Publicado en AMOR, CONFIANZA, DIOS, ESPERANZA, EVANGELIO, FAMILIA, MADRE, MARIA, TERNURA, VIDA

31 de diciembre -ALFA Y OMEGA-


1 Juan 2,18-21. «Todos me conocerán, desde el pequeño al grande».

(Jr 31,34). El autor sigue haciendo su llamamiento a la serenidad. Tampoco él sabe cuándo será la última hora de la historia, pero está convencido, con toda la Iglesia primitiva, de que esa hora decisiva llegará precedida de anticristos que se esforzarán por seducir a los fieles. Pues bien, los anticristos ya están a la puerta; incluso formaban parte de la comunidad antes de ponerse a predicar doctrinas contrarias a la fe.

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Hay motivos para vacilar, sin duda; pero los que se mantengan fieles pueden seguir sintiéndose seguros. Ellos son los que han recibido la Buena Noticia y los que han sido marcados con la unción. Por eso también han de ser ellos los que perseveren.

Salmo 95: cfr. el 29 de diciembre.

Juan 1,1 -18. A pesar de su unidad teológica, el prólogo está compuesto por una serie de diversas piezas que responden a diferentes momentos de la tradición Joánica.

El primer fragmento (vv.1-5) reproduce un pasaje hímnico que relee de manera original los primeros capítulos del Génesis. La Palabra, al existir eternamente junto a Dios, tuvo parte preponderante en la obra de la creación. Sin embargo, con la caída del primer hombre irrumpió el pecado en el mundo, y lo creado, separado del Verbo, volvió a ser nada (el tohu-bohude Gn 1,3). Pero las tinieblas no pudieron detener la invasión de la luz, por ser ésta superior a ellas. Estos primeros versículos, teñidos de dualismo, probablemente representan el pensamiento de los medios bautistas y formarían un himno precristiano.

Los vv. 6-13 van dirigidos «contra» el Bautista. En efecto, después de la muerte de Jesús, la misión apostólica se encontró en su camino con algunos adeptos de Juan que seguían viendo en éste a «la Luz». Por eso nuestro texto insiste en que el profeta no fue más que un hombre enviado por Dios. Mientras él daba testimonio de la Luz, ésta venía al mundo. Pero ni el mundo ni los judíos la recibieron: así pues, el triunfo de la Luz se vio limitado por el libre albedrío del hombre y su negativa a abrirse a la gracia divina. Sin embargo, a los que reconocieron su luz, Cristo les dio el poder de pasar del campo de las tinieblas al de la Luz.

Con J. Schmitt, leemos este versículo de la siguiente manera: «Todo fue por él, pero, separado de él, lo creado volvió a ser nada».

Finalmente, en los w.14-18 ha desaparecido todo rastro de dualismo.

La Luz no es opuesta a la carne; al contrario, ha tomado carne, y esa encarnación es el momento decisivo de la historia de la salvación. En Jesús pudieron contemplar los hombres la gloria de Dios, y la mañana de Pascua puso de manifiesto la misericordia del Padre y su fidelidad a las promesas.

Esta tercera parte del prólogo vuelve a interpretar el tema del Verbo, esta vez en un sentido claramente cristológico. Así, la Palabra que procede de la boca del Padre no volvió a él sin haber producido su efecto. Como en los orígenes, tomó carne y realizó obra creadora; dio a un puñado de creyentes el poder hacerse hijos de Dios.

Como el maná no era el verdadero Pan de vida, tampoco la ley mosaica había podido dar a los hombres «la gracia y la verdad»; no era más que la sombra de la Palabra auténtica encarnada en Jesucristo. Los suyos no le recibieron. La pobreza de Dios se hace drama de Dios. Vino a los suyos y, al igual que todos, busca acogida y abrigo, comprensión y aliento. Dios viene a los suyos todos los días. Puerta cerrada a un Dios que no vive según nuestros reglamentos. Puerta cerrada a una Palabra que desconcierta nuestros pensamientos. ¡Navidad es también una fiesta de conversión! El Verbo se hace carne, y Dios sabe lo que le cuesta. Desde el pesebre hasta la cruz, el camino es uniforme.

Y no obstante… A los que creen en su nombre les da el poder de hacerse hijos de Dios. A los que creen en Jesús-Salvador, Dios de los pecadores, Dios de los perdidos, Dios de los humildes, Dios de ternura. Los que creen en su nombre… Los que perciben la luz en la obscuridad de la espesa noche, los que escuchan la Palabra en el silencio de una fe incesantemente zarandeada. ¡Pueblo de la Samaritana y del Ciego de nacimiento, grupo minúsculo de los pescadores de Galilea y de los últimos presentes al pie de la cruz!

¡Les dio el poder de hacerse hijos de Dios!

¡Nacieron de Dios! Venidos al mundo como vino Jesús, hijos e hijas de lo inesperado, de la pobreza, de la inseguridad. No tienen en este mundo otro apoyo que Dios, su amor y su Espíritu. Vienen al mundo en pleno viaje, y el tiempo les urge a proseguir el camino. Hijos frágiles, siempre llamados a renacer; hijos de un Dios al que nadie vio jamás. Pueblo de los sin nombre, de los apátridas, de los huérfanos según el mundo.

Hoy se va un año, según el mundo. Esta noche los hombres se desearán mutuamente un «feliz año» sin saber cómo será éste. Hijos de Dios, ¿seremos capaces de afrontar el futuro sin más equipaje que nuestra fe? En esto nos diferenciamos de todos los anticristos que querrían desviarnos hacia otros caminos que no son los de la Palabra cada día nueva. Sólo Cristo es el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Y no porque unos anticristos se llaman a sí mismos «hijos de Dios» vamos nosotros a seguirles por otro camino que no sea el de Dios-con-nosotros, Verbo hecho carne en la humildad de nuestra carne.

***

Tú eres siempre mayor que nuestros planes,

tus designios superan nuestras previsiones;

por medio del Espíritu engendras a tu Hijo,

y en ese mismo Espíritu renuevas nuestras vidas.

Ven, Señor, una vez más

y haznos renacer en tu Palabra;

ensancha nuestro corazón

y responde a nuestra esperanza

hoy y por los siglos de los siglos.

***

Los buenos deseos que hoy nos intercambiamos

confiémoslos a Aquel que puede satisfacerlos

por encima de nuestras expectativas.

Te confiamos, Señor, a quienes tienen responsabilidades:

que sean ellos los primeros

en dar testimonio de lo que viven.

Te confiamos a quienes pueden propiciar la paz:

que se comprometan decididamente

en el servicio a los seres humanos.

Te confiamos la felicidad de nuestros respectivos cónyuges,

el futuro de nuestros hijos,

la salud de nuestros enfermos,

la realización de nuestros proyectos:

que en todas las cosas busquemos lo mejor.

Acrecienta nuestra fe y fortalece nuestra esperanza

para que seamos hombres y mujeres

según tu Palabra

Marcel Bastin// DIOS CADA DÍA

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Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.