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La Mujer que está a tu lado !!

mujer
Miren alrededor Herman@s, miren a su alrededor!
¿QUIÉN ES LA MUJER SENTADA a tu lado?
La mujer junto a ti es un reservorio inagotable de posibilidades …
Con posibilidades que nunca han sido completamente realizadas…
Llena de necesidad y posibilidad… miedo y deseo…
sonríe y frunce el ceño… risas y lágrimas… temores y esperanzas…
todas luchando por encontrar su expresión.
La mujer que está a tu lado se esfuerza por  LLEGAR A SER algo particular,
llegar a algún destino … tener una historia … una canción …
ser conocida y conocer …
La mujer que está a tu lado cree en algo …
algo precioso …
soporta por algo … cuenta por algo …
vive por algo …
corre hacia algo.
La mujer que está junto a ti… tiene problemas y temores, y se pregunta cómo lo está haciendo …
y muchas veces no se siente muy bien al respecto …
a menudo es desorganizada y a veces está cerca del caos …
pero dotada de gran fortaleza frente a la adversidad …
y capaz de sobrevivir a grandes dificultades.
La mujer que está junto  a ti es una colonia de personas …
personas que encontró en el trayecto de su vida …
padre y madre, amigo y enemigo.
La mujer que está a tu lado tiene algo que hace bien …
algo que puede hacer mejor que nadie en el mundo entero …
hay algo que ella y sólo ella puede hacer … pero no se atreven a decírtelo.
La mujer que está a tu lado puede vivir contigo, no sólo  estar a tu lado… ella puede vivir, no sólo para ella sino para ti también…
ella puede confortarte, encontrarte, entenderte si eso es lo que quieres… y a su vez, ella ha de ser entendida también.
La mujer que está junto a ti… no puede ser plenamente entendida…
ella es más que cualquier descripción o explicación …
nunca puede ser totalmente controlada, ni debería serlo.
La mujer junto a ti es un misterio…
y la Palabra hecha carne es un MISTERIO.
El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros…
y así mis hermanas (y hermanos) miren a su alrededor …
Porque CRISTO ESTÁ AQUÍ, EL  MURIÓ y RESUCITÓ, ALLELUIA!
Cortesía de Vidimus Dominum – El Portal para la Vida Religiosa
Oración
Que Dios te bendiga y esté contigo en tu momento de profunda tristeza y dolor.
Que a través de nuestras lágrimas sepas que Él llora contigo.
Que por medio de nuestra caricia reconozcas que Sus brazos te sostienen.
Que por nuestro empeño en ayudarte descubras que Él te ayuda a  sobrellevar el  día a día.
Que a través de nuestras oraciones sepas que Él escucha tus plegarias.
Y en la desolación que sufres, percibas que  te traemos el amor de Dios para que en los espacios vacíos se filtre su compasión y comprensión.
(Extraído de: Marjorie Dobson en: Un mundo de Bendición, compilado por Geoffrey Duncan, Canterbury Press, 2000)
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Toma tu camilla y echa a andar.

San Juan 5,1-16
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Ésta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: “¿Quieres quedar sano?” El enfermo le contestó: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado.” Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar.” Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: “Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla.” El les contestó: “El que me ha curado es quien me ha dicho: Toma tu camilla y echa a andar.” Ellos le preguntaron: “¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?” Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice: “Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor.” Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
1383
El profeta Ezequiel tuvo una visión maravillosa: un torrente de agua que vivificaba todo a su paso, incluso las impotables aguas del Mar muerto. La comunidad cristiana vio esa promesa hecha realidad en la persona de Jesús. Todos los relatos de milagros, parábolas y alegorías enfatizan ese hecho sorprendente: un humilde hombre de Nazaret hace realidad todas las promesas de Dios. ¡En él se encarna la Vida misma!
El evangelio, sin embargo, nos pone en guardia contra el efecto automático de la milagrería. ¡No todos los que reciben una sanación reciben un milagro! Porque el milagro no se produce en la realidad exterior de la persona, sino en su conciencia, en lo que la Biblia con sabiduría denomina ‘corazón’. Y en el episodio de hoy ocurre lo contrario de ayer. El paralítico es incapaz de ponerse en camino hacia Jesús, de reconocer la oferta de salvación que Dios le hace en la persona de Jesús. Apenas descubre quién lo curó pone una denuncia ante las autoridades. Jesús previendo tal respuesta le advierte ‘no peques más’, porque el pecado de este hombre paralizado en la piscina de Betesda consiste en su incapacidad de tomar el camino de la conversión. Su cuerpo queda libre para el movimiento, pero todo su ser queda paralizado por el temor a las autoridades.
Cuando pidamos un milagro, no pidamos cualquier prodigio, sino el milagro principal: nuestra propia conversión. ¡Bebamos del agua viva que conduce a la liberación total de nuestro ser y no de las aguas saladas que paralizan nuestro corazón!
Autor: Padre Juan Alarcón Cámara S.J