Publicado en CORAZÓN

SOLEMNIDAD EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS!


 

La fiesta que hoy celebramos, con categoría de “solemnidad” y con lecturas diferentes para cada uno de los tres años del ciclo dominical, es relativamente reciente en el calendario.

Fue en el siglo XVII cuando se empezó a celebrar en Francia, con san Juan Eudes y santa Margarita María Alacoque como promotores principales.

Hasta entonces se puede decir que se celebraba en el conjunto del misterio pascual de Cristo. El amor de Dios y el de Cristo se nos manifiesta desde la Navidad hasta la Pascua y sobre todo en el Triduo Pascual de la muerte salvadora de Jesús. Pero se creyó conveniente dedicar un día a esta dimensión básica del misterio cristiano: el amor de Dios.

El corazón, que entre nosotros se ha convertido en símbolo de toda la persona -decimos de alguien que tiene un gran corazón, que es todo corazón-, en la Biblia se aplica a Dios y, luego, a Cristo, en el mismo sentido del amor y de la cercanía misericordiosa. Hoy celebramos “los beneficios de su amor por nosotros” (oración) y los “infinitos tesoros de caridad” que hay en el corazón de Cristo.

Deuteronomio 7,6-11: “El Señor se enamoró de vosotros y os eligió”

Moisés intenta convencer a su pueblo de que tienen que ser fieles a la Alianza que habían pactado con Dios. Su gran argumento es el amor que Dios les ha mostrado. Lo dice con palabras muy expresivas: “Dios se enamoró de vosotros y os eligió”, y es “el Dios fiel que mantiene su alianza”. Es el amor del novio o del esposo para con el pueblo de Israel, la novia. Hay que responder a ese amor con el nuestro, manteniéndonos fieles a esa alianza y cumpliendo sus exigencias.

En la fiesta de hoy, esta lectura centra nuestra atención en el amor que Dios nos tiene.

El salmo 102 es un magnífico himno a su misericordia: “El Señor es compasivo y misericordioso, la misericordia del Señor dura siempre”. Y nos invita a alegrarnos de ese amor y a bendecirle de corazón: “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios”.

Juan 4,7-16: “Él nos amó”. Esta carta de Juan -que leemos casi entera durante el tiempo de Navidad- tiene como tema fundamental el amor. La sucesión de afirmaciones tiene una lógica entrañable:

a) Dios nos ha amado el primero, b) lo ha demostrado, sobre todo, enviándonos a su Hijo para comunicarnos su vida, c) y nosotros, testigos de ese amor de Dios que se ha manifestado en Jesús, debemos amarnos los unos a los otros. Parecería que la conclusión debía ser “luego nosotros también le tenemos que amar a él”, pero la carta concreta nuestra respuesta en el amor fraterno.

Es lo que hoy celebramos: el amor que nos ha mostrado Dios en su Hijo, y que nos mueve a vivir también nosotros en el amor.

Mateo 11,25-30: “Soy manso y humilde de corazón”

Jesús nos hace caer en la cuenta de que Dios tiene predilección por las personas de corazón sencillo y humilde, las que no están llenas de sí mismas, sino que saben abrirse a él.

Y añade unas palabras que hoy recordamos de un modo especial: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que soy manso y humilde de corazón”. En el modo de actuar de Jesús, en su trato con los enfermos, los pobres y los que sufren, hemos podido reconocer el gran amor de Dios. “Yo os aliviaré”. En él encontraremos alivio y descanso. No porque su estilo de vida no sea exigente, sino porque nos comunica fuerza y ayuda para cargar con su yugo y seguir caminando con él.

Lo que celebramos hoy es el amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús.

El amor que nos tiene Dios ya desde el Antiguo Testamento, pero que se mostró más plenamente en la vida y la muerte de su Hijo, el que fue radicalmente “el-por-los-demás”. Es lo que nos ayudan a entender las lecturas de la misa, que resuenan también en los textos de la Liturgia de las Horas.

Si Moisés, Oseas y Ezequiel, en sus respectivas lecturas, pudieron argumentar ante el pueblo de Israel a partir del gran amor que Dios les había mostrado, pidiéndoles una respuesta más clara de fidelidad, nosotros, después del acontecimiento de Cristo, tenemos muchos más motivos para creer en ese amor y dejarnos envolver por él.

Jesús representó a su Padre, y a sí mismo, en la figura del buen pastor que cuida de todas las ovejas, especialmente de las descarriadas. Su amor se muestra en la alegría de la recuperación: “Cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; ¡felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido”

Si no somos exactamente ovejas descarriadas, seguro que sí entramos en el número de los que están cansados y agobiados, preocupados por mil problemas. Y Jesús nos dice: “Venid a mí, que soy manso y humilde de corazón”.

En la fiesta de hoy se nos invita a mirar hacia Dios y agradecer su amor misericordioso. A mirar hacia Cristo y ver la seriedad de su amor, que le llevó a entregarse en la cruz por nosotros. A mirar al Espíritu, el Amor de Dios que ha sido infundido en nuestros corazones. Y a vivir así envueltos en el amor del Dios Trino. Es la mejor clave para vivir nuestro camino con ánimos. El amor “trasciende toda filosofía” y nos da fuerzas para seguir adelante.

Esto, por una parte, nos da ánimos a nosotros. Y, por otra, nos estimula a ser transmisores de ese mismo amor a los demás en la catequesis, en la predicación, en el trato con los demás: si creemos en el amor de Dios, se tiene que notar que vivimos en esperanza y que presentamos a un Dios lleno de amor. La oración poscomunión nos invita a pedirle ambas cosas: “Enciende en nosotros el fuego de la caridad, que nos mueva a unirnos más a Cristo y a reconocerle presente en los hermanos”.

En cada Eucaristía comulgamos con ese Cristo que nos ofrece “su Cuerpo por vosotros” y “su Sangre derramada por vosotros”. Éste es por excelencia el sacramento del amor, el que nos hace presente y nos comunica la vida que emana de la Cruz salvadora de Jesús, el acontecimiento en el que se nos mostró con mayor intensidad el amor de Dios.

 

Autor:

Mi nombre es Maria Dilma. Con este Blog, quiero compartir mis experiencias. Me sirvo de LA PALABRA escrita, por medio de frases cortas y bien pensadas, que surgen del sentimiento más profundo de mi ser. Cada pensamiento será producto del momento y las circunstancias en las que se dan. Soy consciente de que todo mensaje responderá a quién y desde dónde se diga, y esto puede dañar, ensalzar, difamar, informar o desinformar a las personas. Sin embargo, quiero que junt@s "nos conozcamos a nosotros mismos, seamos lo que debemos ser". Aquí encontrarás temas Espirituales en la vida cotidiana y, sobre todo, temas psicológicos. Espero que sea de tu agrado y que Dios -PALABRA VIVIENTE- me ayude a llegar a ti por medio de mis reflexiones y a no perder de vista el fin propuesto. Seas BIENVENIDO/A.