Publicado en Adviento, AMOR, Comunicación, CONFIANZA, CORAZÓN, DIOS, SANACION, SOLEDAD, TERNURA, TRISTEZA, VIDA

Miércoles de la tercera semana – EL ESCÁNDALO DEL EVANGELIO-


 

Isaías 45,6b-8.18.21b-25. Yahvé eligió a un no judío para liberar a su pueblo; esta elección no puede dejar de desconcertar a Israel. Pues bien, el profeta está obligado aponer las cosas en su punto, y lo hace recordando los derechos de Dios, el único Señor, el Creador del universo. Él no tiene que dar cuentas a nadie, y es tan Dios de los gentiles como de los judíos.

Por otra parte, Dios nunca ocultó sus intenciones: habló por sus profetas. «Cielos, destilad el rocío; que las nubes derramen la justicia». En labios de Isaías, esta frase significa simplemente el fin del destierro; pero para el conocedor de la Escritura encierra la maravillosa promesa de una era de justicia y de amor. «Rorate coeli desuper, et nubes pluant iustum».

Salmo 84. Los versículos 10-14 refieren el oráculo pronunciado por Dios tras la oración de Israel, que le pedía le devolviera la vida y la alegría.

20160810_084322

Lucas 7,18b-23. «¡Dichoso el que no se sienta defraudado (“escandalizado”) conmigo!». La elección de Ciro era desconcertante; no menos desconcertante es el modo como concibe Jesús su propia misión. Así, Juan Bautista había soñado con un hacedor de justicia que, «con el bieldo en la mano», vendría a «limpiar su era»; Jesús habla de misericordia y, al hacerlo, no hace sino cumplir lo que el profeta había dicho del Mesías (Is 61).

Estás desconcertado, Juan; ¿qué decides ahora? ¿Vas a renunciar a tus quimeras y creer en Jesús o te vas a aferrar a tus ideas?… «¡Dichoso el que no se sienta defraudado conmigo!».

Tal vez el mayor enigma religioso que plantea el Evangelio sea su insistencia en colocar, junto a la omnipotencia de Dios, Creador de todas las cosas, su infinita misericordia y su amorosa paternidad con respecto al hombre. La duda de Juan Bautista es la del creyente apasionado por Dios, pero que no ha oído aún la auténtica palabra evangélica. Y es que la buena noticia no está hecha para una humanidad hipotética: es anuncio de salvación, de paz y de felicidad para el hombre de todos los días, el ciego, el sordo, el pobre. En el fondo, ¿de qué serviría la omnipotencia divina si tuviera que aplastar al hombre que ya no puede más, aun cuando ese hombre fuera pecador y miserable? El escándalo de Jesús es haberse declarado enviado de Dios y, al mismo tiempo, haberse sentado a la mesa con ¡os pecadores.

Pero en realidad leemos mal el Evangelio. Cuando Jesús cura a enfermos, de entrada, depositamos en él nuestra confianza. ¡Lo que nos fastidia es que hoy cure a tan pocos! Para entender la bienaventuranza del creyente («¡Dichoso el que no se sienta defraudado conmigo!»), hay que volver del revés el problema: en la época de Jesús, los enfermos son pecadores, gente con la que uno no se roza; si les cura, corre peligro de desprestigiarse. Pero precisamente entonces es cuando él da la imagen nueva de la omnipotencia de Dios.

Ese poder se llama Amor, Ternura, compasión, misericordia, paciencia.

No hizo Dios la tierra para que fuera un desierto. Para quien sabe leer el libro de la creación, la lluvia evoca la justicia, el rocío la esperanza, y el arco iris la paz. Para quien sabe leer la palabra de Dios, Jesús evoca el amor a los pobres; en él «la misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan». En esto es el Hijo de Dios. Los pobres ocupan el centro del Evangelio, y Cristo nos dice: «¿Llegaréis algún día a comprender que mi Padre creó el cielo y la tierra para que hagáis de ellos un reino de paz para todo hombre?» … «¡Dichosos los pobres! ¡Dichoso el que no se sienta defraudado conmigo!». ¡Destila, cielo, tu rocío! Te rogamos, Señor,

***

con los hombres que mueren en nuestros desiertos…

¡Derramad, nubes, la justicia!

Te rogamos también

con nuestros hermanos condenados sin haber sido oídos…

¡Que nuestra tierra dé su fruto!

Te pedimos que dilates nuestro corazón

a la medida de ese mundo en el que

el oprimido nos manifiesta tu rostro…

Bastin Marcel – Dios cada dia

Anuncios

Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.