Publicado en CORAZÓN

Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Madison Square Garden puede albergar 20.000 personas por concierto. Este blog fue visto cerca de 69.000 veces en 2014 .Si fuese un concierto en el Madison Square Garden, se precisarían alrededor de 3 actuaciones para que toda la gente lo viera.

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Oración por la noche de fin de año!!

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En estos últimos momentos del año que hoy termina,
heme aquí, Señor, en el silencio y en recogimiento
para decirte GRACIAS,
para solicitarte: AYUDA,
para implorarte: PERDÓN.
GRACIAS,
Señor por la paz, por la alegría,
por la unión que los hombres, mis hermanos, me han brindado,
por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron.
Por esa mano oportuna que me levanté,
por esos labios cuyas palabras y sonrisa me alentaron,
por esos oídos que me escucharon,
por ese corazón que amistad, cariño y amor me dieron.
Gracias, Señor por el éxito que me estimuló,
por la salud que me sostuvo,
por la comodidad y diversión que me descansaron.
Gracias, señor… me cuesta decírtelo…
por la enfermedad, por el fracaso, por la desilusión,
por el insulto, por el engaño, por la injusticia,
por la soledad, por el fallecimiento del ser querido.
Tu lo sabes, Señor, cuán difícil fue aceptarlo;
quizá estuve al punto de la desesperación,
pero ahora me doy cuenta
que todo esto me acercó más a Ti.
¡Tú sabes lo que hiciste!
Gracias, Señor, sobre todo por la fe
que me has dado en Ti y en los hombres.
Por esa fe que se tambaleó
pero que Tú nunca dejaste de fortalecer
cuando tantas veces encorvado bajo el peso del desánimo
me hizo caminar en el sendero de la verdad
a pesar de la obscuridad.
 
AYUDA
Te he venido también a implorar
para el año que muy pronto va a comenzar.
Lo que el futuro me deparará, lo desconozco Señor.
Vivir en la incertidumbre, en la duda,
no me gusta, me molesta, me hace sufrir.
Pero sé que Tú siempre me ayudarás.
Yo te puedo dar la espalda. Soy libre.
Tú nunca me la darás. Eres fiel.
Yo sé que me tenderás la mano.
Tu sabes que yo no siempre la tomaré.
Por eso, hoy te pido que me ayudes a ayudarte,
que llenes mi vida de esperanza y generosidad.
No abandones la obra de tus manos. Señor.
 
PERDÓN
No podría retirarme sin pronunciar
esa palabra que tantas veces,
te debí de haber dicho,
pero que por negligencia y orgullo he callado,
perdón, Señor, por mis negligencias,
descuidos y olvidos, por mi orgullo y vanidad,
por mi necedad y capricho,
por mi silencio y mi excesiva locuacidad.
Perdón, Señor, por prejuzgar a mis hermanos,
por mi falta de alegría y entusiasmo,
por mi falta de fe y confianza en Ti,
por mi cobardía y mi temor en mi compromiso.
Perdón, porque me han perdonado
y no he sabido perdonar.
Perdón por mi hipocresía y mi doblez,
por esa apariencia que con tanto esmero cuido
pero que en el fondo no es más que engaño a mi mismo.
Perdón por esos labios que no sonrieron,
por esa palabra que callé,
por esa mano que no tendí,
por esa mirada que desvié,
por esos oídos que no presté,
por esa verdad que omití,
por ese corazón que no amó
… por ese Yo que se prefirió.
 
Señor, no te he dicho todo.
Llena con tu amor mi silencio y cobardía.
GRACIAS por todos los que no te dan gracias.
AYUDA a todos los que imploran tu ayuda.
PERDÓN por todos los que no imploran perdón.
Me has escuchado… ahora, Señor, te escucho…
Amen.
 

 

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Saber agradecer…

Suena a lo lejos la primera campanada, el primer disparo, las primeras pólvoras. Se suceden once tañidos más como despidiendo al pasado y abrazando el futuro. Es 31 de diciembre. Son las doce de la noche. Llegó el año nuevo. Por todas las latitudes de la tierra corren estallidos de alegría; en las calles se divisan ojos vivos, llenos de gozo. Los abrazos se multiplican, los corchos de las sidras salen disparados como queriendo compartir el júbilo; se entonan canciones, brotan las lágrimas…
Esos cristalillos de agua son, en gran medida, la expresión externa del sentir humano. Por qué no pensar en que existan personas que lloran ante la llegada del tiempo nuevo y sí en las que estallan de alegría y festejan con sidra. Llorar no dice relación exclusiva al sufrimiento, si bien muchas veces lo acompaña. Llorar es también signo de gratitud y quizá no haya forma más noble de manifestar el agradecimiento puro y sincero que nace del corazón.

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¿Caben las lágrimas en año nuevo? Cómo no van a caber si son evidencia de que se reflexiona sobre la vida. Y reflexionar sobre la vida es considerar la posibilidad de no haberla tenido, de no haber llegado al final de otro ciclo. Reflexionar es detenerse un momento, incluso en el alba del primer día de enero, y proyectar en perspectiva el futuro.
Que en nuestro derredor más próximo esté completo el número de nuestros seres queridos no significa que no haya habido pérdidas para otros. Que nuestro país, que nuestra sociedad, por encima de carencias de otro tipo, esté en paz, sin guerras, sin pobreza extrema ni pandemias graves ya es mucho. Día a día, mueren decenas de seres humanos. Cada hombre tiene una historia familiar: una esposa que quizá le esperaba en casa (con aquella nostálgica espera propia de los enamorados), unos hijos que aguardan la llegada de «papá»… Mujeres que mueren dejando huérfanos a sus retoños; niños que fallecen, heredando ese gran dolor que sólo es capaz de entender una madre que llora, que siente su pérdida.
Cada soldado o civil asesinado en los países donde hay guerras o conflictos no eran islas sociales que de pronto aparecieron en el gran escenario del mundo como por generación espontánea. Cada misionero, cada católico que pasa dificultades de hambre en África, persecución en China o ejecuciones en los países musulmanes no floreció allí como por arte de magia. A cada cual le unen lazos de sangre a un núcleo, a un ambiente familiar. Quien tiene la experiencia de tener a un ser querido lejos, con la angustia que supone el no saber cómo se encuentra o, peor aún, sabiéndolo, sabe lo punzantes que son las situaciones para sus allegados. El caso se vuelve menos llevadero cuando hemos sido coprotagonistas de las pérdida de un ser querido, mas no es la vida el único don que puede suscitar la gratitud reflexiva hasta transformarla en lágrimas silenciosas. No es la vida en abstracto, de modo genérico, lo que suscita el agradecer. Es el hecho concreto de nuestra salud, de nuestro bienestar, de nuestros momentos de felicidad superpuestos a los de pesimismo y dolor. Caer en el riesgo de lamentarse por lo que se carece, por lo que se pudo haber alcanzado y no se logró, son actitudes derrotistas.
Valorar lo que se obtuvo, ponderar el esfuerzo, mirar hacia delante, son parte de esos talantes positivos que denotan aceptación y superación, que muestran un horizonte superable por encima de obstáculos múltiples. Es fácil hundirnos en los fracasos por eso es mejor pensar en los retos. Viéndolos desde otra perspectiva, los tropiezos se nos presentan como oportunidades de crecimiento y aprendizaje. «No importa caer mil veces cuando se ama la lucha y no la caída», dice un gran hombre de nuestros días, que bien puede ser el lema, el programa de vida para muchos de nosotros. Tenemos vida y mientras hay vida hay esperanza. Ya es el alba, el inicio de un nuevo año, ¿no está en nuestras manos hacerlo rendir y fructificar sin importarnos los tropiezos? Hay lágrimas que nos muestran lo valiosa que es la vida. Y sólo tenemos una como para desperdiciarla.
Autor: Jorge Enrique Mújica
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A Dios nadie lo ha visto jamás…

San Juan 1,1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: “Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”” Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

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Juan, afirma el origen de Jesucristo en Dios mismo. Nos quiere señalar el significado definitivo que tiene la existencia de Jesús para toda la humanidad. Jesús nos revela al hombre en su integridad total y absoluta. Depende de nuestra decisión el que nos tomemos en serio a ese hombre y lo asumamos como nuestro itinerario vital.

 El verbo de Dios, su palabra creadora, se enfrenta a la oscuridad del mundo. Y es un conflicto que no ocurre en el vacío, sino en lo concreto de la historia. La oscuridad del mundo es todo aquel sistema de ideas, organizaciones y realizaciones que empantana la existencia humana y la sumergen en la injusticia y la angustia. La Palabra creadora de Dios viene a desafiar esa situación y a plantear una alternativa definitiva. Por eso, la existencia de Jesucristo, ilumina nuestra vida con una luz absolutamente novedosa. Esa luz nos permite reconocernos como seres humanos dignos y auténticos. La comunidad humana bajo esta nueva perspectiva no está sometida a la oscuridad que quiere imponer el mundo de la injusticia y la angustia. La Palabra de Dios viene en nuestro rescate y da todo lo que es para alcanzar nuestra liberación.

 Ahora, esa lucha definitiva contra el mal ocurre en la historia, en la vida concreta de un ser humano que se enfrentó al absurdo de un mundo hundido en la oscuridad. Esa persona es Jesús de Nazaret. De su vida, historia y presencia continua en nuestras vidas depende el sentido que le demos a la historia de la humanidad, especialmente al futuro.

Autor:  Padre Juan Alarcón Cámara S.J