Publicado en AMOR, Comunicación, CONFIANZA, CORAZÓN, DIOS, DOMINGO, ESPERANZA, EVANGELIO, TERNURA, TRISTEZA, VIDA

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo!

La Eucaristía, sacramento de amor

Cuando las gentes se enteraron, le siguieron, y Él, acogiéndolas, les habló del Reino de Dios y curó a los que lo necesitaban. El día ya comenzaba a declinar y acercándose los doce le dijeron: “Despide a la muchedumbre para que vayan a los pueblos y aldeas de alrededor en busca de albergue y se provean de alimento, porque aquí estamos en despoblado”. Pero Él les contestó: “Dadle vosotros de comer”. Ellos replicaron: “No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos nosotros y compremos alimento para toda esta gente”. Eran unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: “Hacedlos sentar en grupos de unos cincuenta”. Así lo hicieron y acomodaron a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces y, mirando al Cielo, los bendijo, los partió y los dio a sus discípulos para que los distribuyeran entre la gente. Comieron todos y se saciaron. Y recogieron doce cestos de los trozos que habían sobrado. Lc 9,11-17

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¡Te adoro, Santísimo Sacramento!

¡Te adoro, Jesús, en el Sagrario!

Pero ¿qué me quieres decir hoy, Jesús, con tu presencia real en la Eucaristía? ¿Qué me quieres decir en esta Solemnidad de tu Cuerpo y de tu Sangre? Tantas cosas me quieres comunicar… “En primer lugar que te des cuenta de que Yo soy tu alimento, soy tu fuerza, soy tu pan, soy la unidad de tu vida”. En segundo lugar me quieres decir que para saciar mi hambre, para saciar mi sed, tengo que ir a ti. Y te manifiestas en el pan y en tu sangre. Y te manifiestas en la Palabra. Y te manifiestas en el Sagrario. Quieres decirme que ante esta realidad de amor, la única actitud que nos corresponde y que me corresponde es la adoración.

¡Te adoro, Jesús sacramentado, real y presente en el Sagrario, y en el Pan y en la Sangre tuya! Encuentro de adoración… Encuentro de agradecimiento… Encuentro de amor… Tú eres mi Pan, Tú eres el Pan de vida, Tú sacias a todos, como nos dices hoy en este texto de San Lucas que hiciste con esta gente que estaba hambrienta.

La llenaste de detalles. Al caer de la tarde no tenían para comer y estaban muy lejos de sus poblados. “Dadles vosotros de comer”. Pero Tú, tomando los cinco panes y los dos peces, les diste de comer. Y nos dice el texto que comieron todos, se saciaron y recogieron las sobras —doce cestos—. Éste eres Tú, el que da pan al hambriento, el que da agua al sediento.

Mi vida, llena de tantas preocupaciones, de tantas necesidades, de tanta falta de paz, necesita acudir al manantial, al horno, al calor de tu amor. Tú eres el Pan que sacia mi vida y lo partes y me lo das. Te doy gracias. Te doy gracias por compartir tu propia vida, porque me la das, porque te entregas, porque te das al más pobre y al más débil. Compartes tu pan.

¡Te adoro, Jesús sacramentado, en el Santísimo Sacramento del altar!

¡Te adoro real y presente aquí, para darte totalmente a mí!

Te pido que sepa comprender el misterio de tu amor, que experimente los frutos de tu Eucaristía —este sacramento de fe—, que experimente esto: Tú eres mi Camino, Tú eres el Pan de mi vida. Y me lo dices muchas veces… Oigo que me dices: “Yo soy el Pan vivo que ha bajado del Cielo. El que coma de este Pan vivirá para siempre. Y el Pan que Yo daré, nunca perece. El que come de mi Carne y bebe de mi Sangre, habita en mí y Yo en él”. El banquete del amor, el banquete de la alegría, el banquete de la fuerza. Adoración… y adoración… y nada más en este encuentro…

¡Te adoro, Jesús sacramentado, real y presente en el sacramento del amor!

Fortalece mi vida, fortalece mi fe, fortalece mi amor. La gran Solemnidad del Amor.

Santísimo Sacramento que estás real y presente…

¡adoramus Te, Domine!

¡Te adoro con todo mi corazón y con toda mi alma!

Encuentro de agradecimiento, Jesús, encuentro de amor. Gracias por darte tanto a mi debilidad. Gracias, porque me das todo tu amor. Gracias, porque me alimentas y me das la fuerza en el caminar. Tú eres el Pan de la vida, Tú eres la fuerza de mi vida.

Adoramus Te, Domine.

¡Te adoramos, oh Señor!

La Eucaristía, el gran sacramento del Amor… La Eucaristía, el gran sacramento de la alegría, de la fe y de la fortaleza en mi vida. Me quedo en adoración contemplando tu amor… viendo, experimentando el amor que me das… que estás continuamente esperando mi amor, esperando que vaya… para saciarme de tu pan y saciarme de tu vida. La Eucaristía, sacramento del amor.

Gracias, Jesús, por ser mi vida, mi fuerza y mi alimento.

¡Que así sea!

FRANCISCA SIERRA GÓMEZ

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La humanidad de Jesús revela su autoridad.

San Marcos 11,27-33
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: “¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejanrte autoridad?” Jesús les respondió: “Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contestadme.” Se pusieron a deliberar: “Si decimos que es de Dios, dirá: “¿Y por qué no le habéis creído?” Pero como digamos que es de los hombre…” (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta.) Y respondieron a Jesús: “No sabemos.” Jesús les replicó: “Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto.”
gesù insegna padre nostro
El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús confrontando con extraordinaria lucidez y respeto a la autoridad política y religiosa de su pueblo (sumos sacerdotes, escribas y senadores). ¿Cómo es posible que un simple ciudadano de a pie, un laico de una aldea perdida de Galilea sin ninguna referencia académica, ni reconocido socialmente, fuera capaz de confrontar de este modo a las autoridades más altas de Israel, hasta dejarlas sin respuesta y hasta en ridículo?. Esto, desde un ángulo humano nos revela mucho sobre la personalidad de Jesús de Nazaret. Se trata de un hombre sensible a su tiempo, crítico, con una extraordinaria libertad interior, maduro, equilibrado, intuitivo, sorprendente, amante de la verdad, radical y de firmes convicciones, inteligente y de una lucidez mental tal que nadie podía enfrentar, sereno y pacífico, a la vez que valiente y arriesgado. Jesús fue un hombre profundamente coherente. En Él no había doblez. Desde esta perspectiva humana Jesús revela su autoridad. Autoridad que le viene de su extraordinaria experiencia del Padre y que le hizo comprender su vocación y misión de Hijo de Dios y Mesías. ¿Con qué autoridad haces estas cosas?, ¿Quién te ha dado semejante autoridad?. Estas preguntas tienen una respuesta en la manera de ser y de vivir de Jesús. La humanidad de Jesús revela su autoridad: “Jesús fue tan profundamente humano, que un humano así sólo podía ser Dios”. La autoridad se puede perder; de hecho, la pierden los políticos, los religiosos, los padres de familia cuando no sostienen con la vida lo que predican. Los cristianos seremos ante el mundo gente con autoridad cuando nuestra experiencia del Dios de Jesús transforme nuestro entorno mediante un estilo de vida como el de Jesús. Una vida profundamente coherente, libre, con sentido crítico, arriesgada, apasionada por la verdad y la justicia, de hondas convicciones, madurez y equilibrio…