Publicado en AMOR, CONFIANZA, CORAZÓN, EVANGELIO, LIBERTAD, VIDA, Vocacion

4 de Pascua -Para qué la libertad-


“Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10, 9-10)

La libertad del hombre no es pura indeterminación. Sin una orientación, sin un fin que alcanzar, la libertad no podría actuar inteligentemente. Pero, además, como el caminante que quiere llegar a una ciudad necesita de carteles indicadores y, al seguirlos, no pierde la libertad, sino todo lo contrario. El hombre necesita de unas normas para ser libre, y para seguir siéndolo.

El ejemplo supremo de la libertad humana lo tenemos en Jesús: Él no estaba atado ni por el poder, ni por el placer, ni por el dinero, ni por lo que dijera la gente; no estaba condicionado por nada. Tenía una total libertad de espíritu. Y toda su actuación estaba guiada por un norte claro: hacer la voluntad del Padre.

No podía ser de otra manera pues Él era el Hijo eterno del Padre, y lo propio del Hijo es ser igual al Padre, por lo que, en cuanto hombre, lo propio de Jesús era la obediencia al Padre.

El Espíritu Santo mostraba a Jesús esa voluntad y le guiaba. Y ese Espíritu está ahora en nuestra alma en gracia guiándonos. Obedecer a Dios no es perder la libertad, pues donde está el Espíritu de Cristo allí hay libertad (2 Co 3,17).

Es necesario entrar en el redil cuya única y necesaria puerta es Cristo. Pensar que fuera de su Iglesia –de su doctrina, de sus sacramentos, de sus mandatos– se logrará mayor libertad es equivocarse, como el hijo pródigo se equivocó al imaginar que sería más libre, más feliz, si se liberaba de las obligaciones de la casa paterna, y traspasaba los muros de la finca de su padre. El resultado fue la pérdida de la libertad –pues tuvo que servir a otro– y la esclavitud de sus pasiones.

Jesús, que no tenga la locura de liberarme de tus mandatos, de pretender ser libre a mi manera. Que no haya nada que me robe tu amistad; que tu amor me ate a la cruz, a tu yugo, a tu redil. Quiero obedecerte siempre, porque sé que, como Tú, seré verdaderamente libre, con la libertad de los hijos de Dios.

Jesús Martínez García

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Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.