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“Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”


San Juan 6,22-29
Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entretanto, unas lanchas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?” Jesús les contestó: “Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.” Ellos le preguntaron: “Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?” Respondió Jesús: “La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.”
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Cerrarse a la evidencia. Esto es lo que hacen los paisanos de Jesús. Han tenido ocasión de oír sus palabras de sabiduría y han presenciados los prodigios, esto es, la fuerza que emanaba de su ser para curar a la gente de sus males. Ante los hechos no valen los argumentos. Pero ¿qué se puede esperar del hijo del carpintero? (en el evangelio de Marcos se llama a Jesús en este pasaje «carpintero»); su círculo de familiares es de sobra conocido de todos y parece que tampoco debía tener especial relieve. El hecho de que sea hijo del carpintero pone en tela de juicio su saber y sus prodigios. Y como no hay peor ciego que el que no quiere ver, ellos se preguntan no ya por los hechos, que son evidentes, sino por su procedencia. En el evangelio de Marcos lo acusan de tener dentro a Belzebub, el príncipe de los demonios, y que expulsa los demonios (=libera a la gente) en nombre de éste. La gran equivocación es que lo consideran hijo del carpintero, no descubriendo en él más de lo que sabían y no preguntándose quién es ese «que hasta el viento y el mar le obedecen». Viendo, no entienden ni hacen por entender. Sordera y ceguera que se les ha contagiado de los fariseos (12,24). Por eso tampoco pueden participar de sus dones. Dice Mateo que «no hizo allí muchos prodigios por su falta de fe». Marcos es más tajante cuando dice que no hizo allí ningún prodigio. Prodigios que Jesús hacía para liberar a mujeres y hombres de la esclavitud del demonio (exorcismos, ideologías opresoras) o de la enfermedad que lleva a la muerte. Quien no cree en la vida, no puede participar de ella. Qué triste todo esto… En lugar de adhesión, Jesús ha cosechado rechazo entre los suyos: «sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta», sentencia que tantas veces se hace realidad allí donde alguien que pertenece al pueblo actúa por su bien, cosechando rechazo e incomprensión. Pero Jesús no se desanima. Continuará haciendo el bien a pesar de todo, hasta dar la vida por amor.
Autor: Padre Juan Alarcón Cámara S.J
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Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.