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Solemnidad de nuestro padre y fundador Santo Domingo de Guzmán


La Solemnidad de nuestro padre y fundador Santo Domingo de Guzmán, ste año su celebración tiene un acento especial al conmemorarse el jubileo de los 800 años de la confirmación de la Orden de Predicadores fundada por él.

Un Santo que podemos conocer tanto por las ricas fuentes históricas que poseemos, como por su mismo rostro, reconstruido científicamente, y, sobre todo, en su mística profunda y cristológica expresada en sus modos de orar y en su Familia de monjas, frailes, hermanas, laicos y sacerdotes seculares, extendida por todo el mundo, que se sienten llamados por Dios como él y según su modo propio a vivir el Evangelio predicándolo por todo el mundo.

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Evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

-«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.

Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Santo Domingo fue un fraile de su tiempo; por lo tanto esencialmente contemplativo. Los momento de oración eran los momentos más propios de su vida de canónigo regular. Pero las circunstancias – a través de las cuales es necesario descubrir el plan de Dios, y él lo descubrió,- le pusieron en contacto con una humanidad doliente y extraviada, en el sur de Francia. Esto dio forma nueva a su oración.

La espiritualidad de Domingo es una espiritualidad de encarnación: desde los hombres y para los hombres. Sus primeros biógrafos insisten en cómo continuamente hablaba de Dios. Pero también de cómo hablaba largamente con Dios. En este diálogo con Dios -la oración siempre es diálogo, y, por lo tanto, más escucha que charla-, quería saber qué sería de los pecadores. Los hombres y mujeres estaban en su oración.

A partir de ese momento, su contemplación se centró en descubrir a Dios, su proyecto de amor a los hombres, en esos hombres y mujeres con los que se encontró. Si el santo de Asís sabe llegar a Dios a través de la creación, el sol, las estrellas, los animales, el de Caleruega llega a través de la humanidad extraviada.

Pero muchos veían el sol, la luna, las estrellas, los lobos y no llegaban a Dios; muchos conocieron el mundo conflictivo del sur de Francia y no vieron a Dios. San Francisco sabía de Dios en momentos de silencio, de oración; santo Domingo sabía de Dios en momentos de oración individual o comunitaria, en Osma, en el estudio de su palabra. Por eso ambos consiguieron luego descubrirlo fuera del convento, en contacto con la Naturaleza o con los hombres. La contemplación de Osma le hizo a Domingo descubrir la predicación del sur de Francia. Esta predicación, este contacto con esa humanidad, le hicieron humanizar su insistente oración.

A la oración, lleva los problemas de su predicación, las circunstancias en las que se hallan las personas a las que se dirige, las dificultades que encuentra en su misión: dificultades durante el día, oración más intensa durante la noche. Oración en la que, junto a la experiencia de Dios, une la experiencia de la humanidad pecadora, extraviada, con la que se encuentra, que le lleva a las lágrimas. Ora de noche y de día. En realidad, su predicación es oración y su oración predicación. Es una vida con dos vertientes, pero que se juntan en la cima. En ese lugar de conjunción es donde se sitúa la espiritualidad de Domingo.

En el santo, es una oración cargada de afecto: oración “afectiva” como la llaman los teóricos de la mística. “Afectiva” porque en ella se junta el amor a Dios, el sentirse amado por él, con el amor a los hombres, por los que llora. Y su petición más continua que le diera Dios “verdadero amor para cuidar y trabajar eficazmente en la salvación de los hombres…” -como nos dice el Beato Jordán. Es el mismo afecto que le impulsa en su misión de predicador.

En fin, en Domingo se mantiene el fervor de la época por la oración, por la contemplación. Su primera fundación es un convento de mujeres contemplativas, al que llama “santa predicación”. Con ello anuncia el aspecto particular de su oración: es, ha de ser, una predicación, y estar al servicio de ella. “Breve y sucinta” -decía la legislación primitiva de los frailes- debería ser la oración litúrgica, frente a la ampulosidad de la liturgia monacal, para que hubiera tiempo para el estudio y la predicación.

Mirar a Domingo es necesario para entender y saber llevar a la práctica la siempre dialéctica relación entre oración y acción, silencio y predicación. Para que la espiritualidad no sea espiritualismo alienante, sino espiritualidad del ser humano que vive entre seres humanos, siente, goza y sufre con ellos, y está a su servicio para entregarles una Palabra escuchada, orada, estudiada, es decir, contemplada.

Juan José de León Lastra, OP

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Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.