Publicado en AMOR, CORAZÓN, Cuaresma, DIOS, DOMINGO, ESPERANZA, EVANGELIO, PERDON, SANACION, TRISTEZA, VIDA

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor!!!

Y Jesús… lloró

Querido amigo:

Comenzamos la gran semana mayor, la llamada “Semana Santa”. En esta semana vamos a conmemorar los grandes sucesos de Jesús, todo lo que le sucedió antes de la muerte. Nos va a regalar la institución de la Eucaristía, del sacerdocio y vamos a ser protagonistas y espectadores de la muerte y resurrección de Jesús. Querido amigo, te invito hoy a entrar y vivir con cariño, con amor y con mucho silencio y oración la gran Semana Santa. Comenzamos así nuestro Domingo de Ramos. Quiero que conmigo me acompañes a seguir a Jesús en todos los pasos de esta semana.

Los textos del Evangelio nos narran la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén y nos narran también la Pasión, pero yo te invito a entrar, a seguir a Jesús, a acompañarle. Vamos, querido amigo, tú y yo, así: vemos cómo a Jesús llega ya su hora de la Pasión y prefiere una entrada triunfal en Jerusalén. No quiere una manifestación popular, quiere consumar ese sacrificio estando al lado de su pueblo y Él mismo organiza todos los detalles para esta entrada solemne, y le vemos que no entra como un general romano, no entra con el triunfo de un rey, sino viene cabalgando sobre un pacífico pollino.

Las grandes lecciones de Jesús hoy: humildad y mansedumbre. Ése es el Reino del amor de Jesús. Y no le acompañan grandes personalidades, su séquito son los pobres, los niños, los enfermos que ha curado, los pecadores que ha perdonado; éste es el cortejo de Jesús. Le vemos cómo sale de Betfagé, vemos cómo pasa por el monte de los Olivos y termina en el recinto del Templo. Le veo montado en este humilde animal y veo cómo muchos tienden mantos en el camino, cortan palmas, ramos de olivos, y otros le gritan “¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”. Éste es el cortejo triunfal de Jesús. Así va anunciando que muy prontito va a sufrir su Pasión.

Pero le veo en un contraste muy fuerte: le veo que, al contemplar toda la ciudad de Jerusalén, Jesús llora. Ese llanto de Jesús… “Y Jesús lloró”. Y cómo dice y explica por qué llora: “Si tú también conocieras el mensaje que te traigo de paz… Pero ahora está oculto a tus ojos, porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán, te cercarán, te estrellarán; y tus hijos también. No quedará piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de mi visita”. ¡Qué impresión! Yo pienso muchas veces en este texto… Si Jesús se acercara a mi vida —y se acerca— y si Jesús mirara mi historia, mi forma de actuar, ¿no rompería a llorar otra vez? ¿No lloraría y diría: “Si no has conocido mi paso, si no has conocido que soy el mensajero de tu paz y matas a todo el que te envío? ¿No te das cuenta de la ingratitud que estás teniendo con todo mi amor, con todo el amor que te doy”?

Querido amigo, estamos acompañando a Jesús con ramos de olivo, con palmas, y nuestra palma es el sacrificio, la lucha, la reciedumbre. Y vemos cómo Jesús nos dice que Él es el Rey de paz y de amor. Hoy es un día de mucha alegría, pero también de mucha pena. “¡Hosanna!”, le tenemos que gritar a Jesús; pero también pena: “Jesús lloró… Jesús lloró”. Ese eslogan, esa frase: “Dominus flevit” (y el Señor lloró). Y lloró cuando contempló la ciudad ingrata… Y también llorará cuando contemple mi propia vida.

Querido amigo, es una escena preciosa ver cómo Jesús entra, llega a Betfagé, cruza, coge, se monta en este pollino y cómo camina, ve a la gente… Pero también le duele que le griten así, cuando después le van a decir: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale! No lo queremos como Rey, que se vaya. ¡Muerte!”. Qué dolor para Jesús…

Te invito y me invito a entrar en esta gran semana —la semana del amor—, entrar tú y yo, y acompañar a Jesús. Viene en el nombre de su Padre para darme amor, viene humilde, viene… ¡Salgo a recibirte! Me doy cuenta de tu vida, me doy cuenta de quién eres Tú. ¡Qué encuentros tiene! ¿Llorará Jesús en mi vida? ¿Llorará? Entramos en el silencio del amor, de la contemplación y revivimos esta escena, pero la revivimos en nuestra propia historia y en nuestra propia vida y la revivimos para amarle, para quererle, para darnos cuenta de que Él es el Rey de paz, pero con las cualidades de la humildad, la mansedumbre y el amor.

No nos perdamos ningún momento porque en esta semana empiezan los grandes misterios del amor. ¿Vivirás profundamente esta Semana Santa? ¿Te darás cuenta de que Jesús es para ti el todo y que está en tu vida y te quiere llenar de amor? Éste es el Rey, ésta es la gran lección del amor. ¡Hosanna al Hijo de David! Pero… “Jesús lloró”.

Llenos de amor nos quedamos acompañando a Jesús y pidiéndole que no seamos como esos que gritan: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!”.

¡Hosanna al Hijo de David!

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

¡Hosanna al Hijo de David!

Que con esta escena de la entrada de Jesús en Jerusalén comencemos con amor, con atención, con silencio, la gran Semana Santa, la semana del amor.

 ¡Hosanna al Hijo de David!

Y Jesús lloró…

¡Que así sea, mi querido amigo!

FRANCISCA SIERRA GÓMEZ

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