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Tocar a Cristo espiritualmente.


San Juan 20,1-2.11-18

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”. María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo”. Jesús le dijo: “¡María!”. Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “¡Raboní!”, es decir “¡Maestro!”. Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'”. María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

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Leer el comentario del Evangelio por : San Agustín (354_430) obispo de Hipona, doctor de la Iglesia

Jesús le dice: “Suéltame, que aún no estoy arriba con el Padre”. (Jn 20,17) Estas palabras contienen una verdad que debemos examinar con mucha atención. Jesús enseña la fe a esta mujer que lo había reconocido como maestro y le había dado este título. El divino jardinero había sembrado un grano de mostaza en el corazón de María Magdalena como quien echa una semilla en un jardín…¿Qué significa, pues, “suéltame, que aún no estoy arriba con el Padre”?….

Por estas palabras, Jesús quiso que la fe en él, la fe que es como tocarle a él, llegue hasta la certeza de que él y el Padre son uno. (Jn 10,30) Porque el que progresa en el conocimiento de Jesús hasta reconocerlo igual al Padre, sube con él hasta el Padre en el secreto de su alma. Si no es así, no “tocaríamos” a Cristo como él lo espera, es decir, no tendríamos la fe que él pide.

María Magdalena podía creer en él pensando que no era igual al Padre. Pero estas palabras se lo impedían: “Suéltame”, es decir: “No creas en mí según tu mentalidad. No te quedes en pensar en lo que soy por ti sino en aquel que te ha hecho a ti.” Si lloraba a Jesús como hombre ¿cómo podía dejar de creer en él humanamente? “…aún no estoy arriba con el Padre.” Me tocarás cuando creerás que yo soy Dios y que soy igual al Padre.

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Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.