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Viernes de la tercera semana – ILUMINACIÓN INDIRECTA-


Isaías 56,l-3a.6-8. El profeta se dirige a correligionarios que, de regreso del destierro de Babilonia, empiezan a establecerse en Jerusalén. Muy pronto se plantea la cuestión de la admisión de los extranjeros en la comunidad israelita, en especial en lo tocante a aquellos que no se habían instalado de manera estable en el país. Fiel al espíritu de su predecesor, el Tercer Isaías abre la puerta a los no judíos. Enseña que todo hombre que se mantiene fiel a la alianza es digno de pertenecer al pueblo elegido.

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Que observe la Ley y las costumbres judías y respete el descanso sabático, prescripción que se había observado en Babilonia con tanta mayor razón cuanto que permitía a los judíos distinguirse de los gentiles. Si se cumplen estos requisitos, Dios abrirá su casa a los extranjeros y les convidará en el Monte de Sion. No contento con haber reunido en su patria a los desterrados, restablecerá la unidad del mundo.

El salmo 66 es un salmo de bendición; utiliza fórmulas propias de los himnos y expresa la acción de gracias de Israel.

Juan 5,33-36. «Juan vino como testigo, para dar testimonio de la luz. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz». Juan reconoció al Mesías e incluso le envió algunos de sus discípulos. Pero no todos acogieron su testimonio.

Los fariseos, escépticos, miraron mal a Jesús, y algunos discípulos de Juan siguieron vinculados a la persona de su maestro. Sin embargo, Jesús tenía a su favor un testimonio mayor que el de Juan: las obras realizadas por él en nombre del Padre. Ellas mostraban, mejor que las declaraciones del Bautista, que el Reino de Dios estaba presente en él.

¡Todavía faltaba entender lo que ellas revelaban!

Hay que evitar mirar al sol de frente. Al fin y al cabo, la luz no es un fin en sí misma: si alumbra, es para hacer resaltar lo que sin ella no aparecería.

Así, en el Evangelio hay cascadas de luz indirecta: Juan es la lámpara que señala a Jesús; pero si éste es la luz, lo es para revelar al Padre, invisible y luz sobre toda luz. Y, cuando Jesús nos invita a ser la luz del mundo, hace hincapié en las obras que debemos realizar. Se necesita ser muy tonto para proclamar: ¡Yo soy la luz! Jamás dice esto Jesús sin hacer referencia al Padre.

La fe es una luz, pero todo depende de su orientación. Debidamente orientada, la fe hace que aparezca lo invisible y permite descifrarlo. Mal orientada, no alumbra más que el vacío. Pero ¿quién dará a nuestra fe el sentido que revela a Dios? ¿Acaso una determinada disposición, una apertura del corazón, que hace que el hombre se fíe del testigo y de sus obras? La religión de los fariseos se revela como una fuente de incredulidad, porque bloquea al hombre en su suficiencia; la buena voluntad de los pequeños reconoce las obras de Jesús, porque se apoya en una apetencia de vivir y de ir más allá.

Sucede lo que con el hombre que nunca ha conocido la noche: acaba por no ver absolutamente nada.

Por el contrario, el que ha experimentado la oscuridad y ha tenido que andar a tientas, desde la primera luz de la aurora distingue las formas aún adormecidas de la vida que llega. Jesús no realizó las obras de Dios bajo la luz cegadora de un poder artificial: manifestó a Dios en el claroscuro de una luz humilde y suave que, sin imponerlo, revelaba el apacible amor del Padre.

Luz para la fe. Luz de la fe.

***

Prosigue en tu Iglesia, Padre Santo,

la obra que iniciaste en aquel hombre inefable,

Juan Bautista, que fue el Precursor de tu Hijo.

Que, desaparecido él, seamos nosotros

la lámpara que arde y que ilumina,

sin imponer a los hombres, nuestros hermanos,

más que la humilde luz de tu amor,

revelado en Jesucristo nuestro Señor.

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Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.