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Miércoles de la Semana Santa SE ACERCA LA HORA.


Mateo 26,14-25. En los últimos momentos de su vida, Jesús vivió escondido en los confines del desierto. Las autoridades judías, que habían decidido su muerte, habían dado órdenes para que quien conociera su paradero lo denunciara a los responsables (Jn 11,57). Judas aceptó el papel de delator, llegó a un arreglo con los sacerdotes y buscó la ocasión propicia para entregar a Jesús. Lo hizo durante las fiestas de Pascua, cuando la afluencia de peregrinos a la ciudad favorecía cualquier golpe de mano. «Por treinta monedas de plata», añade Mateo. Era el precio de un esclavo, el salario irrisorio que antiguamente había pagado Israel para desembarazarse de Dios (Zac 11,12). Durante la comida, Jesús desvela que el traidor estaba entre los comensales.
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Su dolor era grande ante la traición del amigo: «¡Ay del que va a entregar al Hijo de Hombre!». El Justo es entregado a manos de los impíos; le harán todo cuanto quieran. Es la hora del Príncipe de las tinieblas. Pero Dios no dejará ver la corrupción a su amigo (Sal 15).
La noche ya envolvía la ciudad, y el bullicio de los peregrinos de la Pascua se hacía sentir cada vez más en la estancia donde los Doce acababan de sentarse a la mesa con Jesús. Un aire de fiesta lo impregnaba todo, una especie de canto de liberación hecho de recuerdos cubiertos con la pátina del culto. Judas guarda silencio, pues aún no ha tomado conciencia de haber vendido por el precio de un esclavo al que había venido a liberar a su pueblo de la esclavitud. «Lo que has de hacer, hazlo pronto». Jesús no se oculta; presenta su espalda a los que le golpean y no protege su rostro de los ultrajes y salivazos. Comienza la cena, y todos intuyen que ha llegado la hora.
Pero la señal del mundo nuevo no será una conspiración contra el orden establecido. No se echa vino nuevo en odres viejos. Dios no establece su reino con poder, sino en el escarnio de un patíbulo infamante. Dios libra a su pueblo dejándose clavar en una cruz. La señal del mundo nuevo es la sangre derramada, testimonio de una vida entregada sin condiciones. La señal de los últimos tiempos es un poco de pan partido, fermento de un mundo unido en una comunión sin precedentes. La señal de la salvación es un rabino arrodillado ante sus discípulos para lavarles los pies. El amor y la alianza forman un acto de fe donde cada uno se pierde para entregarse al otro.
El vino nuevo es derramado, y huele bien la novedad de Dios. ¡Pobre Judas, que no lo comprendió y creyó poder remendar un vestido viejo con una pieza nueva! La copa de la nueva Alianza ya pasa de mano en mano. Ha nacido el mundo nuevo, fundado en el amor del Siervo.
La noche envuelve a la ciudad, y en el atrio del templo se reúne una cohorte de gente armada. «El maestro dice: mi tiempo está cerca».
***
Dios y Padre nuestro, cantamos tu gloria
y proclamamos con toda la Iglesia
que tu Hijo Jesucristo es Señor.
El salió de ti, lleno de gracia y de verdad,
pero no hizo valer su derecho
a ser tratado igual que tú.
Tomó la condición de siervo y,
semejante en todo a los hombres,
se abajó, haciéndose obediente
hasta la muerte en la cruz.
Por eso saliste tú en su defensa
y lo elevaste por encima de todas las cosas;
y le diste el Nombre
que está por encima de todo nombre,
para que todo ser vivo doble la rodilla
y toda lengua bendiga a tu Enviado.
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Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.