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2º Domingo del Tiempo Ordinario


Juan da testimonio de Jesús

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Después de las fiestas de Navidad y cuando ya la vida está totalmente normalizada, comenzamos hoy una larga serie de 33 domingos llamados “ordinarios”, que van desde la Epifanía al tiempo de Cuaresma y desde la fiesta del Corpus a la fiesta de Cristo Rey. Todas las lecturas nos invitan a reflexionar sobre los diversos aspectos de la vida cristiana, se nos presenta la vida de Jesús al compás de los tiempos fuertes. El domingo pasado veíamos toda esa manifestación y todo ese bautismo de Jesús; se nos presenta una figura especial: Juan, precursor fiel y testigo humilde de Jesús. Vamos a escuchar el texto de Juan 1,29-34 con toda atención y ver lo que sucedió allí:

Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

“Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo». Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel”.

Y Juan dio testimonio diciendo: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo». Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”. Jn 1,29-34

Querido amigo, hoy nos situamos ya en otro marco que no es la Navidad; es el marco del testimonio de un hombre que habla de Jesús. Nos remontamos al tiempo en que Mateo y Juan nos hablan de este tema, de esta entrada de Jesús para manifestar su Reino. Suponemos que Jesús habría estado el tiempo necesario de ayuno y ya se dirige otra vez a orillas del Jordán, donde Juan sigue bautizando.

Juan estaría con sus discípulos y en el momento que vio llegar a Jesús, con gran gozo y con gran expresión dio este testimonio. Sentiría que era Él y expresó con toda alegría y con énfasis: “¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!”. Aquí nos expresó cómo era Jesús: el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y sigue más: “Este es Aquel de quien yo dije: «Detrás de mí viene Uno porque es antes que yo». Yo no le conocía, pero vino a ser bautizado con agua”. Y Juan siguió diciendo: “Y vi que el Espíritu descendía en forma de paloma y se posó sobre Él”.

Querido amigo, ¿qué nos dice a ti y a mí este texto? En primer lugar, nos fijamos en la figura de Juan: un hombre humilde que proclama, que dice, que anuncia que Jesús es la luz y la salvación del mundo. Y dice una palabra clave: “He aquí el Cordero de Dios”. Esa figura buena, humilde, que se deja inmolar, que se deja hacer: este es Jesús, que viene para quitarnos el pecado. Y lo anuncia Juan, este hombre que está lleno del Espíritu Santo y necesita ser ese testigo fiel y agradecido; y así lo hace. Cuántas veces nosotros también tenemos que imitar esta figura, la figura de Juan, anunciar lo que hemos visto y oído. 

Y más adelante dice: “Y de esto que he visto doy testimonio”. Tú y yo nos podemos preguntar: de lo que vemos en nuestra vida, de lo que Jesús hace, de lo que Dios hace en nuestra vida, ¿damos testimonio?, ¿es así? ¿Qué podemos decir de nuestra experiencia de Él? ¿Experimentamos ese Dios que viene con luz, que purifica, que nos da paz, que nos da alegría? “¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!”. Y este es Jesús también, este es Jesús, el que viene a liberar, a sanar, a quitar todo el mal.

Hoy nos fijamos en estas dos figuras: un Jesús que ya quiere empezar su misión y lo hace a través de una persona humilde. Nosotros también tenemos que demostrar todo, tenemos que demostrar con valor el amor de Jesús y tenemos que ser esa persona buena, pacífica, que se entrega, que da luz a los demás.

Piensa un poquito en esta figura de Juan y piensa un poquito en Jesús. Jesús ha sido regalo, ha sido alegría, ha sido signo de la Navidad; ahora es luz, Salvador, que quita el pecado. Y nos alegramos y queremos ser como Él y le pedimos, como siempre, perdón por nuestras debilidades, porque no sabemos ser como Él: buenos, que perdonan. 

Hoy le vamos a pedir mucho a Jesús en este encuentro ser personas testigos, como Juan, fuertes, fieles, que ofrecen con valor y testimonian al Jesús que le ha hecho el regalo del amor en su vida. Vamos a pedirle que experimentemos el perdón, la paz, el gozo; vamos a pedirle que seamos fuertes en el envío; y que experimentemos también esa liberación que dice Jesús; y vamos a pedirle al Señor: “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros”. Como Juan, nos quedamos pensando en cuándo, cómo y dónde damos testimonio y qué testimonio damos, qué confesamos, qué expresamos, qué hacemos.

Le decimos a la Virgen que nos ayude mucho en este camino y que sepamos ser fieles y testigos humildes del Dios-amor que entra en nuestra vida. Con gozo y con alegría leemos despacito este texto y vemos cómo Juan al verlo —al ver a Jesús—, exclama: “Detrás de mí viene un Hombre que siempre está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Detrás de todo lo que hago estás Tú, Jesús. Madre mía, ayúdanos en este camino de liberación, de testimonio y de fuerza.  

¡Que así sea!

FRANCISCA SIERRA GÓMEZ 

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Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.