Publicado en AMOR, Comunicación, CONFIANZA, CORAZÓN, DIOS, DOMINGO, ESPERANZA, EVANGELIO, TERNURA, VIDA

Solemnidad de la Ascensión de Jesús!

Jesús asciende al Cielo

Y les dijo: “Así está escrito: que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día. Y en su nombre había de predicarse la penitencia para la remisión de los pecados a todas las gentes, comenzando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas y sabed que voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre. Vosotros, por tanto, quedaos en la ciudad hasta que seáis revestidos con la fuerza de lo alto”. Los llevó luego hasta cerca de Betania y levantando sus manos, los bendijo, y mientras los bendecía, se alejó de ellos y se iba elevando al Cielo. Y ellos le adoraron y regresaron a Jerusalén llenos de inmensa alegría y estaban de continuo en el Templo bendiciendo a Dios.Lc 24,46-53

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Yo me pregunto: Jesús, ¿qué me quieres decir con esta escena de tu ascensión a los Cielos? ¿Qué es lo que me quieres decir? Y cuando lo pienso contigo, veo que tu mensaje me dice muchas cosas para mi propia vida. Asciendes… Se me queda la palabra «ascender». ¿Qué es ascender? Elevar todo. Y me dices que ya te vas, pero que no voy a estar sola, que Tú me vas a dar la fuerza de tu Espíritu, la fuerza de tu amor, que me vas a revestir con la fuerza de tu ilusión y de tu amor.

Y me enseñas a ascender, a ascender la vida, verla desde otra perspectiva. No quedarme ahí, como los discípulos, mirando al Cielo, sino llenarme de ilusión, de darme cuenta de que Tú me envías y me dices, como a los discípulos: “Vosotros sois testigos de esto, pero ¿por qué os preocupáis? Yo os enviaré, Yo os revestiré de mi fuerza, Yo os enviaré mi Espíritu”. Estás diciendo e indicando que me llene de ilusión, que me llene de esperanza, que no me deje abatir por el desánimo y que eleve, ascienda contigo todo. Y cuando me encuentre decaída, sin ilusión… ¡estate, Señor, conmigo!

Porque… “varones de Galilea, ¿qué hacéis ahí mirando al Cielo?, ¿qué hacéis ahí? Id y proclamad el Evangelio”. Tengo que tener esa fuerza pensando que Él, desde arriba, me ayuda y me quita todos los miedos y me dará fuerza para proclamar su gran Noticia, su gran amor. Ante tantos miedos, ante tantas desilusiones, ante tantas desesperanzas, Tú estás conmigo. “Id al mundo entero”…

Y me pasa como a los discípulos, que mientras Jesús los bendecía y mientras se separaba de ellos subiendo al Cielo, ellos se postraron y se volvieron con gran alegría bendiciendo al Señor. Jesús, que yo aprenda la gran lección del gran mensaje de hoy: saber ascender la vida, saber llenarme de la bendición tuya, saber llenarme de la alegría y la ilusión de la misión.

Cómo te digo hoy: “¡Gracias, Jesús, porque Tú nunca me dejas! ¡Gracias, porque Tú eres una buena noticia para mí! ¡Gracias, porque me das fuerza para proclamarte!”. Hoy me quedo como los discípulos: “Y postrándose ante ti, se volvieron con gran alegría”. Que yo sepa postrarme ante ti, ante lo que me indicas, ante todo… Cambia mi corazón, para que coja fuerza de amar; cambia mi mirada, para que pueda mirar la vida de otra manera; cambia mi ilusión, para que mis tareas sean unas tareas que asciendan; cambia mi forma de vivir, para que sea testigo de tu amor y tu presencia. “Tú eres mi testigo —me dices—. Yo te enviaré y te daré y te revestiré de la fuerza de lo alto”.

¡Este es el gran mensaje de hoy! Jesús, hoy me pregunto: ¿qué hago con mi vida?, ¿sé ascender?, ¿sé traspasar?, ¿sé darle otra dimensión a todo: a mi trabajo, a mi forma de pensar, a mi forma de querer? ¿Lo sé hacer? Y cuando note que no lo sé, que no tengo fuerza, oiré: “Yo te revestiré, tú eres mi testigo”. Con gran alegría te digo: aquí estoy, Señor, para que hagas de mí lo que quieras. Pero… gracias por enseñarme; pero… ayúdame a no estar siempre en la nube, sino estar siempre en la tierra, sabiendo ascender la propia vida y sabiendo ser tu testigo de amor, con fuerza, con garra, con ilusión.

Me quedo, como los discípulos, pensando y viendo cómo Tú asciendes al Cielo. Me quedo con gran alegría bendiciéndote y alabándote. Pienso mucho todo esto. Te pido fuerza, ilusión, porque sé que Tú asciendes, pero sé también que me dices: “Id y proclamad el Evangelio, porque tú eres mi testigo”. Sabiendo que

Tú asciendes al Cielo para darme la alegría de ser testigo tuyo.

¡Que así sea!

FRANCISCA SIERRA GÓMEZ –

 

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«Os llenaréis de gozo»

Evangelio:  San Juan 16,23b-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.”
amigo
Señor Dios mío, mi esperanza y gozo de mi corazón, di a mi alma si su gozo es el mismo que nos has dicho por medio de tu Hijo: «Pedid y recibiréis y vuestro gozo será completo». En efecto, he encontrado un gozo completo y más que completo, porque el corazón, el espíritu, el alma, todo mi ser se ha llenado de este gozo y veo que todavía crecerá sin medida. No es que sea Él el que va a entrar en los que se alegran, sino que más bien serán ellos los que entrarán en Él con todo su ser.
¡Habla, Señor! Di a tu servidor, en el fondo de su corazón, si el gozo que experimento es el mismo gozo en el que entrarán los que gustarán el mismo gozo que su maestro (Mt 25,21). Mas, si este gozo que experimentarán tus siervos «ningún ojo vio, ningún oído escuchó, ni el corazón del hombre puede pensarlo» (1C 2,9), te pido, Dios mío, me concedas conocerte, amarte, para que mi gozo sea estar en Ti.
Y si en esta vida no lo puedo obtener plenamente, hazme adelantar de manera que un día entre plenamente en este tu gozo. Que crezca aquí abajo mi conocimiento de Ti para que pueda llegar a la plenitud donde Tú estás. Que mi amor aquí, crezca a fin de ser total allá arriba. Que ahora mi gozo sea inmenso en esperanza, para ser entonces total en realidad. Señor, Tú quieres que por tu Hijo te pidamos, y nos prometes recibir lo que pedimos a fin de que nuestro gozo sea completo… ¡Haz crecer en mí el hambre de este gozo, para que entre en él!
San Anselmo (1033-1109), monje, obispo, doctor de la Iglesia