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EL CULTO Y LA LEY!


 «Es amor lo que quiero, no sacrificios», pues «toda la ley se resume en una palabra: ¡amarás!». Los profetas Oseas y Jeremías lo habían dicho y repetido: el único sacrificio que agrada a Dios es el de un corazón sincero; el amor es el horizonte de toda la religión. ¿Por qué, entonces, encontró Jesús una oposición tan feroz cuando puso de manifiesto estos datos fundamentales de la fe? Sin duda, porque con ello ponía en evidencia a los fariseos y a los sacerdotes… Los unos habían transformado la ley de libertad en comportamientos estereotipados; los otros habían hecho del culto un contrato sin alma. Para que el corazón recuperara su lugar central en la religión fue necesario que el profeta Jesús muriese por haber amado hasta el final.
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Dios lo hace todo nuevo, incluido el corazón del hombre. Es el Dios de la mañana, de la primavera y de la aurora. Al leproso le da una carne como la de un niño pequeño, y a su pueblo la verdeante hermosura de las colinas del Líbano. Pero el pueblo es sordo y obstinado; retrocede en lugar de avanzar; la fidelidad ha muerto, pues su amor es fugaz como la bruma de la mañana. Pueblo duro que ignora la piedad con la que Dios le ha gratificado sin medida.
Pueblo que no quiere acoger al profeta en su propia patria y se cierra en una ceguera estúpida cuando el Mesías hace resonar en sus muros la llegada del Reino de Dios. ¿Cómo podría Dios hacerlo aún todo nuevo? A veces, un hombre presiente la novedad. Aquí un escriba, allí un publicano.
Este se mantiene a la sombra del Templo, repitiendo humildemente la oración de su corazón: «Ten piedad de mí, pues soy pecador». El otro ha comprendido que el amor vale más que todos los sacrificios. Gracias a esta clase de hombres llega el Reino de Dios.
Un Reino donde se cumple la ley reduciéndola a la sencillez de su plenitud. Ley del corazón y del amor que se desarrolla en acción de gracias: «Señor, con todo el corazón te seguimos, buscamos tu rostro; acógenos, no retires tu misericordia, no repudies tu Alianza». La Ley brota de la Alianza: conduce al «sacrificio de acción de gracias», que vale más que todos los holocaustos. «¡Vuelve, Israel! Volved al Señor y decid a Dios: te ofrecemos en sacrificio las palabras de nuestros labios!». Se trata de un culto nuevo que supera los ritos para florecer en el perdón incansable y en la humildad del publicano. De este modo se cumple la ley: amar a Dios, amar al prójimo.
No hay nada que añadir, porque, cuando el hombre vive así su religión, Dios ha hecho nuevas todas las cosas.
Marcel Bastin

 

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Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.