Publicado en AMOR, Comunicación, CONFIANZA, CORAZÓN, DIOS, ESPERANZA, EVANGELIO, SOLEDAD, TERNURA, TRISTEZA, VIDA

Hoy es un buen día…

Para retomar la esperanza, virtud que algunos añoran y otros propagan, porque tienen la confianza de que el mundo puede ser mejor, la realidad puede cambiar, los sueños de los poetas pueden ser cabalgados y los seres humanos pueden ser hermanos en Jesucristo, Señor de señores.
Para decirle a Jesucristo, al igual que los Apóstoles: Señor, aumenta nuestra fe. Aumenta nuestro amor a ti y al prójimo que por ti se transforma en hermano.
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Para despertar con el pie derecho o con el izquierdo, pues, peor es no despertar con ninguno de los pies. Demos gracias a Dios por nuestros pies, nuestras piernas, nuestro cuerpo, nuestras manos hechas para edificar, levantar al que cae, señalar a Cristo como el camino, abrazar y apoyar a la gente que nos rodea comenzando por nuestra familia.
Para sanar heridas, por muy profunda que sean, en Nombre de Jesucristo, el Señor, sanarán. Aprovechemos proclamar una oración con el corazón agradecido: Señor, Jesús, toma mi vida, mi corazón, mi fuerza, mi fe, mi esperanza y confianza en ti. Pongo en tus manos lo que soy y anhelo. Me conoces cuando voy de camino y cuando descanso, en este momento, Señor, Jesús, sana mis heridas, cicatrízalas, en tu Nombre, Señor, proclamo mi sanación y la sanación de mi familia. Que no haya enfermedad, dolor, tristeza, angustia, resentimientos, rabias ni odios que se mantengan de pie ante tu poder y tu gracia que me sana, salva y perdona, amén.
Hoy es un buen día para pedir por el aumento de las vocaciones sacerdotales y religiosas. Por cierto, no vayamos a hacer como aquella señora que pedía a Dios: Señor, aumenta las vocaciones sacerdotales y religiosas, que surjan jóvenes con vocación sacerdotal, pero por favor, Señor, te pido enormemente que los sacerdotes salgan de los hijos de la vecina, porque yo quiero nietos. Recordemos que los sacerdotes salen de las familias de nuestras parroquias, no salen de otros lugares. Bendita la familia que ora por las vocaciones de los propios hijos.
Hoy es un buen día para pedir a Dios, Uno y Trino, nos proteja de todo mal. En Nombre de Jesucristo, proclamo la liberación y protección sobre ti y tu familia, la liberación de toda presencia maligna, brujería, hechicería, maleficio, cruces y trabajos destinados a destruir. Que el poder invencible de Dios esté sobre ti y tu familia por siempre.
Sigamos pidiendo por la liberación de Francisco “Paco” Muradas y por tantas personas que sufren el secuestro dentro y fuera de Venezuela. Pidamos a Dios, Uno y Trino, fortaleza para su familia.
 Autor: Padre Gerardo Moreno

 

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Evangelio según San Marcos 13,33-37.
Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento.
Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana.
No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.
Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!”.
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Comienza el Adviento, con el que preparamos la venida de nuestro Salvador. Con la llegada de Jesucristo a la Tierra para iluminar la noche de este mundo, esta tierra ya no es sólo un valle de lágrimas, aunque el sufrimiento tenga un protagonismo excesivo, porque todas las angustias que vemos y sentimos están amparadas por una misericordia amorosa: “Pastor de Israel, escucha; tú que te sientas sobre querubines, resplandece. Despierta tu poder y ven a salvarnos”, pedimos con el Salmo Responsorial. Quien celebre así el Adviento aguardará con alegría la Navidad próxima y la eterna y entenderá porqué esa fiesta llena de gozo el corazón de los creyentes.
Toda nuestra existencia es un adviento, una preparación para el encuentro con el Señor. Todos, cada cual a su tiempo, seremos el invitado que se presenta a la gran fiesta del cielo donde nos aguarda “el dueño de la casa”. De ahí la invitación del Evangelio de hoy a estar vigilantes, a que nuestra vida esté orientada a Dios, “pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos” (Evangelio). La muerte, para un buen cristiano, no es nunca repentina o inesperada. Repentina es una cosa que no se espera, y nosotros debemos estar, con vigilante conciencia, aguardando a Dios. “La muerte repentina es como si el Señor nos sorprendiera por detrás y, al volvernos, nos encontráramos en sus brazos” (San Josemaría Escrivá).
El hombre es el único ser que sabe que va a morir. No es morboso considerar esto. No es caprichoso asociar el sentido común con el común sentido de la muerte. Es sencillamente realismo, lucidez. ¡La muerte, magna cogitatio, qué gran pensamiento!, decía S. Agustín ¡Qué realismo, qué sano despego de los bienes de este mundo, qué sentido del aprovechamiento del tiempo…, puede proporcionarnos si no nos la ocultamos! ¡Qué alegría también, porque sabemos que no todo acaba con ella: “la vida se cambia, no se pierde”, reza el Prefacio de Difuntos! “¡Aleluya, muéstranos Señor tu misericordia y danos la salvación!”
Adviento, tiempo de preparación para la llegada del Señor en la próxima Navidad y tiempo también para disponernos para su segunda y definitiva vuelta, para el encuentro con Él para siempre. Preguntémonos si nuestros pensamientos, afectos, palabras y obras están orientados hacia Dios, de forma que cuando llegue el momento de presentarnos ante Él “no tengan de qué acusaros en el tribunal de Jesucristo”, como propone S. Pablo en la 2ª Lectura de hoy.
Nos pide el Señor que estemos vigilantes, que no dejemos para más adelante lo que puede hacerse hoy. ¡En cuántas ocasiones, cuando nos damos cuenta que debemos cortar con un abuso, abandonar una rutina, tomar una resolución más generosa, hacer una buena Confesión, decimos: mañana será otro día, más adelante, cuando salga de esta situación…! Siempre estamos mañaneando con Dios, con aplazamientos, aguardando a que llegue un mañana que la experiencia nos dice que no amanece nunca. ¡Hoy, ahora! ¡Vigilad! Sería un buen modo de comenzar el Adviento.
 
Autor: Padre Justo Luis Rodríguez Sánchez de Alba
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¿En qué tiempo estamos?

Para determinar el tiempo, por ejemplo, la gente mayor, especialmente de los campos, con el sólo hecho de mirar al cielo pueden decir si va a llover o el sol estará radiante. Otros en cambio, miran su reloj o el cronómetro y así obtienen una respuesta. ¿Cómo ha pasado el tiempo? ¿Verdad? Muchas son las respuestas:
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Estamos en el tiempo de perdonar, dejar a un lado todo rencor, resentimiento, odio y actitud de venganza.
Estamos en el tiempo de ser humildes, dejando en el olvido la soberbia, la prepotencia y la arrogancia que nos hacen creer que estamos por encima de los demás por nuestro conocimiento, títulos, estatus, apellido, nacionalidad y pensamiento.
Estamos en el tiempo de la Verdad, la que nos hace libres como dice Jesucristo. Él es la Verdad.
Estamos en el tiempo de arrepentirnos, tanto por los pecados como por el bien que no hacemos por miedo, indiferencia, o porque simplemente no queremos rollos en la vida.
Estamos en el tiempo de sonreír, dejar a un lado la tristeza, o como dicen los muchachos, dejar a un lado la cara de cañón, de pocos amigos o la cara de serio. Despierta con el pie derecho por si el izquierdo te pone de mal humor.
Estamos en el tiempo de servir al prójimo, esto implica no poner barrera que nos separe de nuestros hermanos. Tener la actitud del Buen Samaritano, dejar a Dios por Dios.
Estamos en el tiempo de no volver atrás, olvida tu pasado y lánzate hacia adelante como dice San Pablo. No vivas de los recuerdos que te hieren y te desaniman.
Estamos en el tiempo de amar, aunque hay quienes sigan odiando y destruyendo.
Estamos en el tiempo de levantar la voz, esto implica ser valientes y confiar que nuestra fuerza está sostenida en la fuerza de Dios.
Estamos en el tiempo de la conciencia, la que no se vende a ningún postor ni se hipoteca bajo ninguna circunstancia.
Estamos en el tiempo de la luz, la que hace falta en la oscuridad, los problemas o la adversidad. Cristo nos dijo: Yo soy la luz del mundo, quien me sigue no caminará en tinieblas.
Estamos en el tiempo de la justicia, esa que se ausenta y es necesaria poner en práctica.
Estamos en el tiempo de la paz, esa que pido en este momento para ti y para tu familia. También para nuestro país y más allá de sus fronteras.
Estamos en el tiempo de la fe, esa que necesitamos que Jesucristo aumente continuamente.
Estamos en el tiempo de sanar las heridas, y en Nombre de Cristo pido la sanación para ti. Sanación sobre todo enfermedad y el triunfo sobre todo dolor.
Estamos en el tiempo de buscar a Dios y encontrarnos con el prójimo.
Estamos en el tiempo de la RESURRECCIÓN: victoria segura de Jesucristo sobre la muerte, triunfo aplastante sobre el pecado y contundente éxito sobre el mal, venga de donde venga.
Papá Dios te bendiga a través de su Hijo…
Autor: Padre Gerardo Moreno
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Estén prevenidos y oren incesantemente…

Evangelio según San Lucas 21,34-36.
Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.
Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.
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El evangelio insiste en la proximidad de un nuevo tiempo y subraya en la actitud que han de tener los creyentes: “no se dejen aturdir con el vicio”. La mayor resistencia al proyecto de Jesús se encuentra en corazones sobrecargados, distraídos por el libertinaje y la embriaguez, a los que se llega por una desmedida atención hacia sí mismo, que no permite ver las necesidades de quienes están alrededor, como sucedió con el rico Epulón (Lc 16,19-31).
Jesús pide dos actitudes concretas: “estén despiertos”; permanecer alertas, atentos, en actitud de discernimiento para descubrir en los acontecimientos la presencia y la voluntad de Dios. “Orando en todo tiempo” en actitud de escucha y meditación que permite releer la vida, releernos a nosotros mismos y comprender lo que nos acerca y nos aleja de su proyecto. ¿Todo esto para qué?
Para tener fuerzas ante los conflictos por los que pasará la irrupción del nuevo tiempo de Dios, que no dejará de encontrar resistencias y adversarios.
Para “poder presentarse seguros ante el Hijo del Hombre”, con la satisfacción del deber cumplido, la humildad del buen siervo, la gallardía de quien no ha reservado su vida para sí, y que como Jesús ha atravesado con valentía y generosidad la senda estrecha de la cruz.
Autor: Padre Juan Alarcón Cámara S.J