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Novena de Navidad: Día 18

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Día 18.
María y José nos invitan desde el Pesebre a vivir nuestra fe centrados en la Persona de Jesús reconocido en todos los que no tienen donde nacer y carecen de lo más mínimo vital.
Comentario: María y José solo tuvieron un pesebre, el lugar más pobre en su tiempo, para recibir a Jesús. Esto se sigue viviendo en nuestro mundo y en nuestra patria con la cantidad, miles de niños, que no tienen donde nacer: recocemos en ellos al Niño del Pesebre ¿No es un escándalo que hagamos pesebres llenos de riqueza mientras hoy Jesús tampoco tiene donde nacer?
Oración:
María y José: al ver donde tuvieron que ir para darle un lugar para nacer a su Hijo ,les pedimos que en esta Navidad nos den más sensibilidad frente a los miles de niños que no tienen ni siquiera una cuna, un pesebre, donde nacer. Se lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
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Evangelio del dia.

Evangelio: San Mateo 1,18-24
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.”
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: “Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.” Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.
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El silencio de san José es un silencio impregnado de la contemplación del misterio de Dios, en una actitud de disponibilidad total a las voluntades divinas. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino por el contrario, una plenitud de fe que lleva en su corazón, y guía cada uno de sus pensamientos y cada una de sus acciones. Un silencio gracias al cual José, al unísono con María, conserva la Palabra de Dios, conocida a través de las Santas Escrituras, confrontándolas permanentemente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración continua, de bendición del Señor, de adoración de su voluntad y de confianza absoluta en su providencia.
¡Dejémonos «contaminar» por el silencio de san José! Tenemos necesidad de ello en un mundo a menudo tan ruidoso que no favorece en absoluto el recogimiento y la escucha de la voz de Dios. En este tiempo de preparación a la Navidad, cultivemos el recogimiento interior, para acoger y conservar a Jesús en nuestra vida.
Papa Benedicto XVI