Publicado en AMOR, Comunicación, CONFIANZA, CORAZÓN, ESPERANZA, EVANGELIO, PSICOLOGIA, TERNURA, TRISTEZA, VIDA

La Visitación de la Virgen María!

Oración de introducción

Señor, gracias por este nuevo día y esta ocasión de unirme a ti. Ayúdame a concentrar mi atención en ti cuando rezo, dejando de lado todas las distracciones.

Mediante la contemplación de la Visitación de María, concédeme una experiencia más grande de las profundidades de tu amor.

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PETICIÓN.

Señor, ayúdame a aprender del ejemplo de tu madre  es decir, buscar siempre superarme en el ejercicio de la caridad. Haz que mi amor y mi fe sean auténticos.

Puntos de reflexión

  1. María se pone en camino.

María no ha esperado que Isabel vaya hacia ella; ha ido a su encuentro. Al llegar a la casa de su prima, no espera a que le sirvan; elle cherche à servir. Ella aporta la alegría por su espíritu de servicio. Isabel se maravilla de lo que hace María, y tiene la intuición que lo hace porque ha creído en la palabra de Dios que le ha dirigido: ‘Feliz la que ha creído por el cumplimiento de las palabras que se le dijeron de parte del Señor’. Nuestra actitud con el prójimo es un reflejo de nuestra fe. ¿Prefiero servir o ser servido? ¿Busco el bien de los demás o mi propia comodidad ante todo? Mi grado de caridad es la medida de mi amor por Jesús y por las almas: ¿ pienso que me dejo llevar haciendo pequeños actos caritativos, delicados y serviciales?

  1. Una respuesta personal.

María comprende muy bien una cosa: la voluntad de Dios es que vaya al encuentro de las almas. Llega a ser así la primera misionera, la primera en llevar a Jesús a otra. Ayudar a Isabel con las tareas de casa no es su prioridad! María lleva a Isabel su corazón que le transmite mediante numerosos gestos de atención  personal. Va transmitir el amor del Señor a los demás mediante pequeños detalles delicados y atentos. ¿Es que nuestro trabajo de apostolado se resume en acciones que cumplir o bien es un medio eficaz para descubrir Cristo a los otros? Si en nuestros días el cristianismo no se ve ya como fuente de alegría, es que se percibe como algo institucional y no como un encuentro personal con Cristo. El Papa Juan Pablo II nos ha dicho: “Es decisivo llegar a este punto fundamental de un encuentro personal con Dios, presente hoy todavía y contemporáneo. Si se encuentra este centro esencial, se comprende también el resto; pero si este acontecimiento que afecta a nuestro corazón no se realiza, Todo el resto sigue siendo un peso, casi un absurdo”.

  1. Todo lo que hace falta, es una pequeña visita.

Han sido precisos algunos minutos con Isabel para descubrir que María era la Madre de Dios. El Verbo se ha hecho presente en la humildad y la magnanimidad de María, ella lo llevaba en su seno. Cristo en la Eucaristía está siempre disponible para una visita. ¿Me siento mal haciendo una visita al Sagrario porque no puedo ver a Jesús, no puedo escuchar que me hable? Si no lo oímos, ¿no será porque no tenemos la apertura al Espíritu que tuvo Isabel, o un poco de su fe, como nuestras visitas a Cristo y nuestras comuniones serían diferentes? Una visita basta para tener experiencia de Cristo.

Diálogo con Cristo

Jesucristo, ¡que grandes son tus obras! Ayúdame a vivir una caridad más grande, particularmente con los que están cercanos a mí: mi cónyuge, mis hijos, mis padres, mis colegas de trabajo. Quédate conmigo durante esta jornada y que sienta tu presencia mientras trabajo.

Resolución

Hoy, haré al menos tres actos de caridad por mi familia y una visita a Jesús en la Eucaristía.

P. Felipe Santos, SDB

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“El Todopoderoso hizo en mí maravillas”

San Lucas 1,39-56
En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”. María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre”. María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
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Leer el comentario del Evangelio por : San Francisco de Sales (1567_1622) obispo de Ginebra, doctor de la Iglesia
Lo propio del Espíritu Santo, cuando entra en un corazón, es echar fuera toda tibieza. Ama la prontitud y detesta las tardanzas en la ejecución de la voluntad de Dios… “María se puso en camino y se fue de prisa…” (Lc 1,39)
¡Qué gracia colmó la casa de Zacarías cuando entró María! Si Abrahán recibió tanta gracia por haber hospedado en su casa a tres ángeles de Dios, ¡cuántas bendiciones no caerían sobre la casa de Zacarías donde entró el ángel del gran consejo, la verdadera arca de la alianza, el profeta de Dios, Nuestro Señor oculto en el seno de María! Toda la casa se llenó de alegría: el niño saltó, el padre recobró la vista, la madre fue llena de Espíritu Santo y recibió el don de la profecía. Al ver a Nuestra Señora entrar en su casa, exclamó: ” …¿Cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme?” (Lc 1,42) Y María, escuchando lo que Isabel decía de ella, se humillaba y daba gloria a Dios por todo. Confesando que toda su felicidad procedía de que Dios “había mirada la humildad de su sierva” (Lc 1,48) entonó este bello y admirable canto del Magnificiat.
¡Qué llenos de alegría deberíamos estar nosotros cuando nos visita este divino Salvador en el Santísimo Sacramento, en las gracias interiores y en las palabras que cada día dirige a nuestro corazón!

 

 

 

 

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Los viñadores homicidas…

San Marcos 12,1-12
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: “Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado; a éste lo insultaron y lo descalabraron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos los apalearon o los mataron. Le quedaba uno, su hijo querido. Y lo envió el último, pensando que a su hijo lo respetarían. Pero los labradores se dijeron: “Éste es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia.” Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Que hará el dueño de la viña? Acabará con los ladrones y arrendará la viña a otros. ¿No habéis leído aquel texto: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?”  Intentaron echarle mano, porque veían que la parábola iba por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon.
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La parábola, o mejor, la alegoría de los viñadores homicidas, pone en evidencia las actitudes de las autoridades del pueblo Judío ante Jesús: rechazo, envidia, odio. Y esto porque la autoridad de Jesús se impone sobre ellos. El es el heredero, y Jesús es consciente de ello. El estilo de vida de Jesús, su extraordinaria coherencia de vida, su libertad interior, su sensibilidad ante el pueblo, su radicalismo, su amor y pasión por la verdad, su manera de ver las cosas, su experiencia única de Dios Padre, lo colocan en una situación de alta peligrosidad. Una persona así cae mal, crea división, envidias, rechazo y odio en aquellos que se creen importantes, y se sienten amenazados. San Juan lo diría de otro modo: “La Luz vino al mundo, pero los hombres prefirieron las tinieblas a la luz “. Este contraste (de luz y sombra) está bien planteado en el Evangelio de hoy. Se evidencia todavía más en que Jesús, la Luz del mundo, les echa en cara su hipocresía e incoherencia de vida (sus tinieblas). De este modo la historia de los viñadores homicidas sigue teniendo en nuestros días una palpitante actualidad. Es la historia de los mártires y profetas (que no amaron tanto la vida que temieran la muerte), la historia de los perseguidos a causa de justicia, de los que sufren y lloran ante un mundo violento e injusto. Todo aquel que sigue las huellas de Jesús, siguiendo un estilo de honradez, justicia, verdad, tarde o temprano experimentará la cruz, la persecución y la violencia, porque no puede pactar con estilos que distan del Reino de Dios y su justicia, y de este modo protagonizará y actualizará la página del Evangelio de hoy.

 

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Festividad del Corpus Christi !!

Evangelio de S. Lucas 9, 11b-17-
En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.»
Él les contestó: «Dadles vosotros de comer.» Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar para dar de comer a todo este gentío.»
Porque eran unos cinco mil hombres.
Jesús dijo a sus discípulos: «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.» Lo hicieron así, y todos se echaron.
Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.  Palabra del Señor
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La fiesta que celebramos hoy nos recuerda la institución de la Eucaristía durante el Jueves Santo, pero la procesión, tal como la conocemos hoy, se remonta al siglo XIII.  Deberíamos caer en la cuenta que la Eucaristía es la acción más importante de nuestra vida, después del Bautismo, porque  es la comida compartida para que todos saciemos el hambre y la sed. En ella encontramos las fuerzas necesarias para el camino. Nos  sentimos acompañados  porque Él está dentro de nosotros, nos hace sagrarios vivientes.
Cuando  comemos el Pan y bebemos el Vino en la Eucaristía, nos hacemos responsables de ser solidarios con los demás hermanos,  sean creyentes o no. Compartir y vivir la fe con la comunidad para ser testimonio de que el mejor alimento que tenemos es la Eucaristía.
Siempre, y de forma especial en estos tiempos de crisis, la Eucaristía debe llevarnos a trabajar por el bien común, por compartir nuestro tiempo y nuestros bienes con aquellos que carecen de lo  más elemental, trabajo, comida y vivienda. Muchos habremos acompañado la procesión del Corpus, pero esta acción estará  vacía  de contenido si después nos olvidamos de acompañar a los más necesitados: aquellos que viven la enfermedad, la soledad de la ancianidad, el maltrato en sus más variadas formas y todo lo expuesto anteriormente.
En el evangelio se nos dice hoy: «Dadles de comer», por lo tanto si somos realmente coherentes con nuestra fe, si somos seguidores de Cristo resucitado, tenemos que, al igual que los niños del evangelio, hacer que los cestos rebosen y nadie quede sin alimento, así demostraremos que amamos al prójimo al estilo de Jesús.                   ¡Feliz semana!