Publicado en Adviento, AMOR, Comunicación, CONFIANZA, CORAZÓN, DIOS, DOMINGO, ESPERANZA, EVANGELIO, FAMILIA

Solemnidad de la Inmaculada Concepción!


¡Alégrate! El Señor está contigo

Querido amigo:

Hoy vamos a disfrutar de un encuentro precioso y lo vamos a hacer a través de un fragmento bellísimo y llenísimo de contenido. Sobran todas las palabras. Hoy es encuentro, silencio, observar, mirar, escuchar… Todo aquí es grande, todo es misterio. Y la figura principal de este encuentro es María y todo ocurre en un país, en una ciudad y en una casa pequeñísima. Dios, en su amor, queriendo habitar con el hombre, envía a la tierra un ángel llamado Gabriel, a una ciudad de Galilea, provincia nada noble de Palestina, despreciada por los habitantes de Jerusalén, y a una ciudad llamada Nazaret, insignificante, oscura, que de ella nadie hace mención en el Antiguo Testamento. Y todo ocurre en una casita pequeña, sencilla… Nos adentramos en esa casita y observamos y escuchamos todo lo que ocurre allí.

Leemos la narración a través del texto de Lucas 1,26-38:

En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Y María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”. El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible”. María contestó: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Y el ángel se retiró. Lc 1,26-38

SONY DSC
SONY DSC

¡Qué texto tan profundo y tan precioso! Ahí metidos tú y yo, en esa casita de Nazaret, observamos cómo el ángel llega y le dirige un mensaje de alegría y de fuerza y de ilusión a una virgen y le dice que va a ser madre, que va a ser madre de Jesús; a una virgen que —según nos dice el texto— estaba desposada con un varón que se llamaba José, que los dos pertenecían a la casa de David, y que el nombre suyo era María, que tiene una significación preciosa: señora, hermosa, estrella de la mar, amada por Yavé.

¡Qué grande eres, Señor! ¡Cómo utilizas los medios más sencillos y más pobres, y cómo quieres que estemos así, en esta actitud de recogimiento, como estaba la Virgen, para recibir el mensaje de Jesús! ¡Cómo quieres que estemos así, que estemos en esa profundidad! Dios nunca aparece en el ruido. Y escuchemos. Y le dice: “Dios te salve, ¡alégrate!”. Dios nunca viene asustando ni dando miedo, sino consolando, dando paz, dando alegría. Los encuentros nos llenan de amistad, de amor, de alegría.

“Eres la llena de gracia. El Señor está contigo. Eres bendita entre todas las mujeres”. La Virgen vemos que se estremece, se turba ante todas estas palabras, ante este saludo, pero insiste el ángel: “No temas, porque has hallado gracia de Dios, porque lo que tú vas a concebir va a ser Jesús, va a ser el Emmanuel, va a reinar, va a ser el Hijo del Altísimo, su Reino no tendrá fin, se llamará Santo, Hijo de Dios”. “¿Y cómo?”, la Virgen… vemos… “¿y cómo?”. Y quiere asegurar su virginidad y por eso le pregunta: “¿Cómo será esto?”. Y el ángel la tranquiliza y le explica. Y cuando María comprende que tiene a salvo y tiene bien cuidada su virginidad, responde sin más: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

j-yj¡Qué lecciones nos da hoy este texto, qué lecciones tan grandes! La primera lección la del recogimiento. Nunca podremos encontrar, nunca podremos encontrar al Señor si no tenemos un recogimiento, un silencio interior para atender y entender ese mensaje y aceptarlo. La segunda lección es aceptar la voluntad de Dios y aceptarla con esa actitud de esclava, como María, sabiendo que el esclavo no tenía voluntad propia para nada. Y María acepta no tener otra voluntad que lo que quiere su Señor, y se entrega sin límites. Hablamos con la Virgen y le decimos que nos ayude también a saber trascender y comprender la voluntad suya en todo lo que nos ocurre, en nuestra propia historia, en nuestra propia vocación, en las cosas pequeñas de cada día, en nuestro trabajo, en nuestra familia, en las relaciones sociales que tenemos. Vemos que María cree, calla, ora y acepta. Y así nace la gran historia de la salvación, donde todo el mundo estaba pendiente de ella hasta que pronunció su ‘sí’. Ésta es María.

Y no sólo esa lección, sino una lección de amor, de acudir hacia ella, de que ella sea nuestra Madre. Y cuando no tengamos fuerzas para aceptar lo que Dios quiere, cuando no veamos, cuando nos sintamos cansados, desanimados acudamos a la Virgen, llenémonos de su confianza, pidamos auxilio. Ella nos tiene que ayudar a ser fuertes. Ella nos tiene que ayudar a ser verdaderas personas que saben decir ‘sí’, aunque nos cueste… ¡aunque nos cueste! Ese ‘sí’ incondicional, este ‘sí’ imprescindible para que el Señor entre en nuestra vida.

Sobran las palabras, quedémonos en silencio, callados, ahí junto a la Virgen, y pidámosle que sepamos decirle ‘sí’ a todo y que tengamos esa confianza, que no temamos, porque como nos dice santa Teresa: “quien a Dios tiene, nada le falta”. Y que sepamos decir siempre con humildad: “hágase en mí según tu palabra”. Madre mía del sí, Madre mía de la esperanza, ayúdame.

Querido amigo, tú y yo nos quedamos así en este encuentro, y ahí, pequeñitos, estamos junto a la Virgen.

Que disfrutemos de estos momentos…

FRANCISCA SIERRA GÓMEZ –

Anuncios

Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.

Un comentario sobre “Solemnidad de la Inmaculada Concepción!

Los comentarios están cerrados.