Publicado en AMOR, Comunicación, CONFIANZA, CORAZÓN, DIOS, DOMINGO, ESPERANZA, EVANGELIO

2 de Adviento Convertirnos!!

“Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus  sendas; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.” (Lc 3, 5-6)
Juan_Bautista
Dios desea derramar su misericordia, pero necesita un corazón allanado. Lo que más nos cuesta, sobre todo, es agachar la cabeza. Nos gusta ir por libre, hacer lo que nos parece o nos apetece. Queremos ser felices a nuestra manera, y para ello nos hacemos nuestras teorías. Tendemos a pensar que la verdad y la felicidad dependen de nosotros.
Resulta que Dios nos dice que Él tiene sus caminos, y en ocasiones no coinciden con los nuestros. Hoy nos dice el Bautista: corregid vuestros caminos según el diseño de Dios, allanad los montes según la medida suya. La salvación depende enteramente de Dios, pero depende también totalmente de nosotros; depende de nuestra humildad.
Quizá en ningún siglo la humanidad haya sufrido tanto como en el último, en el ámbito internacional y en el familiar. Ha sido el resultado lógico de una filosofía centrada en el hombre; no en el hombre como criatura de Dios, sino como un dios soberbio.
Sólo Dios puede salvar al hombre; y el hombre sólo verá la salvación de Dios si aprende a ser humilde. No hay otro camino. Por eso, después de una guerra nacional o de una guerra en la familia (incluso con muertos –el aborto–), se sufre. El sufrimiento en muchos casos es consecuencia de los senderos dislocados, que necesitan ser enderezados. El sufrimiento ayuda a ser humildes y a recapacitar: que no conviene ir por esos caminos.
Hemos de convencernos de que a veces nos equivocamos –ésa es la realidad– , y que nuestros caminos no van a ninguna parte. Necesitamos una conversión de la mente y del corazón –girar todo el ser para mirar a Dios– para que Él nos pueda orientar y mostrar su misericordia.
Háblanos, Señor. Muéstranos tus caminos. Nosotros los seguiremos libremente, porque nadie mejor que Tú sabes lo que nos conviene, lo que nos hace felices. Ayúdanos a aprender esta asignatura fundamental y difícil de la humildad.
Jesús Martínez García
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Una voz grita en el desierto. (II domingo de Adviento)

Reflexión al evangelio de S. Lucas 3, 1-6–II de Adviento
En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.”
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En esta segunda semana de Adviento tenemos que estar abiertos a la esperanza, al cambio, a vivir anunciando la Buena Nueva, aunque en algunos momentos nos sintamos desfallecer.
Preparémonos en estos días, como si fuese la primera y última, para recibir el gran regalo que nos trae la Navidad. Vivamos intensamente la celebración de la Eucaristía porque es el encuentro fraternal entre el Padre y sus hijos.
Caminemos unidos. Salgamos juntos al encuentro de Dios que se hace niño para compartirse, darse, entregarse y regalarnos la salvación; salvación que viene para todos, sin discriminación de razas o culturas, de edades, sin distinción de adhesiones políticas o religiosas.
Dios está por encima de todos los condicionamientos, Dios no tiene fronteras.
Dios vino y viene cada día para darnos oportunidad de convertirnos, de pasar del silencio del desierto a la escucha de la Palabra; pero para llevar a cabo esta tarea tenemos que dejar atrás el orgullo que nos envilece, todo aquello que nos paraliza. Tenemos que avanzar y salir de la postración que nos ciega y nos impide trabajar en la construcción del ideal cristiano: un mundo donde se viva el amor y la justicia.
¡¡¡FELIZ SEMANA, JUNTO A MARÍA
Encendemos la segunda vela de color morado.