Publicado en AMOR, Comunicación, CONFIANZA, CORAZÓN, Cuaresma, DIOS, DOMINGO, ESPERANZA, EVANGELIO, TERNURA, VIDA

Viernes Santo /NO HE PERDIDO NINGUNO DE LOS QUE ME HAS CONFIADO

Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?” Pilato replicó: “¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?” Jesús le contestó “mi  reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí”. Pilato le dijo: “Conque, ¿tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Pilato le dijo: “Y ¿qué es la verdad?”

Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús.

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que Tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego, dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: “Tengo sed”.

Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: “Está cumplido”. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Jn 18, 1-19, 42

Jesús sabe lo que va a ocurrirle y da un paso adelante para preguntarles a quién buscaban, sólo para ponerlos al nivel del suelo al identificarse a sí mismo como soy yo, tras la respuesta de que buscaban a «Jesús de Nazaret». Al repetir la fórmula de la revelación de sí mismo (soy yo), informa a sus adversarios de que sus planes sobre Jesús de Nazaret pueden llevarse a cabo si dejan marchar en libertad a los discípulos.

El narrador recuerda las palabras de la oración de Jesús: «No perdí a ninguno de los que me disté» Ni siquiera Judas, el traidor, es excluido de aquellos a los que debe dejarse en libertad. El hecho de que incluso en este contexto hostil no se haga ninguna excepción, «No perdí a ninguno», es un indicio de que este evangelio no emite un juicio final sobre el discípulo Judas. Por muy perversa que haya sido su acción, ahora se le integra en la protección del Padre cuyo magnificiente amor ha sido revelado por Jesús. Judas está «con» los adversarios De Jesús, pero no juega ningún papel activo en el prendimiento.

Jesús rogó por sus discípulos y por quienes han oído la palabra mediante el ministerio de éstos, para que fueran integrados en la unión de amor que existía desde el principio entre el Padre y el Hijo, «para que así el mundo crea que tú me has enviado y les has amado.

Oración

Amado Dios

Toma mi vida

y permíteme vivir serenamente este día.

Abre mi mente a pensamientos positivos.

Saca de mí todo mal sentir hacia los otros.

Haz posible que yo pueda sentir gozo, amor, compasión,

y permíteme sentirme vivo otra vez.

Ayúdame a aceptar las cosas como son,

a aguantar la lengua,

a cumplir con mis tareas diarias,

a dar libertad con amor.

Llévate mis preocupaciones por el futuro.

Que yo pueda darme cuenta de que en Tus manos todo se me provee,

que no tengo control sobre nada sino yo mismo,

que el presente es precioso y pasa muy pronto.

Ayúdame a recordar que

el odio y el dolor dirigidos a mí

son el odio y el dolor que siente la otra persona.

Gracias por aceptar mi carga y por hacerla más liviana.

Amen

 

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