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Lunes de la Semana Santa EL GRANO EN LA TIERRA.


Isaías 42,1-7. La Semana Santa nos invita a releer cuatro de las más brillantes páginas de la obra del Segundo Isaías, pero cuya comprensión acarrea muchas dificultades. ¿Quién es ese «siervo» del que hablan los poemas? ¿Se trata de Israel o de un individuo? ¿Se quiere designar al pueblo en su conjunto o a un grupo más restringido? ¿Apunta a un solo personaje o a varios? De hecho, aunque Israel solía ser llamado «siervo», el término puede designar tanto al rey persa Ciro como al mismo profeta.
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Así pues, Ciro es el siervo del primer poema. Yahvé le ha llenado con su «soplo» para restablecer el derecho de Israel, vencido antaño por el rey Nabucodonosor. Ya cuando había ordenado la deportación de los israelitas, el rey babilonio no había hecho otra cosa que ejecutar el castigo decretado por Yahvé contra su pueblo infiel. Al proclamar en el 538 el final del exilio, el rey persa se hará instrumento de liberación de los prisioneros. Nabucodonosor había sido brutal; Ciro, que, sin embargo, se impondrá a las naciones más lejanas, será un padre para Israel; no destrozará al pueblo exangüe ni apagará la mecha vacilante. Su astro ascendiente contiene las promesas del arco iris de la Alianza (Gn 9); el Creador del cielo y de la tierra le ha destinado para unir a numerosos pueblos y para que brille una luz sobre los exiliados.
De hecho, los cantos del Siervo contienen una promesa común: la liberación del pueblo. ¿Qué más hacía falta para que cada generación los retomara por su cuenta y los aplicara a la venida del Mesías? La Iglesia reconoció en ellos la imagen de Cristo, que con su muerte y resurrección hizo brillar sobre el mundo el estallido de un nuevo amanecer.  El salmo 26 canta la confianza. El salmista se dice convencido de que ha de ver la bondad de Dios en la tierra de los vivos.
Juan 12,1-11. Si el grano cae en tierra y muere, da fruto en abundancia. Al volver a llamar a Lázaro a la vida, Jesús entraba en la muerte. Seis días antes de la Pascua judía, volvió a Betania y tomó parte en una cena ofrecida en su honor. En el transcurso de la comida, María derramó sobre sus pies un perfume muy caro, lo cual provocó un descontento general, ya que el dinero gastado en la compra del perfume habría podido servir a los pobres. Pero Jesús, que había captado el sentido del gesto, impuso silencio. En efecto, la ley penal prohibía embalsamar a los condenados a muerte. Además, Jesús pensaba que sus amigos le abandonarían, arrastrados por la tormenta, y que él habría de irse solo y sin el consuelo de una presencia amiga; el gesto de María no podía ser más significativo. Este incidente de la unción lo asocia Juan a la parábola del grano de trigo que muere. El rito del agua bautismal ya le había designado como el siervo de Dios; ahora, el gesto de María le marca para la muerte.
La hora del amortajamiento ha llegado. Seis días antes de la Pascua, Jesús llega a Betania para hacer una última visita a los amigos de toda la vida. Y allí se anticipa ya el desenlace de la crisis; era preciso que María guardase el perfume para el día del enterramiento del Señor, pero ella acaba de derramarlo sobre los pies del Maestro.
Jesús ha quedado marcado ya para la muerte, del mismo modo que el cordero es marcado para ser llevado al matadero. El juicio ha sido ya ejecutado: ya sólo es cuestión de días. Jesús es un condenado «en capilla». Ya no habrá recurso de apelación; ya es’.á muerto. «Déjala». El que se dirige al sepulcro no grita. Su voz no se oye en la plaza pública. Ante sus acusadores guarda silencio. Es el tiempo de la semilla hundida en la tierra. La hora del grano es la del silencio.
Es la hora del amortajamiento. Es la hora de Betania, donde vive Lázaro, a quien Jesús resucitó de entre los muertos. Marcado ya por la muerte inminente, Jesús se remite a quien ha de librarle del sepulcro: salido con vida de la morada de los muertos, Lázaro testifica que el Maestro de la Vida no podrá quedar preso del sepulcro sellado. Es la hora de la esperanza: se abrirá la tierra y crecerá el grano. El cordero sacrificado será el Cordero pascual que quita el pecado del mundo. «Sobre él he puesto mi espíritu dice Dios, para que haga ver ante las naciones el juicio que yo he pronunciado ». Aquel a quien los hombres ya han condenado anunciará el decreto de perdón del Padre de la misericordia. Es la hora del amortajamiento, pero el que ya ha sido embalsamado habrá de ser ungido por el Espíritu. El camino del Calvario queda iluminado con los fulgores de la Pascua.
Vosotros, hermanos, habéis sido marcado por vuestro bautismo. Dios ha pronunciado sobre vosotros su juicio y os ha llamado según su justicia. Indudablemente, la hora presente es para nosotros muchas veces la hora de la condena. Sin embargo, siguiendo a Jesús que se encamina hacia Jerusalén, confesamos que por el bautismo hemos accedido ya al mundo libre de toda servidumbre. Consagrados por el Espíritu, somos ya—defectuosamente, sin duda, pero lo somos— los artífices del mundo puesto bajo el signo de la resurrección. La hora de Betania es la hora donde flota ya en el aire el perfume de la Pascua.
Señor y Dios nuestro:
tu hijo no quebró ia caña cascada,
sino que cargó con nuestra miseria
para elevarnos hasta ti.
No apagues tú la mecha vacilante,
sino reanima en nosotros el fuego de tu Espíritu.
Haz que respiremos ya
la vida eterna.
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Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.