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Novena de Preparación para la Solemnidad de Nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán

Quinto día: La alegría de Domingo

Esta alegría es subrayada tanto por el beato Jordán como por Sor Cecilia Cesarini: alegría de su mismo semblante, expresión, como dice el beato Jordán, de su mundo interior; y que subraya también sor Cecilia: “Y como el corazón alegre alegra el semblante, la benignidad del suyo trasparentaban la placidez y el equilibrio del hombre interior”. Y ciertamente no le faltaron a Domingo en la vida motivos para turbar esa alegría.

No se puede decir que su predicación hubiera sido plena de éxitos, ni que sus frailes y monjas no le dieran motivos de preocupación o que su Orden no fuera rechazada en diversos lugares. Incluso su sensibilidad le hacía reconocerse pecador y sufrir interiormente por su propio pecado. Por eso, ver que mantenía esa alegría tan manifiesta, tan reconocida y exaltada por quienes le conocieron, constituye una peculiaridad relevante de su carácter.

La alegría y la afabilidad en su trato, la proximidad de Domingo con la gente, sus capacidades de amistad con cuantas personas se acercaban a él… son el mejor testimonio de una personalidad madura y de la integración de los valores del amor humano en un proyecto de vida evangélico y apostólico. Domingo puede dar cauce a estas virtudes humanas precisamente porque ha conseguido liberar al amor humano de todas sus desviaciones. Puede vivir la amistad humana con pleno equilibrio y serenidad, este es el objetivo más inmediato de la opción por la castidad y el celibato: Que Dios sea el dueño absoluto de su corazón.

Sólo las penas del prójimo quebraban ese carácter risueño.

Hacer suyo el dolor del otro es algo que sobresale en las descripciones de sus contemporáneos. Deberíamos detenernos en la profunda sensibilidad de Domingo hacia el prójimo; sensibilidad que le llevaba a padecer con él y a alegrarse con él, a disfrutar de la presencia de los suyos: frailes, monjas y laicos.

Domingo lloró mucho, dicen sus biógrafos. Siempre en el silencio y en la soledad de la oración que sus frailes observaban en secreto con intención de imitarle. Las lágrimas, según muchos tratadistas de la mística, son un don de Dios que se encuentra en personas de alta sensibilidad espiritual. Cuando Domingo llora manifiesta efectivamente su sensibilidad exquisita a los motivos de sus lágrimas, los pecados de los demás y sus propios pecados. Y, en efecto, tener esa delicadeza interior de quien se duele de la falta de fidelidad propia y ajena al plan amoroso de Dios hacia los hombres, retrata un modo de ser. Nada humano le es extraño y menos aquello que degrada la condición humana, el pecado.

Oración Final

CONCÉDENOS, SEÑOR, CAMINAR SIEMPRE ALEGRES

EN LA ESPERANZA, COMO DOMINGO NUESTRO PADRE:

CONFIADOS EN LA PROVIDENCIA, DÓCILES AL ESPÍRITU,

CONSTANTES EN CONTEMPLAR, CONVINCENTES EN

PREDICAR, PRUDENTES AL ENSEÑAR, GENEROSOS EN

SERVIR, VALIENTES EN EMPRENDER; EN LA ALEGRÍA

AGRADECIDOS, EN EL DOLOR ESPERANZADOS, EN

EL CANSANCIO PERSEVERANTES, EN EL CONVIVIR

SINCEROS. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Fuente//Frailes de la Orden de Predicadores

PROVINCIA DE SAN LUIS BERTRÁN DE COLOMBIA

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