se haya convertido en un tiempo fúnebre? ¿No es más bien el tiempo en el que Dios anuncia: «La exaltación que voy a crear, eso será Jerusalén, y el entusiasmo será su pueblo»? Tiempo de recreación. Jesús llegaba a Galilea, volvía a Cana, donde había transformado el agua en vino. Hermano, el vino desborda, la boda ha comenzado, la Palabra va a dar su fruto. Haz cuaresma, es decir, déjate agarrar por Dios. ¿No sientes cómo el vino nuevo corre por tus miembros muertos? ¿No descubres la loca esperanza que te prende? Levántate. La Palabra dijo allí para siempre: «Está vivo».
Señor, escasea el vino nuevo
y nuestros corazones están resecos.
¡Ten piedad de nosotros!
Desciende antes de que perezcamos:
nuestras esperanzas se tambalean.
¡Ten piedad de nosotros!
Renueva nuestros corazones,
pues seguimos mirando nuestro pasado
y desesperamos.
¡Ten piedad de nosotros.

Fuente// DIOS CADA DÍA Siguiendo el «Leccionario»