Publicado en AMOR, Comunicación, CONFIANZA, CORAZÓN, DIOS, DOMINGO, ESPERANZA, EVANGELIO, MARIA, SOLEDAD, TERNURA, TRISTEZA, VIDA

EL ESTILO DE JESÚS!!

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
 Querido amigo: en estos encuentros estamos dejándonos contagiar por la figura de Jesús. Hoy tú y yo vamos a ver su estilo de vida y pensamos: ¿qué es lo que hace Jesús?. Hoy el Evangelio de Marcos nos habla un poquito de cómo Él actuaba y lo que hacía. Vamos a escuchar detenidamente el Evangelio de Marcos, capítulo 1, versículos 21-28:
“Y entraron en Cafarnaún. Tan pronto como llegó el sábado fue a la Sinagoga y enseñaba. Se admiraban de su doctrina porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Se encontraba en ese momento en la Sinagoga un hombre poseído de un espíritu inmundo, quien a gritos decía: “¿Qué hay entre tú y nosotros, Jesús Nazareno, has venido a perdernos? Sé quién eres: el Santo de Dios”. Y Jesús le conminó: “Calla y sal de ese hombre”. Entonces el espíritu inmundo, retorciéndole y dando un fuerte grito, salió de él. Todos quedaron asombrados, de tal modo que se preguntaban: “¿Qué es esto? Una doctrina nueva expuesta con toda autoridad, tanta que manda a los espíritus inmundos y le obedecen. Y se extendió muy pronto su fama por todas partes a toda la región de Galilea”.
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Bien, en esta narración de Marcos vemos a Jesús ya comenzando su vida pública, y es su primer encuentro en la Sinagoga. Jesús ha regresado con sus cuatro discípulos, Simón y Andrés, Juan y Santiago, y va a Cafarnaún, donde había salido, y allí fija su residencia. Y ahora le vemos lo que hace sistemáticamente. Todos los sábados entra en la Sinagoga y allí predica la Buena Noticia, la noticia del amor de su Padre.
Aprovecha todas las reuniones del sábado en las que el pueblo se congrega para leer, para todo, para orar…, y allí explica como uno más las enseñanzas de la Biblia, de los salmos o del texto que le sale al azar. Es su primer sábado. Dice el Evangelio que todos se pasmaban por la manera de predicar de Jesús, porque lo hacía “con autoridad”. No hacía una aplicación minuciosa de descripciones, no como los escribas, sino con una autoridad. Y “autoridad”, querido amigo, es porque vivía el espíritu de su Padre, porque sentía la experiencia del amor de Dios.
Y allí le vemos cómo habla y lo que dice en ese lugar de la Sinagoga, el lugar de la Palabra, donde se lee, se ora, se comenta y se vive alrededor de los textos.
Aprovecha —como decíamos antes—, cualquier circunstancia para predicar la Buena Noticia. Y nos hace pensar esta situación de Jesús, un hombre cumplidor de la Ley, un hombre que vive la Ley, pero la vive desde el amor. Tanta ansia tenía de decir lo que sentía de su Padre, de liberar a toda esta gente, a todas estas personas que estaban como atrapadas por la Ley y por las prescripciones, que aprovecha —como decimos—, toda ocasión para publicar y para fundamentar el Reino. Pero no creas, querido amigo, que se queda sólo en las palabras. No. Jesús actúa y actúa con actitudes que le acompañan, con su forma de darse a los demás, con su forma de hacer el bien. ¿Y cómo? Estando atento a todas las necesidades de los demás. ¿Y cómo más? Curando, ayudando, oponiéndose al mal. ¿Y cómo más? Estando presente en cualquier situación de necesidad. “Y el Verbo se hizo carne”, se hizo uno de nosotros, se hizo vida para vivir nuestra propia vida.
Y, de pronto se encuentra con este espectáculo de este hombre endemoniado, —distinguiendo bien un endemoniado de un enfermo—. Este hombre parece ser que era un endemoniado porque se enfrentaba al poder y a la autoridad y al espíritu de Él, de Jesús. “¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno?” —le dice este hombre gritando—. “Has venido a acabar con nosotros”. Jesús actúa con todo el espíritu de su Padre, con toda la legalidad: “¡Cállate y sal de él!”. Y este hombre se quedó tranquilo.
Pero todos decían: “Qué es esto? Si este enseñar es nuevo…”Todo esto nos lleva, querido amigo, a plantearnos muchas cosas en la vida. En primer lugar, que si sentimos el amor de Dios y sentimos a Jesús tenemos que publicar la Buena Noticia. Y tenemos que aprovechar todas las circunstancias para vivir la Palabra como Él, para leerla con amor, orarla con amor, comentarla con amor y vivir estos textos que vamos analizando en el encuentro. Hoy Jesús a ti y a mí también me dice: “Aprende, hijo, aprende y aprovecha todas las circunstancias que tengas, cualquier situación para publicar la Buena Noticia. Y actúa. Sí, tú también, también quizás necesitas la curación. Necesitas salir de todos esos demonios o estas formas no aptas del Reino. No. Jesús se enfrenta al mal. Y le tenemos que decir en nuestro interior: “¡Cállate y sal de él!”. Un Evangelio de muchísima reflexión, de muchísimo amor. Jesús siempre siempre pendiente del prójimo. Y hoy el Señor nos llama a ser mejor, a ser testigo, a no callar, a dejarme curar de todo lo que esos espíritus malos me dominan. Así es el estilo de Jesús. Siempre nos sorprende y siempre nos lleva a no separarnos de Él.
Y como siempre, tú y yo nos preguntamos: ¿cuál es nuestro estilo de vida? ¿Es así como vamos a la Eucaristía, a la Palabra, a los sacramentos? ¿Es así como proclamamos lo que sentimos en nuestros encuentros, en nuestros ratos de oración con Él? Es el tiempo de preguntarnos y de pedirle al Señor que quite nuestra mudez, que saque nuestros orgullos, que nos libre de la palabrería vana y falsa y fatua. El Señor convencía porque su palabra era la palabra de su experiencia. Y todo iba acompañado con gestos: a este demonio no le tocó, sino que le dijo, le mandó: “Sal de ese hombre”. Sin embargo al enfermo se acerca, le toca, le cura. Que hoy yo sepa estar pendiente de la gente oprimida, de la que pasa necesidad, la que está sin trabajo, sin hogar… Que me lo crea, que mi vida sea al estilo de Jesús y que actúe consciente, que contraste mi vida siempre con la figura de Jesús y me pregunte: ¿Qué hace Jesús? ¿Qué hago yo? Y Tú, Jesús, ¿qué me dices a mí hoy?, ¿qué me dices? Y me preguntas Tú: “Bueno, ¿y cuál es tu vida?, ¿cuál es tu día?, ¿a quién curas?, ¿cómo oras?, ¿cómo enlazas la vida con el amor mío, con el amor de mi Padre?, ¿eres consciente?, ¿eres consecuente y radical con tu vida y con tu palabra?”.
Vamos a pedirle al Señor y a Jesús hoy que nos cure de todos estos miedos, de todos estos espíritus que nos hacen daño. Y que nos haga obrar como Él. Que nuestra vida sea convincente y que nuestra vida sea sanadora, salvadora. Y que nuestro “sí” al Señor sea “sí” de verdad. Y vivamos al estilo de Él. Se lo pedimos también a nuestra Madre, la Virgen, que Ella nos guíe y que nos haga vivir como Él; Ella que ha vivido tantos años con Él y sabe cómo es. Que nos haga seguirle y ser un discípulo elegido, como nos ha elegido a nosotros, y que le sepamos seguir y que vivamos a su estilo.
Hoy tú y yo, leyendo, viviendo y orando este texto del Evangelio, sólo un compromiso: procuremos vivir al estilo de Jesús. Que Él nos dirá el cómo, el cuándo y el dónde.
Entramos en pleno diálogo con Él para decirle: “Señor, Jesús, hazme como Tú, libérame y conviérteme en un testigo de la palabra del Dios Amor que me cuida, que me ama y que me hace cada día más de Ti”.
 Francisca Sierra Gómez
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“¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?”.

Evangelio según San Marcos 4,35-41.
Al atardecer de ese mismo día, les dijo: “Crucemos a la otra orilla”.
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.
Lo despertaron y le dijeron: “¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?”. Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: “¡Silencio! ¡Cállate!”. El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.
Después les dijo: “¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?”.
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?”.
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Quienes han vivido la experiencia de una tempestad en medio del mar, saben muy bien la angustia que se siente. En el contenido catequético de este pasaje, el mar simbolizaba el lugar de donde salían todos los males. Jesús viaja con los discípulos luego de una fuerte jornada de actividad misionera. Viene la tempestad, y los discípulos se desesperan mientras él duerme plácidamente. Lo despiertan, y le reclaman su “irresponsabilidad” por ignorar olímpicamente las zozobras a las que ellos se encuentran enfrentados. El Señor les demuestra una vez más su poder acallando a los vientos y al mar con un par de palabras, y los increpa a ellos por su falta de fe y confianza.
Nuestra barca familiar, comunitaria, eclesial o social se ve sacudida continuamente por fuertes vientos de persecución o conflictos por causa del compromiso con el Evangelio. Perdemos entonces la confianza, es decir, el horizonte, y nos desesperamos o caemos en actitudes pesimistas. Sin embargo, ahí está Jesús, recordándonos que nunca nos abandona; pero tenemos que confiar en él y en la comunidad para superar las borrascas y proseguir sin temor la construcción del reino. ¿Acaso es necesario que él esté visible, despierto y afanado igual que nosotros, para que dejemos de ser cobardes y tengamos fe?
Autor: Padre Juan Alarcón Cámara S.J
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Si tuvieran fe como un grano de mostaza…

Evangelio según San Marcos 4,26-34.
Y decía: “El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra:  sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga.
Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha”.
También decía: “¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo?
Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra”.
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender.
No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.
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Hoy el evangelio nos invita a sentarnos como discípulas y discípulos a los pies del maestro Jesús. El con su sencilla y profunda sabiduría nos explicará en parábolas el sentido de aquel Reino con el cual nos quiere comprometer. Las parábolas, más que historias o ejemplos didácticos, son símbolos en los que Jesús desea cuestionar nuestros esquemas mentales e invitarnos a renovar nuestras formas de pensar y ver la vida.
Jesús compara el Reino con un agricultor que siembra la semilla en la tierra. Aunque el duerma o se levante, de día o de noche la semilla crece sin que él sepa cómo. Este hombre sabe que el crecimiento de la semilla no le corresponde, ni las hojas, ni el tiempo que se lleva la maduración del fruto. Pero no por esto renuncia a su tarea. Es la tierra la que guarda el secreto del proceso, ella da desde la sabiduría de su entraña: la hierba, la espiga, el crecimiento.
El sembrador escucha y se somete al ritmo de la tierra y ella a su vez le bendice con fruto abundante. Imagen desconcertante en un mundo modernizado que ha sometido la tierra al ritmo de la explotación y el mercado, y niega a los hijos de la tierra el alimento que de ella emana gratuitamente. El Reino, al igual que la tierra no es propiedad de nadie, sino un don gratuito de Dios para ser cuidado y compartido entre sus hijos e hijas.
Autor: Padre Juan Alarcón Cámara S.J
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La medida con que midan se usará para ustedes…

Evangelio según San Marcos 4,21-25.
Jesús les decía: “¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero?
Porque no hay nada oculto que no deba ser revelado y nada secreto que no deba manifestarse.
¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!”.
Y les decía: “¡Presten atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más todavía.
Porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene”.
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Comentario del Evangelio por Beata Teresa de Calcuta : “Ser luz del mundo” (Mt 5,14)
Es posible que no sea capaz de fijar mi atención totalmente en Dios durante mi trabajo. Dios no me lo pide de ninguna manera. Con todo, yo puedo desear plenamente y procurar cumplir mi trabajo con Jesús y por Jesús. Hermosa tarea. Ésta es la que Dios quiere. Quiere que nuestra voluntad y nuestro deseo se dirijan a él, a nuestra familia, a nuestros hijos, a nuestros hermanos y a los pobres.
Cada uno de nosotros somos un instrumento pobre. Si observas la composición de un electrodoméstico, encontrarás un ensamblaje de hilos grandes y pequeños, nuevos y gastados, caros y baratos. Si la corriente eléctrica no pasa a través de todo ello, no habrá luz. Estos hilos somos tú y yo. Dios es la corriente. Tenemos poder para dejar pasar la corriente a través de nosotros, dejarnos utilizar por Dios, dejar que se produzca luz en el mundo….o bien rehusar de ser instrumentos y dejar que las tinieblas se extiendan.