Publicado en Adviento, AMOR, CONFIANZA, CORAZÓN, DIOS, Navidad, TERNURA, VIDA

24 de diciembre DADLE VOZ A LA ALABANZA


2 Samuel 7,1-5.8b-11.16. David conquistó la ciudad santa y mandó construir para él un palacio de madera de cedro; es el rey de Israel y de Judá. Ahora está madurando un gran proyecto: edificar un templo digno del Dios que le sostuvo en sus empresas y centralizar el culto en Jerusalén.

¡Una gran ambición para un gran rey! Pero David no tendrá tiempo para emprender esa construcción que, al fin, realizará su hijo Salomón.

En lo que se refiere a la dinastía que él fundaba, el rey fue más afortunado. Natán, el profeta oficial de la corte, será no sólo el artífice de la ascensión de Salomón al trono, sino el intérprete ante el rey del favor divino. Así, aunque David, que todo se lo debía a Dios, no pudo edificar el templo, Yahvé consolidará más tarde su trono.

El salmo 88, salmo real, celebra la promesa de Dios a David en lo referente a su descendencia. Es posible que su objetivo sea acreditar la idea dinástica en un momento de crisis, quizá con ocasión de la división del reino.

virgen-dulce-espera-2

Lucas 1,67-79. Nueve meses de silencio: tiempo para que la palabra divina madure en el corazón de Zacarías, y tiempo también para que el sacerdote se abra a la gracia.

Originariamente, el Benedictus cantaba sin duda al Mesías, e hizo falta toda la astucia de Lucas para aplicarlo a Juan Bautista. Pero ¿qué importa eso, si lo que el poema canta es la salvación en marcha? En efecto, el niño que acaba de nacer es como el anticipo del otro niño, del que lleva María y en el que se cumplirá la antigua promesa hecha a Abrahán. En él, Sol de lo alto, serán bendecidas todas las naciones. «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz intensa: habitaban tierras de sombras, y una luz les brilló» (Is 9,1). Aquí se alude a todas las naciones: las provincias separadas de Jerusalén y sometidas entonces al yugo asirio; los pueblos paganos que Lucas tiene la satisfacción de ver entrar en el concierto de las Iglesias.

«Inmediatamente se le soltó la lengua a Zacarías y empezó a hablar bendiciendo a Dios». La duda y el miedo dejan paralizado al hombre en su sitio, presa de un mutismo que no es el silencio del recogimiento, sino la incapacidad para el Espíritu de abrirse camino. Zacarías, que no era más que un simple anciano, quería que se le diera una señal; había olvidado la lección de Abrahán… No quería ponerse en marcha sin estar seguro de encontrarse en el buen camino. Y se le dio una señal: nueve meses de reclusión, el tiempo para poder Dios realizar su obra y crear a un hombre que fuera el signo de su gracia.

¡Pero Dios únicamente condena para liberar mejor! Pacientemente, ha transformado el mutismo del anciano sacerdote en un silencio interior en el que la Palabra se prepara, germina y se desarrolla. Durante nueve meses ha rumiado Zacarías la palabra; ha leído el acontecimiento, como se diría hoy, a la luz de las Escrituras. Por eso, una vez que ha nacido el niño, ya no tiene nada más que buscar: se convierte en sacerdote de la nueva alianza.

Su papel ya no consiste en ofrecer sacrificios interminables, sino en dar voz a la palabra de todo un pueblo. ¡Oídle cómo da gracias a Dios!

«¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo!».

Hoy ha venido la salvación a esta casa. ¡Ha liberado mi palabra, ha liberado su gracia! El tiempo se ha cumplido: Dios ha suscitado su fuerza en la casa de David, acordándose de sus promesas y de su fidelidad. Ha recordado su santa alianza, el juramento que hizo a nuestro padre Abrahán para los que pusieran en él su fe.

«Y tú, niño, serás profeta; prepararás el camino del Señor, guiarás a su pueblo en la luz que procede de lo alto. Fuiste concebido por la bondad de nuestro Dios; llevarás la paz a los que vagan en las sombras de la muerte».

Sí, ha nacido el día. El astro de la mañana viene a visitarnos. La luz de un nuevo día ilumina nuestros desiertos. Juan marchará pronto al desierto, y allí permanecerá hasta el día en que haga su aparición el que es para los hombres la luz verdadera, la vida y la esperanza.

***

He aquí la ternura del corazón de nuestro Dios:

de lo alto del cielo

ha bajado un astro a visitarnos.

Guía, Señor, nuestros pasos,

hasta la luz de tu gracia,

Jesucristo, tu hijo, tu rostro.

Anuncios

Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.